{"id":372,"date":"2020-06-12T12:13:12","date_gmt":"2020-06-12T11:13:12","guid":{"rendered":"https:\/\/mythslegendes.com\/?page_id=372"},"modified":"2020-06-12T12:13:12","modified_gmt":"2020-06-12T11:13:12","slug":"la-guerre-des-gaules-i","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/la-guerra-gala-i\/","title":{"rendered":"Las Guerras de las Galias I"},"content":{"rendered":"<div id=\"ez-toc-container\" class=\"ez-toc-v2_0_82_2 counter-hierarchy ez-toc-counter ez-toc-grey ez-toc-container-direction\">\n<div class=\"ez-toc-title-container\">\n<p class=\"ez-toc-title\" style=\"cursor:inherit\">Contenido<\/p>\n<span class=\"ez-toc-title-toggle\"><a href=\"#\" class=\"ez-toc-pull-right ez-toc-btn ez-toc-btn-xs ez-toc-btn-default ez-toc-toggle\" aria-label=\"Alternar tabla de contenidos\"><span class=\"ez-toc-js-icon-con\"><span class=\"\"><span class=\"eztoc-hide\" style=\"display:none;\">Palanca<\/span><span class=\"ez-toc-icon-toggle-span\"><svg style=\"fill: #999;color:#999\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" class=\"list-377408\" width=\"20px\" height=\"20px\" viewbox=\"0 0 24 24\" fill=\"none\"><path d=\"M6 6H4v2h2V6zm14 0H8v2h12V6zM4 11h2v2H4v-2zm16 0H8v2h12v-2zM4 16h2v2H4v-2zm16 0H8v2h12v-2z\" fill=\"currentColor\"><\/path><\/svg><svg style=\"fill: #999;color:#999\" class=\"arrow-unsorted-368013\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" width=\"10px\" height=\"10px\" viewbox=\"0 0 24 24\" version=\"1.2\" baseprofile=\"tiny\"><path d=\"M18.2 9.3l-6.2-6.3-6.2 6.3c-.2.2-.3.4-.3.7s.1.5.3.7c.2.2.4.3.7.3h11c.3 0 .5-.1.7-.3.2-.2.3-.5.3-.7s-.1-.5-.3-.7zM5.8 14.7l6.2 6.3 6.2-6.3c.2-.2.3-.5.3-.7s-.1-.5-.3-.7c-.2-.2-.4-.3-.7-.3h-11c-.3 0-.5.1-.7.3-.2.2-.3.5-.3.7s.1.5.3.7z\"\/><\/svg><\/span><\/span><\/span><\/a><\/span><\/div>\n<nav><ul class='ez-toc-list ez-toc-list-level-1' ><li class='ez-toc-page-1 ez-toc-heading-level-2'><a class=\"ez-toc-link ez-toc-heading-1\" href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/la-guerra-gala-i\/#LIVRE-PREMIER-58-av-J-C\" >LIBRO PRIMERO 58 a.C. J.-C.<\/a><\/li><\/ul><\/nav><\/div>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><span class=\"ez-toc-section\" id=\"LIVRE-PREMIER-58-av-J-C\"><\/span>LIBRO UNO<br>58 aC J.-C.<span class=\"ez-toc-section-end\"><\/span><\/h2>\n\n\n\n<p>1. El todo <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/\">Galia<\/a> se divide en tres partes: una est\u00e1 habitada por los belgas, la otra por los aquitanos, la tercera por las personas que, en su idioma, se llaman <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mythes-et-legendes-celtiques-20\/\">c\u00e9ltico<\/a>, y, en el nuestro, <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/\">g\u00e1lico<\/a>. Todos estos pueblos difieren entre s\u00ed en lengua, costumbres y leyes. Los galos est\u00e1n separados de Aquitania por el Garona, de los belgas por el Marne y el Sena. Los m\u00e1s valientes de estos tres pueblos son los belgas, porque son los m\u00e1s alejados de la provincia romana y de los refinamientos de su civilizaci\u00f3n, porque los mercaderes van all\u00ed muy raramente, y, en consecuencia, no introducen all\u00ed lo que es propio para suavizar la corazones, finalmente porque son los m\u00e1s cercanos a la <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mythes-et-legendes-germaniques-60\/\">alemanes<\/a> que viven en la otra orilla del Rin, y con los que est\u00e1n continuamente en guerra. C&#039;est pour la m\u00eame raison que les Helv\u00e8tes aussi surpassent en valeur guerri\u00e8re les autres Gaulois : des combats presque quotidiens les mettent aux prises avec les Germains, soit qu&#039;ils leur interdisent l&#039;acc\u00e8s de leur territoire, soit qu&#039;ils les attaquent en su casa. La parte de la Galia ocupada, como hemos dicho, por los galos comienza en el R\u00f3dano, est\u00e1 limitada por el Garona, el oc\u00e9ano y la frontera de B\u00e9lgica; tambi\u00e9n toca el Rin por el lado de los Sequans y los Helv\u00e9ticos; mira al norte. B\u00e9lgica comienza donde termina la Galia; va al curso bajo del Rin; mira al norte y al este. Aquitania se extiende desde el Garona hasta los Pirineos y la parte del oc\u00e9ano que ba\u00f1a Espa\u00f1a; mira al noroeste.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Orgetorix fue, con mucho, el hombre m\u00e1s noble y rico entre los helv\u00e9ticos. Bajo el consulado de Marcus Messala y Marcus Pison, seducido por el deseo de ser rey, form\u00f3 una conspiraci\u00f3n de la nobleza y persuadi\u00f3 a sus conciudadanos a abandonar su pa\u00eds con todos sus recursos: &quot;Nada fue m\u00e1s f\u00e1cil, ya que su valor los coloc\u00f3 por encima de todo lo dem\u00e1s, s\u00f3lo para convertirse en los amos de toda la Galia\u201d. Tuvo menos dificultad en convencerlos ya que los Helvetii, debido a las condiciones geogr\u00e1ficas, est\u00e1n rodeados por todos lados: por un lado por el Rin, cuyo curso muy ancho y muy profundo separa Helvetia de Germania, otro por el Jura, un alt\u00edsima cadena que se levanta entre los helv\u00e9ticos y los secuanos, y la tercera por el lago Lem\u00e1n y el R\u00f3dano, que separa nuestra provincia de su territorio. Esto restringi\u00f3 el campo de sus andanzas y les dificult\u00f3 llevar la guerra a sus vecinos: una situaci\u00f3n muy dolorosa para los hombres que ten\u00edan pasi\u00f3n por la guerra. Consideraban, adem\u00e1s, que la extensi\u00f3n de su territorio, que era de doscientas cuarenta millas de largo y ciento ochenta de ancho, no estaba en proporci\u00f3n con su n\u00famero, ni con su gloria militar y su reputaci\u00f3n de bravura.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Bajo la influencia de estas razones, y llevados por la autoridad de Orgetorix, decidieron preparar todo para su partida: comprar bestias de carga y carros tantos como fuera posible, sembrar toda la tierra cultivable, para no faltar ma\u00edz durante el viaje, asegurar s\u00f3lidamente relaciones de paz y amistad con los Estados vecinos. Para la realizaci\u00f3n de este plan, dos a\u00f1os, pensaban, ser\u00edan suficientes: una ley fij\u00f3 la partida en el tercer a\u00f1o. Orgetorix fue elegido para llevar a cabo la empresa: se hizo cargo personalmente de las embajadas. Durante su gira persuadi\u00f3 a Casticos, hijo de Catamantaloedis, Sequane, cuyo padre hab\u00eda sido rey durante mucho tiempo en su pa\u00eds y hab\u00eda recibido el t\u00edtulo de amigo del Senado romano, para que tomara el poder que antes hab\u00eda pertenecido a su padre; persuade tambi\u00e9n al H\u00e9duen Dumnorix, hermano de Diviciacos, que entonces ocupaba el primer rango en su pa\u00eds y era particularmente querido por el pueblo, para que intentara la misma empresa, y le da a su hija en matrimonio. Les demuestra que es bastante f\u00e1cil llevar a cabo estas empresas con \u00e9xito, por la raz\u00f3n de que \u00e9l mismo est\u00e1 a punto de obtener el poder supremo en su pa\u00eds: no puede haber duda de que todos los pueblos de la Galia el pueblo helv\u00e9tico no es el m\u00e1s poderoso; se asegur\u00f3 de darles poder poniendo sus recursos y su ej\u00e9rcito a su servicio. Este lenguaje los seduce; los tres hombres se unen por un juramento, y se jactan de que, habi\u00e9ndose convertido en reyes, el poder de sus tres pueblos, que son los m\u00e1s grandes y fuertes, les permitir\u00e1 apoderarse de toda la Galia.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Una denuncia inform\u00f3 a los helv\u00e9ticos de esta intriga. Seg\u00fan la costumbre del pa\u00eds, Orgetorix tuvo que defender su caso cargado de cadenas. Si era condenado, la pena que deb\u00eda sufrir era la prueba del fuego. En el d\u00eda fijado para su audiencia, Orgetorix trajo ante el tribunal a todo su pueblo, como diez mil hombres, que hab\u00eda reunido de todas partes, y tambi\u00e9n trajo a todos sus clientes y deudores, que eran en gran n\u00famero: gracias a su presencia. , pudo evitar tener que hablar. Esta conducta irrit\u00f3 a sus conciudadanos: quer\u00edan obtener satisfacci\u00f3n por la fuerza, y los magistrados reclutaron gran n\u00famero de hombres en el campo; mientras tanto, Orgetorix muri\u00f3 y no es sin sospechar -esta es la opini\u00f3n de los helvecios- que \u00e9l mismo puso fin a su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>5. Despu\u00e9s de su muerte, los helv\u00e9ticos, sin embargo, perseveraron en el plan que hab\u00edan elaborado para abandonar su pa\u00eds. Cuando se creen listos para esta empresa, prenden fuego a todos sus pueblos -eran una docena- a sus aldeas -unos cuatrocientos- ya las casas aisladas; todo el trigo que no deb\u00edan llevar, lo entregan a las llamas: as\u00ed, neg\u00e1ndose a s\u00ed mismos la esperanza de volver, estar\u00edan mejor preparados para afrontar todos los peligros que les esperaban; cada uno tuvo que llevar harina durante tres meses. Convencen a los Rauraques, a los Tulinges ya los Latobices, que eran sus vecinos, a que sigan el mismo proceder, que quemen sus pueblos y sus aldeas y se vayan con ellos; finalmente, los boyos, que al principio se establecieron m\u00e1s all\u00e1 del Rin, acababan de pasar a Noricum y sitiaron Noreia, se convirtieron en sus aliados y se unieron a ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>6. Hab\u00eda en total dos rutas que les permit\u00edan salir de su pa\u00eds. Uno atravesaba el territorio de los Sequanes: estrecho y dif\u00edcil, se apretujaba entre el Jura y el R\u00f3dano, y los carros apenas lo atravesaban uno a uno; adem\u00e1s, un monte muy alto se elevaba sobre \u00e9l, de modo que un pu\u00f1ado de hombres pod\u00eda f\u00e1cilmente impedirlo. El otro camino pasaba por nuestra provincia: era mucho m\u00e1s practicable y f\u00e1cil, porque el territorio de los helv\u00e9ticos y el de los alobroges, reci\u00e9n subyugados, est\u00e1n separados por el curso del R\u00f3dano, y este r\u00edo es vadeable en varios lugares. La \u00faltima ciudad de Allobroges y la m\u00e1s cercana a Helvetia es Ginebra. Un puente la une a este pa\u00eds. Los helv\u00e9ticos pensaron que obtendr\u00edan el paso libre de los alobroges, porque este pueblo no les parec\u00eda a\u00fan bien dispuesto hacia Roma; en caso de negativa, los coaccionar\u00edan por la fuerza. Una vez que se han completado todos los preparativos para la partida, se fija el d\u00eda en que todos deben reunirse a orillas del R\u00f3dano. Este d\u00eda era el 5 de las calendas de abril, bajo el consulado de Lucio Pis\u00f3n y Aulo Gabinio.<\/p>\n\n\n\n<p>7. C\u00e9sar, al saber que pretend\u00edan pasar por nuestra provincia, se apresura a salir de Roma, llega a la Galia Transalpina a marchas forzadas y llega ante Ginebra. Manda levantar en toda la provincia la mayor cantidad de soldados posible (hab\u00eda en toda la Galia Transalpina una legi\u00f3n) y hace cortar el puente de Ginebra. Cuando saben de su llegada, los helv\u00e9ticos le env\u00edan una embajada compuesta por los m\u00e1s grandes personajes del Estado, y que ten\u00eda a la cabeza a Namm\u00e9ios y Veruclo\u00e9tios; le iban a usar este lenguaje: \u201cLa intenci\u00f3n de los helv\u00e9ticos es pasar por la provincia sin causar ning\u00fan da\u00f1o, porque no tienen otro camino; le piden que autorice amablemente este paso. C\u00e9sar, recordando que los helv\u00e9ticos hab\u00edan matado al c\u00f3nsul L. Cassius, golpeado y hecho pasar su ej\u00e9rcito bajo el yugo, pens\u00f3 que no deb\u00eda consentirlo: consider\u00f3, adem\u00e1s, que los hombres cuya disposici\u00f3n mental era hostil, si eran permit\u00eda cruzar la provincia, no pod\u00eda hacerlo sin violencia ni da\u00f1os. Sin embargo, queriendo ganar tiempo hasta la concentraci\u00f3n de las tropas que hab\u00eda mandado levantar, respondi\u00f3 a los enviados que reservaba un tiempo para la reflexi\u00f3n: &quot;Si ten\u00edan un deseo de expresar, que volvieran a las ideas de Abril. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>8. Mientras tanto, emple\u00f3 la legi\u00f3n que ten\u00eda y los soldados que hab\u00edan venido de las provincias para construir, en una longitud de diecinueve millas, desde el lago de Ginebra, que desemboca en el R\u00f3dano, hasta el Jura, que forma el frontera entre S\u00e9quanes y Helvetii, un muro de diecis\u00e9is pies de alto y precedido por una zanja. Cumplida esta obra, reparte puestos, establece reductos, para poder prohibir mejor su paso si quieren intentarlo contra su voluntad. Cuando se fij\u00f3 el d\u00eda y regresaron los enviados, declar\u00f3 que las tradiciones de la pol\u00edtica romana y los precedentes no le permit\u00edan conceder el paso a nadie por la provincia; si quer\u00edan pasar por la fuerza, lo vieron dispuesto a oponerse. Los helv\u00e9ticos, despojados de sus esperanzas, intentaron, ya sea por medio de botes amarrados y balsas que construyeron en gran n\u00famero, o vadeando, en los lugares donde el R\u00f3dano ten\u00eda menos profundidad, forzar el paso del r\u00edo, a veces de d\u00eda, m\u00e1s a menudo de noche; pero chocaron con las obras de defensa, fueron repelidos por los ataques y tiros de nuestros soldados, y terminaron por desistir de su empresa.<\/p>\n\n\n\n<p>9. S\u00f3lo les quedaba un camino, el que cruzaba el territorio de los Sequani; no pod\u00edan, a causa de los desfiladeros, ocuparse de ellos sin el consentimiento de este pueblo. Incapaces de persuadirlo por s\u00ed mismos, env\u00edan una embajada al H\u00e9duen Dumnorix, para que a trav\u00e9s de su intercesi\u00f3n pueda obtener pasaje para ellos. Dumnorix, que era popular y generoso, ten\u00eda la mayor influencia entre los Sequane; era al mismo tiempo amigo de los helv\u00e9ticos, porque se hab\u00eda casado en su pa\u00eds, habi\u00e9ndose casado con la hija de Orgetorix; su deseo de reinar lo impulsaba a favorecer los cambios pol\u00edticos, y quer\u00eda anexionarse a tantas naciones como fuera posible prest\u00e1ndoles servicios. As\u00ed que toma cartas en el asunto: consigue de los s\u00e9quanes que dejen pasar a los helv\u00e9ticos por su territorio, y lleva a los dos pueblos a intercambiar rehenes, comprometi\u00e9ndose los s\u00e9quanes a no oponerse al paso de los helvecios, estos garantizando que su paso ser\u00e1 llevarse a cabo sin da\u00f1o ni violencia.<\/p>\n\n\n\n<p>10. Se informa a C\u00e9sar que los Helvecios se proponen ganar, por los territorios de los Sequani y de los Heduos, el de los Santons, que no est\u00e1 lejos de la ciudad de los Tolosates, que forma parte de la provincia romana. Se da cuenta de que si las cosas suceden as\u00ed, ser\u00e1 un gran peligro para la provincia tener, en la frontera de un pa\u00eds sin defensas naturales y muy rico en trigo, un pueblo belicoso, hostil a los romanos. Adem\u00e1s, confiando a su legado Tito Labieno el mando de la l\u00ednea fortificada que hab\u00eda establecido, lleg\u00f3 a Italia por largas etapas; levanta all\u00ed dos legiones, pone en campa\u00f1a a otras tres que estaban tomando sus cuarteles de invierno alrededor de Aquileia, y con sus cinco legiones se dirige a la Galia posterior, tomando la ruta m\u00e1s corta, a trav\u00e9s de los Alpes. All\u00ed, los Centrons, los Graioceles, los Caturiges, que hab\u00edan ocupado las posiciones dominantes, intentaron impedir el paso de su ej\u00e9rcito. Partiendo de Oc\u00e9lum, que es la \u00faltima ciudad de la Galia Citerior, llega en siete d\u00edas, despu\u00e9s de varios combates victoriosos, a las Voconces, en la Galia posterior; desde all\u00ed condujo sus tropas a Allobroges, y de Allobroges a S\u00e9gusiaves. Es la primera gente que encontramos fuera de la provincia m\u00e1s all\u00e1 del R\u00f3dano.<\/p>\n\n\n\n<p>11. Los helv\u00e9ticos ya hab\u00edan cruzado los desfiladeros y cruzado el pa\u00eds de los Sequani; hab\u00edan llegado a los heduos y estaban devastando sus tierras. Estos \u00faltimos, incapaces de defenderse o proteger sus bienes, enviaron una embajada a C\u00e9sar para pedirle ayuda: &quot;Siempre se hab\u00edan portado lo suficientemente bien con el pueblo romano como para no merecer que casi bajo la mirada de nuestro ej\u00e9rcito sus campos fueran arrasados, sus hijos llevados a la esclavitud, sus ciudades tomadas por asalto. Al mismo tiempo los Ambarres, pueblo amigo de los heduos y de la misma estirpe, informan a C\u00e9sar que su campo ha sido devastado y que tienen dificultades para defender sus ciudades de los ataques del enemigo. Finalmente, los al\u00f3broges que ten\u00edan aldeas y propiedades en la margen derecha del R\u00f3dano buscan refugio en C\u00e9sar y le explican que, excepto la tierra misma, no queda nada para ellos. Estos hechos deciden a C\u00e9sar que no esperar\u00e1 a que los helv\u00e9ticos lleguen a Saintonge despu\u00e9s de haber consumado la ruina de nuestros aliados.<\/p>\n\n\n\n<p>12. Hay un r\u00edo, el Sa\u00f4ne, que desemboca en el Rh\u00f4ne pasando por los territorios de los H\u00e9duens y los S\u00e9quanes; su curso es incre\u00edblemente lento, hasta el punto de que el ojo no puede juzgar la direcci\u00f3n de la corriente. Los helvecios estaban en proceso de cruzarlo usando balsas y botes ensamblados. Cuando C\u00e9sar supo por sus exploradores que las tres cuartas partes de sus tropas ya hab\u00edan cruzado el r\u00edo y que s\u00f3lo una cuarta parte del ej\u00e9rcito quedaba en la margen izquierda, abandon\u00f3 su campamento durante la tercera guardia con tres legiones y se uni\u00f3 a los que a\u00fan no lo hab\u00edan hecho. a\u00fan pasado. Estaban avergonzados con su equipaje y no esperaban un ataque. C\u00e9sar cort\u00f3 la mayor parte en pedazos; el resto busc\u00f3 seguridad en la huida y se escondi\u00f3 en los bosques cercanos. Estos hombres eran los del cant\u00f3n de Tigurins: todo el pueblo helv\u00e9tico est\u00e1 dividido, en efecto, en cuatro cantones. Estos Tigurinos, habiendo dejado su pa\u00eds solo en la \u00e9poca de nuestros padres, hab\u00edan matado al c\u00f3nsul L. Casio y hab\u00edan hecho pasar su ej\u00e9rcito bajo el yugo. As\u00ed, ya sea por casualidad o por designio de los dioses inmortales, la parte de la naci\u00f3n helv\u00e9tica que hab\u00eda infligido un gran desastre a los romanos fue la primera en ser castigada. En esta ocasi\u00f3n, C\u00e9sar veng\u00f3 no s\u00f3lo a su pa\u00eds, sino tambi\u00e9n a su familia: L. Pison, abuelo de su suegro L. Pison, y lugarteniente de Cassius, hab\u00eda sido asesinado por los Tigurins en la misma batalla en la que Cassius hab\u00eda perecido. .<\/p>\n\n\n\n<p>13. Despu\u00e9s de haber librado esta batalla, C\u00e9sar, para poder perseguir al resto del ej\u00e9rcito helv\u00e9tico, hizo echar un puente sobre el Saona y por este medio llev\u00f3 su ej\u00e9rcito a la otra orilla. Su s\u00fabito acercamiento sorprende a los helvecios, y se asustan al ver que un d\u00eda le bast\u00f3 para cruzar el r\u00edo, cuando ten\u00edan grandes dificultades para hacerlo en veinte. Le env\u00edan una embajada: el jefe era Divico, que hab\u00eda mandado a los helv\u00e9ticos en la guerra contra Casio. Le habl\u00f3 a C\u00e9sar en este idioma: \u201cSi el pueblo romano hiciera las paces con los helv\u00e9ticos, ir\u00edan a donde C\u00e9sar quisiera y se establecer\u00edan en el lugar de su elecci\u00f3n; pero si persiste en tratarlos como enemigos, no debe olvidar que los romanos hab\u00edan experimentado anteriormente algunos inconvenientes, y que un largo pasado consagr\u00f3 la virtud guerrera de los helvecios. Se hab\u00eda arrojado inesperadamente sobre las tropas de un cant\u00f3n, mientras que los que hab\u00edan cruzado el r\u00edo no pudieron ayudar a sus hermanos; por eso no debe presumir demasiado de su valor ni despreciar a sus adversarios. Hab\u00edan aprendido de sus antepasados a preferir a las empresas de astucia y enga\u00f1o la lucha abierta donde triunfa el m\u00e1s valiente. Que por tanto cuidara de los lugares donde se hab\u00edan detenido bien podr\u00eda tomar prestado un nuevo nombre de una derrota romana y la destrucci\u00f3n de su ej\u00e9rcito, o transmitir la memoria de ello. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>14. C\u00e9sar respondi\u00f3 en estos t\u00e9rminos: &quot;Dud\u00f3 tanto menos en tomar partido cuanto que los hechos recordados por los embajadores suizos estaban presentes en su memoria, y tanto m\u00e1s le cost\u00f3 sostener la idea de que el pueblo romano era menos responsable de lo sucedido. Si, en efecto, hubiera tenido conciencia de haber causado alg\u00fan da\u00f1o, no le habr\u00eda sido dif\u00edcil tomar sus precauciones; pero lo que le hab\u00eda enga\u00f1ado era que no ve\u00eda nada en su conducta que le diera motivos para temer, y que no cre\u00eda que deb\u00eda temer sin causa. Y suponiendo que consintiera en publicar la vieja afrenta, sus nuevos insultos, un intento de abrirse paso por la provincia a la que se les negaba el acceso, la violencia contra los eduos, los ambarres, los al\u00f3broges, \u00bfpodr\u00eda olvidarlos? En cuanto al orgullo insolente que les inspiraba su victoria, y su asombro por haber permanecido tanto tiempo impunes, la resoluci\u00f3n de C\u00e9sar se vio fortalecida por ella. Pues los dioses inmortales, para hacer sentir m\u00e1s duramente los reveses de la fortuna a los hombres cuyos cr\u00edmenes quieren castigar, gustan de concederles momentos de suerte y cierto per\u00edodo de impunidad. Tal es la situaci\u00f3n; sin embargo, si le dan rehenes como garant\u00eda de la ejecuci\u00f3n de sus promesas, y si los heduos reciben reparaci\u00f3n por los da\u00f1os que ellos y sus aliados han sufrido, si los al\u00f3broges tambi\u00e9n obtienen reparaci\u00f3n, \u00e9l est\u00e1 dispuesto a hacer las paces. Divico respondi\u00f3 que &#039;los helv\u00e9ticos heredaron un principio de sus antepasados: recibieron rehenes, no dieron ninguno; el pueblo romano pod\u00eda dar testimonio de ello. Con esta respuesta se fue.<\/p>\n\n\n\n<p>15. Al d\u00eda siguiente, los helv\u00e9ticos levantaron el campamento. C\u00e9sar hace lo mismo, y env\u00eda toda su caballer\u00eda, como cuatro mil hombres que hab\u00eda reclutado de toda la provincia y de los heduos y sus aliados; ella ten\u00eda que darse cuenta de la direcci\u00f3n tomada por el enemigo. Habiendo perseguido con demasiado ardor la retaguardia de los helv\u00e9ticos, se enfrenta a su caballer\u00eda en un terreno que no ha elegido y pierde algunos hombres. Este combate exalt\u00f3 el orgullo de nuestros adversarios, que con quinientos jinetes hab\u00edan repelido a tan numerosa caballer\u00eda: comenzaron a mostrarse m\u00e1s atrevidos, enfrent\u00e1ndose a veces y acos\u00e1ndonos con combates de retaguardia. C\u00e9sar retuvo a sus soldados y se content\u00f3 por el momento con impedir que el enemigo robara, saqueara y destruyera. As\u00ed marchamos casi quince d\u00edas, sin que entre la retaguardia enemiga y nuestra vanguardia pasaran nunca m\u00e1s de cinco o seis mil pasos.<\/p>\n\n\n\n<p>16. Sin embargo, C\u00e9sar exig\u00eda diariamente a los heduos el trigo que oficialmente le hab\u00edan prometido. Porque, a causa del fr\u00edo -la Galia, como antes dijimos, es un pa\u00eds del norte-, no s\u00f3lo estaban verdes las mieses, sino que tambi\u00e9n faltaba el forraje; en cuanto al trigo que hab\u00eda hecho transportar por agua por el Saona arriba, apenas pod\u00eda usarlo, porque los helvecios se hab\u00edan alejado del r\u00edo y no quer\u00eda perderlos de vista. Los heduos difer\u00edan su entrega d\u00eda a d\u00eda: &quot;Est\u00e1bamos recogiendo el grano&quot;, dijeron, &quot;estaban en camino, estaban llegando&quot;. Cuando C\u00e9sar vio que se estaba divirtiendo, y que se acercaba el d\u00eda en que ser\u00eda necesario distribuir sus raciones mensuales a los soldados, llam\u00f3 a los jefes heduos que estaban en gran n\u00famero en su campamento; entre ellos estaban Diviciaros y Liscos; este \u00faltimo era el magistrado supremo, a quien los heduos llaman vergobret; es nombrado por un a\u00f1o, y tiene derecho de vida y muerte sobre sus conciudadanos; C\u00e9sar se queja vivamente de que, en la impasibilidad de comprar trigo o procurarlo en el campo, cuando las circunstancias son tan cr\u00edticas, el enemigo tan cercano, no encuentra ayuda en ellos, y que, cuando era en gran medida para responder a sus oraciones que \u00e9l emprendi\u00f3 la guerra; m\u00e1s agudamente a\u00fan les reprocha haber traicionado su confianza.<\/p>\n\n\n\n<p>17. Estas palabras de C\u00e9sar deciden a Lisco a decir finalmente lo que hasta ahora hab\u00eda callado: \u201cHay cierto n\u00famero de personajes que tienen una influencia preponderante en el pueblo, y que, simples individuos, son m\u00e1s poderosos que los mismos magistrados. Estos son los que, con sus excitaciones criminales, desv\u00edan a la masa de heduos de traer el trigo que deben: les dicen que es mejor, si ya no pueden reclamar el primer rango en la Galia, obedecer a los galos antes que a los romanos; se declaran seguros de que, si los romanos triunfan sobre los helvecios, arrebatar\u00e1n la libertad a los heduos al mismo tiempo que al resto de la Galia. Estos son los mismos personajes que informan al enemigo de nuestros planes y lo que sucede en el ej\u00e9rcito; es impotente para contenerlos. M\u00e1s a\u00fan: si esper\u00f3 a verse obligado a hacerlo para revelarle a C\u00e9sar una situaci\u00f3n tan grave, fue porque se dio cuenta del peligro que corr\u00eda; por eso, mientras pudo, guard\u00f3 silencio. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>18. C\u00e9sar sinti\u00f3 que estas palabras de Lisco iban dirigidas a Dumnorix, hermano de Diviciaros; pero, no queriendo que se discutiera el asunto en presencia de varias personas, despide prontamente la asamblea, y se queda s\u00f3lo con Liscos. A solas, lo interroga sobre lo que hab\u00eda dicho en el consejo. \u00c9ste habla con m\u00e1s libertad y audacia. C\u00e9sar interroga en secreto a otros personajes; descubre que Liscos dijo la verdad. \u201cEra Dumnorix: el hombre era audaz, su liberalidad lo hab\u00eda ganado el favor de la gente y quer\u00eda una agitaci\u00f3n pol\u00edtica. Durante muchos a\u00f1os hab\u00eda tenido la hacienda de la aduana y todos los dem\u00e1s impuestos de los heduos a bajo precio, porque, cuando pujaba, nadie se atrev\u00eda a pujar contra \u00e9l. Esto le hab\u00eda permitido amasar, mientras enriquec\u00eda a su hogar, lo suficiente para proveer abundantemente a su generosidad; manten\u00eda regularmente, a sus expensas, una numerosa caballer\u00eda que le serv\u00eda de guardaespaldas, y su influencia no se limitaba a su pa\u00eds, sino que se extend\u00eda ampliamente por las naciones vecinas. Incluso, para desarrollar esta influencia, tuvo que casar a su madre, entre los bituriges, con un personaje de alta nobleza y gran poder; \u00e9l mismo se hab\u00eda casado con una helv\u00e9tica; su hermana por parte materna y parientes se hab\u00edan casado con \u00e9l en otras ciudades. Amaba y favorec\u00eda a los helv\u00e9ticos por esta uni\u00f3n; adem\u00e1s, alimentaba un odio personal contra C\u00e9sar y los romanos, porque su llegada hab\u00eda disminuido su poder y devuelto a su hermano Diviciacos el cr\u00e9dito y los honores de anta\u00f1o. Una desgracia romana elevar\u00eda sus esperanzas de convertirse en rey gracias a los helv\u00e9ticos; La dominaci\u00f3n romana le har\u00eda perder la esperanza no s\u00f3lo de reinar, sino incluso de conservar su cr\u00e9dito. La investigaci\u00f3n de C\u00e9sar le inform\u00f3 adem\u00e1s que, en el combate de caballer\u00eda desfavorable para nuestras armas que hab\u00eda tenido lugar unos d\u00edas antes, Dumnorix y sus jinetes hab\u00edan sido los primeros en retroceder (la caballer\u00eda auxiliar que los heduos hab\u00edan proporcionado a C\u00e9sar era, de hecho, comandado por Dumnorix); fue su huida lo que hab\u00eda aterrorizado al resto de las tropas.<\/p>\n\n\n\n<p>19. A las sospechas que esta inteligencia hizo maestra, se a\u00f1adieron certezas absolutas: hab\u00eda hecho pasar a los helv\u00e9ticos por el pa\u00eds de los Sequani; se hab\u00eda ocupado en cambiar rehenes entre los dos pueblos; en todo esto hab\u00eda obrado no s\u00f3lo sin orden de C\u00e9sar o de sus conciudadanos, sino tambi\u00e9n sin su conocimiento; fue denunciado por el primer magistrado de los heduos. C\u00e9sar pens\u00f3 que hab\u00eda raz\u00f3n suficiente para castigarlo \u00e9l mismo o para invitar a su ciudad a castigarlo. A estas razones s\u00f3lo se opon\u00eda una: hab\u00eda podido apreciar en Diviciacos, hermano del traidor, una devoci\u00f3n entera al pueblo romano, un apego muy grande a su persona, las m\u00e1s notables cualidades de fidelidad, rectitud, moderaci\u00f3n; y tem\u00eda asestarle un golpe cruel enviando a su hermano a la ejecuci\u00f3n. Tambi\u00e9n, antes de intentar nada, hizo llamar a Diviciacos, y, dejando de lado a sus int\u00e9rpretes ordinarios, recurri\u00f3, para conversar con \u00e9l, a Caius Val\u00e9rius Troucillus, un gran personaje de la Galia romana, que era su amigo y en quien ten\u00eda la plena confianza. Le recuerda lo que se ha dicho de Dumnorix en su presencia, en el consejo, y le informa de la informaci\u00f3n que ha obtenido en conversaciones privadas; le insta a que no se ofenda si decide \u00e9l mismo sobre el culpable tras informarse peri\u00f3dicamente o si invita a su ciudad a juzgarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>20. Diviciacos, todo llorando, rodea a C\u00e9sar en sus brazos y le conjura que no tome medidas demasiado severas contra su hermano. Sab\u00eda que les hab\u00edan dicho la verdad, y nadie la padec\u00eda m\u00e1s que \u00e9l: porque mientras gozaba en su tierra y en el resto de la Galia una influencia muy grande y que su hermano, por su corta edad, no la pose\u00eda. , lo hab\u00eda ayudado a levantarse; y la fortuna y el poder as\u00ed adquiridos, los utiliz\u00f3 no s\u00f3lo para debilitar su cr\u00e9dito, sino incluso para preparar su ruina. Sin embargo, era su hermano, y por otro lado la opini\u00f3n p\u00fablica no pod\u00eda dejarlo indiferente. Si C\u00e9sar lo trat\u00f3 con rigor cuando \u00e9l, Diviciacos, ocupaba tan alto rango en su amistad, nadie pensar\u00eda que hubiera sido contra su voluntad: y desde entonces todos los galos le ser\u00edan hostiles. Habl\u00f3 profusamente y derram\u00f3 l\u00e1grimas. C\u00e9sar le toma la mano, lo tranquiliza, le pide que ponga fin a sus s\u00faplicas; le declara que estima su amistad lo suficiente como para sacrificar a su deseo ya sus oraciones el mal hecho a los romanos y la indignaci\u00f3n que experimenta. Convoca a Dumnorix y, en presencia de su hermano, le dice de qu\u00e9 lo culpa; le expone lo que sabe, y los agravios de sus compatriotas; le advierte que debe evitar, en el futuro, toda sospecha; le perdona el pasado a favor de su hermano Diviciacos; le da guardas, para que sepa lo que hace y con quien conversa.<\/p>\n\n\n\n<p>21. El mismo d\u00eda, habiendo sabido por sus exploradores que el enemigo se hab\u00eda detenido al pie de una monta\u00f1a a ocho millas de su campamento, envi\u00f3 C\u00e9sar un reconocimiento para averiguar qu\u00e9 era esta monta\u00f1a y qu\u00e9 acceso ofrec\u00eda su circunferencia. Le dijeron que era de f\u00e1cil acceso. Ordena a Tito Labieno, legado propretor, que vaya, durante la tercera guardia, a ocupar la cima de la monta\u00f1a con dos legiones, siendo guiado por los que hab\u00edan reconocido el camino; \u00e9l le hace saber su plan. Por su parte, durante la cuarta guardia, march\u00f3 hacia el enemigo, por el mismo camino que \u00e9ste hab\u00eda tomado, y adelant\u00f3 toda su caballer\u00eda. La precedieron exploradores bajo las \u00f3rdenes de Publius Considius, que pasaba por un soldado muy experimentado y hab\u00eda servido en el ej\u00e9rcito de Lucius Sulla, luego en el de Marcus Crassus.<\/p>\n\n\n\n<p>22. Al despuntar el alba, estando Labieno en la cumbre del monte, estando \u00e9l mismo a no m\u00e1s de mil quinientos pasos del campo enemigo, y seg\u00fan supo m\u00e1s tarde por los prisioneros que no se le ve\u00eda acercarse ni a Labieno, Considio se precipit\u00f3 hacia \u00e9l a toda velocidad: &quot;La monta\u00f1a, dijo, que Labieno ten\u00eda \u00f3rdenes de ocupar, son los enemigos quienes la retienen: ha reconocido a los galos hasta sus armas y escudos. C\u00e9sar lleva a sus tropas de regreso a una colina cercana y las alinea. Hab\u00eda recomendado a Labieno que no entrara en combate hasta que hubiera visto a sus tropas cerca del campamento enemigo, porque quer\u00eda que el ataque se produjera simult\u00e1neamente por todos lados: as\u00ed que el legado, despu\u00e9s de tomar posici\u00f3n en la monta\u00f1a, esper\u00f3 -\u00e9l nuestro y se abstuvo de atacar. No fue hasta muy temprano en el d\u00eda que C\u00e9sar supo la verdad por sus exploradores: era su gente la que ocupaba la monta\u00f1a, los helv\u00e9ticos hab\u00edan levantado el campamento, Considio, aturdido por el miedo, le hab\u00eda dicho que hab\u00eda visto lo que no hab\u00eda visto. visto. Ese mismo d\u00eda C\u00e9sar sigui\u00f3 a los enemigos a la distancia acostumbrada y estableci\u00f3 su campamento a tres mil pasos de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>23. Al d\u00eda siguiente, como dos d\u00edas en total le separaban del tiempo en que ser\u00eda necesario repartir trigo a las tropas, y como por otra parte Bibracte, con mucho la ciudad m\u00e1s grande y rica de los heduos, no eran m\u00e1s de dieciocho millas, crey\u00f3 necesario hacerse cargo del avituallamiento, y dejando a los Helvecios, se dirigi\u00f3 a Bibracte. Esclavos de Lucius Emilius, decuri\u00f3n de la caballer\u00eda gala, huyen y aprenden la cosa al enemigo. \u00bfCre\u00edan los helv\u00e9ticos que los romanos romp\u00edan el contacto bajo la influencia del terror, pensamiento tanto m\u00e1s natural cuanto que el d\u00eda anterior, se\u00f1ores de las alturas, no hab\u00edamos atacado? \u00bfO se encargaron ellos mismos de cortar nuestros suministros? sin embargo, alterando sus planes y d\u00e1ndose la vuelta, comenzaron a seguir y hostigar nuestra retaguardia.<\/p>\n\n\n\n<p>24. Cuando not\u00f3 esta maniobra, C\u00e9sar procedi\u00f3 a traer sus tropas de regreso a una colina cercana y despleg\u00f3 su caballer\u00eda para soportar el choque del enemigo. A su lado, dispuso en orden de batalla en tres filas, a media altura, sus cuatro legiones de veteranos; sobre \u00e9l, en la cima, coloc\u00f3 las dos legiones que hab\u00eda levantado por \u00faltima vez en la Galia, y todas las tropas auxiliares; toda la colina qued\u00f3 as\u00ed cubierta de soldados; orden\u00f3 que al mismo tiempo se juntaran los sacos en un solo punto y que las tropas que ocupaban el puesto m\u00e1s alto trabajaran para fortificarlo. Los helv\u00e9ticos, que los segu\u00edan con todos sus carros, los reunieron en el mismo punto; y los combatientes, despu\u00e9s de haber hecho retroceder nuestra caballer\u00eda oponi\u00e9ndola con un frente muy compacto, formaron la falange y montaron el ataque de nuestra primera l\u00ednea.<\/p>\n\n\n\n<p>25. C\u00e9sar hizo quitar y ocultar primero su caballo, luego los de todos los oficiales, para que el peligro fuera igual para todos y nadie pudiera esperar huir; luego areng\u00f3 a sus tropas y entr\u00f3 en combate. Nuestros soldados, lanzando la jabalina arriba y abajo, consiguieron f\u00e1cilmente romper la falange de los enemigos. Cuando se disloc\u00f3, sacaron la espada y cargaron. Los galos sintieron una gran verg\u00fcenza por el hecho de que a menudo un solo disparo de jabalina hab\u00eda perforado y unido varios de sus escudos; como el hierro se hab\u00eda torcido, no pod\u00edan sacarlo, y, no teniendo el brazo izquierdo libre, se vieron obstaculizados en la lucha: tantos, despu\u00e9s de haber agitado el brazo durante mucho tiempo, prefirieron dejar caer los escudos y luchar en el abierto. Finalmente, exhaustos por sus heridas, comenzaron a retroceder y retroceder hacia una monta\u00f1a que estaba a una milla de distancia. La ocupaban, y los nuestros avanzaban para desalojarlos, cuando los boyos y los tulingios, que siendo como quince mil, cerraban la retaguardia y proteg\u00edan los \u00faltimos elementos de la columna, asaltaron de pronto nuestro flanco derecho y quer\u00edan envolvernos; Al ver esto, los helv\u00e9ticos que se hab\u00edan refugiado en la altura volvieron a ser agresivos y volvieron a entrar en combate. Los romanos hicieron una conversi\u00f3n y atacaron en dos frentes: la primera y la segunda l\u00ednea resistir\u00edan a los que hab\u00edan sido derrotados y obligados a retirarse, mientras que la tercera soportar\u00eda el impacto de las tropas frescas.<\/p>\n\n\n\n<p>26. Esta doble batalla fue larga y feroz. Cuando ya no les fue posible resistir nuestros embates, retrocedieron unos en las alturas, como la primera vez, otros cerca de sus equipajes y de sus carros. Durante toda esta acci\u00f3n, que dur\u00f3 desde la hora s\u00e9ptima del d\u00eda hasta la tarde, nadie pudo ver a un enemigo dar la espalda. Todav\u00eda pele\u00e1bamos alrededor del equipaje mucho antes de que en la noche los b\u00e1rbaros hubieran formado efectivamente una barricada de carros y, dominando los nuestros, los aplastaran con dardos cuando se acercaban; varios tambi\u00e9n arrojaron desde abajo, entre los carros y entre las ruedas, picas y jabalinas que hirieron a nuestros soldados. Despu\u00e9s de una larga lucha, nos hicimos due\u00f1os del equipaje y del campamento. La hija de Orgetorix y uno de sus hijos fueron hechos prisioneros. Escaparon como ciento treinta mil hombres, y durante aquella noche marcharon sin parar; al cuarto d\u00eda, sin haber parado ni un momento en la noche, llegaron a los Lingones; nuestras tropas no hab\u00edan podido seguirlos, habiendo estado tres d\u00edas detenidas atendiendo a los heridos y enterrando a los muertos. C\u00e9sar envi\u00f3 a los lingones una carta y mensajeros para invitarlos a no proporcionar a los helv\u00e9ticos suministros ni ayuda de ning\u00fan tipo; de lo contrario, los tratar\u00eda como ellos. Y \u00e9l mismo, despu\u00e9s de tres d\u00edas, comenz\u00f3 a seguirlos con todo su ej\u00e9rcito.<\/p>\n\n\n\n<p>27. Los helv\u00e9ticos, privados de todo, se vieron reducidos a enviarle diputados para tratar de su rendici\u00f3n. Estos lo encontraron mientras caminaba; se arrojaron a sus pies y, suplicantes, derramando l\u00e1grimas, le suplicaron la paz; orden\u00f3 a los helvecios que esperaran sin moverse su llegada: obedecieron. Cuando C\u00e9sar se hubo unido a ellos, exigi\u00f3 la entrega de los rehenes, la entrega de las armas y la de los esclavos que hab\u00edan huido a ellos. Al d\u00eda siguiente buscamos, juntamos lo que hay que entregar; sin embargo, seis mil hombres del pagus Verbigenus, bien porque tem\u00edan ser enviados a la ejecuci\u00f3n una vez entregadas las armas, bien porque ten\u00edan la esperanza de que su huida, mientras tantos hombres se somet\u00edan, pasar\u00eda desapercibida en ese momento. , o incluso pasar siempre desapercibido, abandon\u00f3 el campamento de los helvecios en las primeras horas de la noche y parti\u00f3 hacia el Rin y Alemania.<\/p>\n\n\n\n<p>28. Cuando C\u00e9sar se enter\u00f3 del asunto, orden\u00f3 a los pueblos por cuyos territorios hab\u00edan pasado que los buscaran y se los trajeran, si quer\u00edan ser justificados a sus ojos; fueron tra\u00eddos de vuelta y los trat\u00f3 como enemigos; todos los dem\u00e1s, una vez que hubieron entregado rehenes, armas y desertores, vieron aceptada su sumisi\u00f3n. Helv\u00e9ticos, Tulinges y Latobices recibieron la orden de regresar al pa\u00eds del que hab\u00edan salido; como hab\u00edan destruido todas sus cosechas y no les quedaba nada para comer, C\u00e9sar orden\u00f3 a los al\u00f3broges que les proporcionaran trigo; a ellos les orden\u00f3 que reconstruyeran las ciudades y aldeas que hab\u00edan incendiado. Lo que le dict\u00f3 especialmente estas medidas fue el deseo de no dejar desierto el pa\u00eds que los helvecios hab\u00edan abandonado, porque la buena calidad de la tierra le hac\u00eda temer que los alemanes que viven en la otra orilla del Rin abandonaran su pa\u00eds. se establecieron en la de los helv\u00e9ticos, y as\u00ed se convirtieron en vecinos de la provincia y de los al\u00f3broges. En cuanto a los boyos, pidieron los heduos, por ser conocidos como pueblo de particular bravura, que los instalaran en su casa; C\u00e9sar lo consinti\u00f3; les dieron tierras y posteriormente les permitieron disfrutar de los derechos y libertades que ellos mismos disfrutaban.<\/p>\n\n\n\n<p>29. En el campamento de los helv\u00e9ticos se encontraron tablillas escritas en caracteres <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mythes-et-legendes-grecques-1664\/\">griegos<\/a> ; fueron llevados a C\u00e9sar. Conten\u00edan la lista de nombres de emigrantes capaces de portar armas, y tambi\u00e9n una lista particular de ni\u00f1os, ancianos y ancianas. El total general fue de 263 000 helv\u00e9ticos, 36 000 tulinges, 14 000 latobices, 23 000 rauraques, 32 000 boyos; los que pod\u00edan portar armas eran como 92 000. En total, era una poblaci\u00f3n de 368 000 almas. Se contaron los que volvieron a casa, por orden de C\u00e9sar se hall\u00f3 la cifra de 110.000.<\/p>\n\n\n\n<p>30. Terminada la guerra contra los helv\u00e9ticos, vinieron diputados de casi toda la Galia, que eran los jefes de su ciudad, a felicitar a C\u00e9sar. Entend\u00edan, dec\u00edan, que si con esta guerra se hab\u00eda vengado de antiguos ultrajes de los helvecios contra el pueblo romano, sin embargo los hechos que acababan de ocurrir no eran menos ventajosos para el pa\u00eds galo que para Roma porque los helvecios, en plena prosperidad, hab\u00edan abandonado sus hogares s\u00f3lo con la intenci\u00f3n de hacer la guerra a toda la Galia, de apoderarse de ella, de elegir instalarse all\u00ed, entre tantas regiones, la que juzgaban m\u00e1s favorable y f\u00e9rtil, y hacer pagar tributo a las dem\u00e1s naciones . Expresaron su deseo de fijar un d\u00eda para una asamblea general de la Galia y tener el permiso de C\u00e9sar para esto: ten\u00edan ciertas cosas que pedirle despu\u00e9s de haber llegado a un acuerdo entre ellos. C\u00e9sar dio su asentimiento; fijaron el d\u00eda de la reuni\u00f3n, y cada uno se comprometi\u00f3 con juramento a no revelar a nadie lo que all\u00ed se dijera, sino por mandato formal de la asamblea.<\/p>\n\n\n\n<p>31. Cuando \u00e9ste fue separado, los mismos jefes de naciones que hab\u00edan hablado primero con C\u00e9sar volvieron a \u00e9l y le rogaron el favor de hablarle sin testigos y en un lugar secreto sobre una cuesti\u00f3n que se refer\u00eda a su salvaci\u00f3n y la de todos. pa\u00eds. C\u00e9sar lo consinti\u00f3; entonces todos se arrojaron a sus pies, llorando: &#039;Su deseo&#039;, dijeron, &#039;de que sus declaraciones no se hicieran p\u00fablicas era tan fuerte y tan ansioso como el de obtener lo que quer\u00edan; porque, si sus palabras fueran conocidas, sab\u00edan que estaban condenados a las peores torturas. Los heduos diviciacos hablaron en su nombre: \u201cToda la Galia estaba dividida en dos facciones: una estaba encabezada por los heduos, la otra por los arvernos. Durante muchos a\u00f1os hab\u00edan estado luchando amargamente por la hegemon\u00eda, y sucedi\u00f3 esto, que los arvernos y los secuanos hab\u00edan tomado alemanes a sueldo. Un primer grupo de unos quince mil hombres hab\u00eda cruzado primero el Rin; luego, tomando estos rudos b\u00e1rbaros gusto por la patria, por los placeres de su civilizaci\u00f3n, por sus riquezas, vino en mayor n\u00famero; ahora eran como ciento veinte mil. Los heduos y sus clientes se hab\u00edan medido m\u00e1s de una vez contra ellos; hab\u00edan sido derrotados, sufriendo un gran desastre, en el cual hab\u00edan perdido toda su nobleza, todo su senado, toda su caballer\u00eda. Agotados por estas batallas, abatidos por la desgracia, los que antes hab\u00edan sido, gracias a su valor y a los lazos de hospitalidad y amistad que los un\u00edan a los romanos, tan poderosos en la Galia, se hab\u00edan visto reducidos a dar como rehenes a los S\u00e9quanes. sus primeros ciudadanos, y jurar, en nombre de la ciudad, que no volver\u00edan a preguntar por ellos, que no implorar\u00edan la ayuda de Roma, que nunca buscar\u00edan escapar de la dominaci\u00f3n absoluta de los Sequanes. Era el \u00fanico de toda la naci\u00f3n hedua que no se hab\u00eda inclinado a prestar juramento y entregar a sus hijos como rehenes. Por esta raz\u00f3n tuvo que huir de su pa\u00eds, y fue a Roma a pedir ayuda al Senado, siendo el \u00fanico que no estaba obligado ni por juramento ni por rehenes. Pero los seconos hab\u00edan tenido m\u00e1s desgracia en su victoria que los heduos en su derrota, porque Ariovisto, rey de los germanos, se hab\u00eda establecido en su pa\u00eds y se hab\u00eda apoderado de la tercera parte de sus tierras, que son las mejores de toda la Galia. ; y ahora les mand\u00f3 evacuar otra tercera parte de ellos, por raz\u00f3n de que unos meses antes hab\u00edan venido a \u00e9l veinticuatro mil Harudes, y que era necesario hacerles sitio y establecerlos. Dentro de algunos a\u00f1os, todos los galos ser\u00edan expulsados de la Galia y todos los germanos cruzar\u00edan el Rin porque el suelo de la Galia y el de Germania no se pod\u00edan comparar, como tampoco la forma en que se viv\u00eda en uno y el otro. otro pa\u00eds. Y Ariovisto, desde que obtuvo una victoria sobre los ej\u00e9rcitos galos -la victoria de Adamagetobrige- se comport\u00f3 como un tirano orgulloso y cruel, exigiendo como rehenes a los hijos de las familias m\u00e1s grandes y los <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/bibliotecas-de-libros\/\">libro<\/a>, a poner ejemplos, a las peores torturas, si no se obedece a la primera se\u00f1al o si s\u00f3lo se frustra el propio deseo. Es un hombre tosco, irascible, caprichoso; es imposible sufrir su tiran\u00eda por m\u00e1s tiempo. A menos que encuentren la ayuda de C\u00e9sar y del pueblo romano, todos los galos se ver\u00e1n obligados a hacer lo que hicieron los helv\u00e9ticos, a emigrar, a buscar otros hogares, otras tierras, lejos de los germanos, para finalmente probar fortuna, sea la que sea. Si estas declaraciones son comunicadas a Ariovisto, no hay duda de que someter\u00e1 a la m\u00e1s cruel tortura a todos los rehenes que est\u00e1n en sus manos. Pero C\u00e9sar, por su prestigio personal y el de su ej\u00e9rcito, gracias a su reciente victoria, gracias al respeto que inspira el nombre romano, puede impedir que un mayor n\u00famero de germanos crucen el Rin, y proteger a toda la Galia contra la violencia de Ariwiste. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>32. Cuando Diviciacos hubo terminado este discurso, todos los asistentes comenzaron, con grandes l\u00e1grimas, a implorar la ayuda de C\u00e9sar. Este observ\u00f3 que solos entre todos, los Sequanes no hac\u00edan nada de lo que hac\u00edan los dem\u00e1s, sino que tristemente manten\u00edan la cabeza baja y los ojos fijos en el suelo. Sorprendido por esta actitud, les pregunt\u00f3 el motivo. No hubo respuesta: los Sequane permanecieron en silencio y a\u00fan abrumados. Insisti\u00f3 repetidamente, y no pudo sacarles una palabra; fue el heduo Diviciacos quien, hablando de nuevo, le respondi\u00f3. &quot;El destino de los Sequani tuvo esto de particularmente lamentable y cruel, que solo entre todos no se atrevieron, ni siquiera en secreto, a quejarse ni a pedir ayuda, y, en ausencia de Ariovisto, temieron su crueldad como si fuera all\u00ed los otros pueblos, en efecto, ten\u00edan a pesar de todo el recurso de huir, mientras que ellos, que hab\u00edan admitido a Ariovisto en su territorio y cuyas ciudades estaban en su poder, estaban condenados a todas las atrocidades. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>33. Al enterarse de estos hechos, C\u00e9sar tranquiliz\u00f3 a los galos y les prometi\u00f3 que se ocupar\u00eda de este asunto. &quot;Ten\u00eda, les dijo, gran esperanza de que por el recuerdo de sus beneficios y por su autoridad llevar\u00eda a Ariovisto a cesar su violencia. Habi\u00e9ndoles pronunciado este discurso, despidi\u00f3 a la asamblea. Adem\u00e1s de lo que acababa de escuchar, varias razones lo llevaron a pensar que deb\u00eda preocuparse por esta situaci\u00f3n e intervenir; lo principal fue que vio a los heduos, a quienes el Senado tantas veces hab\u00eda dado el nombre de hermanos, s\u00fabditos de los germanos, convertidos en sus s\u00fabditos, y que sab\u00eda que los rehenes heduos estaban en poder de Ariovisto y los secuanos que parec\u00edan para \u00e9l, cuando se pensaba en la omnipotencia de Roma, una gran verg\u00fcenza tanto para la Rep\u00fablica como para \u00e9l mismo. Tambi\u00e9n se dio cuenta de que era peligroso para el pueblo romano que los germanos se acostumbraran gradualmente a cruzar el Rin y entrar en grandes masas a la Galia; consideraba que estos hombres violentos e incultos no pod\u00edan dejar de pasar, despu\u00e9s de haber ocupado toda la Galia, a la provincia romana y, desde all\u00ed, marchar sobre Italia, como lo hab\u00edan hecho antes los cimbrios y los teutones: una empresa de lo m\u00e1s f\u00e1cil. los S\u00e9quanes s\u00f3lo estaban separados de nuestra provincia por el R\u00f3dano; era necesario, pens\u00f3, ocuparse de tales eventualidades lo antes posible. Finalmente, Ariovisto se hab\u00eda vuelto tan orgulloso, tan insolente, que lo consideraba intolerable.<\/p>\n\n\n\n<p>34. Por lo tanto, decidi\u00f3 enviarle una embajada que le pedir\u00eda que eligiera un lugar para una reuni\u00f3n a medio camino entre los dos ej\u00e9rcitos: uno y otro. Ariovisto respondi\u00f3 que \u201csi hubiera tenido algo que preguntarle a C\u00e9sar, habr\u00eda ido a \u00e9l; si C\u00e9sar quer\u00eda algo de \u00e9l, le correspond\u00eda a C\u00e9sar ir a verlo. Agreg\u00f3 que no se atrev\u00eda a ir sin un ej\u00e9rcito a la parte de la Galia que estaba en poder de C\u00e9sar, que, por otro lado, reunir un ej\u00e9rcito requer\u00eda grandes provisiones y costaba mucho trabajo. Adem\u00e1s, se preguntaba qu\u00e9 ten\u00eda que hacer C\u00e9sar, y los romanos en general, en una Galia que le pertenec\u00eda, que hab\u00eda conquistado.<\/p>\n\n\n\n<p>35. Cuando le dijeron esta respuesta del jefe <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mythes-et-legendes-germaniques-60\/\">alem\u00e1n<\/a>, C\u00e9sar le envi\u00f3 una segunda embajada encargada con el siguiente mensaje: \u201cHab\u00eda recibido de \u00e9l y del pueblo romano una gran bendici\u00f3n, habi\u00e9ndole sido concedido por el Senado, bajo el consulado de C\u00e9sar, los t\u00edtulos de rey y amigo; como su manera de expresar su gratitud al C\u00e9sar y a Roma era, cuando C\u00e9sar lo invitaba a una entrevista, recibir mal esta invitaci\u00f3n y negarse a intercambiar opiniones sobre los asuntos que eran comunes a ellos, le signific\u00f3 las siguientes exigencias : en primer lugar, que se abstenga en adelante de hacer cruzar el Rin a nuevas bandas para establecerlas en la Galia; en segundo lugar, que devolviera los rehenes que los heduos le hab\u00edan dado, y que los seconos devolvieran, con su expreso consentimiento, los que ten\u00edan; finalmente dejar\u00eda de perseguir con su violencia a los heduos y no les har\u00eda la guerra ni a ellos ni a sus aliados. Si tal fuera su conducta, C\u00e9sar y el pueblo romano continuar\u00edan brind\u00e1ndole su favor y su amistad; pero si sus demandas no eran recibidas, C\u00e9sar, firme en la decisi\u00f3n del Senado que bajo el consulado de Marcus Messala y Marcus Pis\u00f3n, hab\u00eda decretado que todo gobernador de la provincia de la Galia deber\u00eda, en cuanto al bien del Estado, para proteger a los heduos ya los dem\u00e1s amigos de Romel, C\u00e9sar no dejar\u00eda impunes los agravios que se les hac\u00edan. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>36. Ariovisto respondi\u00f3 que las leyes de la guerra requer\u00edan que los vencedores impusieran su autoridad sobre los vencidos como les pareciera conveniente. As\u00ed, estaba en las tradiciones de Roma dictar la ley a los vencidos, no seg\u00fan las \u00f3rdenes de un tercero, sino seg\u00fan la voluntad de uno. Puesto que, por su parte, se abstuvo de prescribir a los romanos el uso que deb\u00edan hacer de su derecho, no era justo que se viera obstaculizado por ellos en el ejercicio del suyo. Si los heduos fueron sus tributarios, fue porque hab\u00edan probado suerte en las armas, porque hab\u00edan dado batalla y hab\u00edan sido vencidos. C\u00e9sar le hizo un grave mal al provocar, con su llegada, una reducci\u00f3n de sus ingresos. No devolver\u00eda los rehenes a los heduos; no les har\u00eda una guerra injusta a ellos ni a sus aliados, pero ten\u00edan que observar las convenciones y pagar tributo todos los a\u00f1os; de lo contrario, de poco les servir\u00eda el t\u00edtulo de hermanos del pueblo romano. En cuanto al consejo que le dio C\u00e9sar de que no dejar\u00eda sin castigo los agravios hechos a los heduos, nadie se hab\u00eda medido todav\u00eda contra \u00e9l sino por su desgracia. Podr\u00eda, cuando quisiera, venir y atacarlo, se enterar\u00eda de que los alemanes que nunca hab\u00edan sido derrotados, que estaban muy entrenados en la guerra, que, en el espacio de catorce a\u00f1os, no hab\u00edan dormido bajo un techo, eran capaces de hacer . \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>37. Al mismo tiempo que se dio esta respuesta a C\u00e9sar, llegaron dos embajadas, una de los heduos, la otra de los tr\u00e9veros; el primero vino a quejarse de que los Harudes, que hab\u00edan pasado recientemente a la Galia, estaban asolando su territorio: &quot;Por mucho que hab\u00edan dado rehenes, eso no hab\u00eda podido traerles la paz de Ariovisto&quot;; en cuanto a los Treveri, hicieron saber que cien clanes de Sueves se hab\u00edan asentado en las orillas del Rin, y buscaban cruzar los r\u00edos; los mandaban Nasua y Cimb\u00e9rios, dos hermanos. C\u00e9sar, profundamente conmovido por esta noticia, consider\u00f3 que deb\u00eda ser diligente, para evitar que, habi\u00e9ndose unido la nueva tropa de los suevos con las viejas fuerzas de Ariovisto, no se le hiciera m\u00e1s dif\u00edcil la resistencia. As\u00ed que, habiendo recogido provisiones a toda prisa, march\u00f3 contra Ariovisto en grandes etapas.<\/p>\n\n\n\n<p>38. Despu\u00e9s de tres d\u00edas de marcha, se le inform\u00f3 que Ariovisto, con todas sus fuerzas, se dirig\u00eda hacia Besan\u00e7on, la ciudad m\u00e1s importante de los Sequani, para apoderarse de ella, y que estaba ya a tres d\u00edas de las fronteras de su reino. . C\u00e9sar pens\u00f3 que hab\u00eda que hacer todo lo posible para evitar que se tomara el lugar. De hecho, pose\u00eda en gran abundancia todo lo necesario para hacer la guerra; adem\u00e1s, su posici\u00f3n natural la hac\u00eda tan fuerte que ofrec\u00eda grandes facilidades para prolongar las hostilidades: el Doubs rodea casi todo el pueblo en un c\u00edrculo que parece dibujado con un comp\u00e1s; el espacio que el r\u00edo deja libre no mide m\u00e1s de mil seiscientos pies, y un alto monte lo cierra tan completamente que el r\u00edo ba\u00f1a su base por ambos lados. Una muralla que rodea esta monta\u00f1a la transforma en ciudadela y la une a la ciudad. C\u00e9sar marcha hacia este lugar a marchas forzadas d\u00eda y noche; la toma y pone all\u00ed una guarnici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>39. Mientras se deten\u00eda unos d\u00edas cerca de Besan\u00e7on para reabastecerse de trigo y otras provisiones, los soldados interrogaban, los nativos y los mercaderes charlaban: hablaban del inmenso tama\u00f1o de los alemanes, de su incre\u00edble valor militar, de su maravillosa formaci\u00f3n &quot; Muchas veces -dijeron los galos- nos medimos con ellos, y la sola apariencia de sus rostros, el solo brillo de sus ojos nos resultaba insoportable. Tales comentarios provocaron un p\u00e1nico repentino en todo el ej\u00e9rcito, y tan fuerte que una agitaci\u00f3n considerable se apoder\u00f3 de las mentes y los corazones. Comenz\u00f3 con los tribunos militares, los prefectos y aquellos que, habiendo dejado Roma con C\u00e9sar para cultivar su amistad, ten\u00edan poca experiencia en la guerra; bajo diversos pretextos que hicieron de tantas razones imperiosas para salir, pidieron permiso para salir del ej\u00e9rcito; un cierto n\u00famero, sin embargo, refrenado por el sentimiento del honor y queriendo evitar la sospecha de cobard\u00eda, permaneci\u00f3 en el campamento: pero no pudieron componer sus rostros, ni evitar, a veces, el llanto; se escondieron en sus tiendas, cada uno lament\u00e1ndose de su suerte o lament\u00e1ndose, en compa\u00f1\u00eda de sus allegados, del peligro que los amenazaba a todos. En todo el campamento solo estaban sellando testamentos. Las palabras, el miedo de esta gente fue sacudiendo poco a poco a los que ten\u00edan gran experiencia militar, soldados, centuriones, oficiales de caballer\u00eda. Los que de entre ellos quer\u00edan pasar por los m\u00e1s valientes dec\u00edan que no ten\u00edan miedo al enemigo, sino a los desfiladeros que hab\u00eda que atravesar y a los inmensos bosques que los separaban de Ariovisto, o bien dec\u00edan temer que no se pudieran abastecer. hacerlo en bastante buenas condiciones. Algunos hab\u00edan ido tan lejos como para hacerle saber a C\u00e9sar que cuando dio la orden de levantar el campamento y avanzar, los soldados no obedecieron y, bajo la influencia del miedo, se negaron a caminar.<\/p>\n\n\n\n<p>40. Al ver esto, C\u00e9sar convoc\u00f3 al consejo, y all\u00ed convoc\u00f3 a los centuriones de todas las cohortes; comenz\u00f3 por reprocharles con vehemencia que pretendieran saber ad\u00f3nde los llevaban, qu\u00e9 propon\u00edan y razonar sobre ello. \u201cAriovisto, bajo su consulado, hab\u00eda buscado con el mayor entusiasmo la amistad de los romanos; \u00bfQu\u00e9 raz\u00f3n para pensar que faltar\u00eda tan levemente a su deber? Por su parte, estaba convencido de que cuando el germano supiera lo que le ped\u00eda C\u00e9sar y viera lo justas que eran sus propuestas, no se negar\u00eda a vivir en buenos t\u00e9rminos con \u00e9l y con el pueblo romano. Y si, instigado por una furia loca, declaraba la guerra, \u00bfqu\u00e9 ten\u00edan que temer? \u00bfQu\u00e9 razones para desesperar de su propio valor o del celo vigilante de su l\u00edder? Ya conoc\u00edamos a este adversario en tiempo de nuestros padres, cuando Mario obtuvo una victoria sobre los cimbrios y los teutones que no fue menos gloriosa para sus soldados que para \u00e9l mismo; tambi\u00e9n lo hab\u00edamos conocido, m\u00e1s recientemente, en Italia, durante la rebeli\u00f3n de los esclavos, y aun \u00e9stos encontraron un aumento de fuerza en su experiencia militar y en su disciplina, cualidades que nos deb\u00edan. Su ejemplo permit\u00eda juzgar lo que se pod\u00eda esperar de la firmeza del alma, ya que hombres que hab\u00edan sido temidos por un momento sin causa cuando estaban desarmados, hab\u00edan sido golpeados despu\u00e9s cuando estaban bien armados y ten\u00edan victorias en su haber. Finalmente, estos alemanes son los mismos hombres con los que, en muchas ocasiones, se midieron los helv\u00e9ticos, y sobre los que casi siempre triunfaron, no s\u00f3lo en su propio territorio, sino en la misma Alemania, y sin embargo los helv\u00e9ticos no pudieron resistir contra nuestros tropas. . Si ciertas mentes estaban alarmadas por el fracaso y la derrota de los galos, no ten\u00edan m\u00e1s que reflexionar para descubrir las causas; en un momento en que los galos estaban cansados de la duraci\u00f3n de la guerra, Ariovisto, que durante largos meses se hab\u00eda confinado en su campamento, en medio de los pantanos, los hab\u00eda atacado repentinamente, cuando desesperaban de poder pelear alguna vez y los s estaban dispersos; su victoria se debi\u00f3 menos al valor de los alemanes que a las h\u00e1biles t\u00e1cticas de su l\u00edder. Pero una t\u00e1ctica que hab\u00eda sido buena para luchar contra hombres b\u00e1rbaros e inexpertos, el propio Ariovisto no esperaba que nuestros ej\u00e9rcitos pudieran caer en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Los que disfrazaban su cobard\u00eda con el pretexto de que estaban preocupados por la cuesti\u00f3n de las provisiones y las dificultades del camino, eran insolentes, porque parec\u00edan no tener confianza en su general o darle \u00f3rdenes. En estas cosas del trigo se ocup\u00f3, los Sequani, los Leuci, los Lingones lo proveyeron, y las mieses ya estaban maduras en los campos; el camino, pronto juzgar\u00edan por s\u00ed mismos. En cuanto a lo dicho, que no ser\u00eda obedecido y que la tropa se negar\u00eda a marchar, eso no le preocupaba lo m\u00e1s m\u00ednimo: sab\u00eda muy bien que todos los jefes bajo cuyas \u00f3rdenes su ej\u00e9rcito no hab\u00eda obedecido o sufrido fracasos y se hab\u00edan visto abandonados por la Fortuna, o hab\u00edan cometido alguna mala acci\u00f3n cuyo descubrimiento los hab\u00eda convencido de la deshonestidad. Pero \u00e9l, toda su vida atestigu\u00f3 su desinter\u00e9s, y la guerra helv\u00e9tica hab\u00eda demostrado claramente cu\u00e1l era su suerte. Adem\u00e1s, lo que originalmente ten\u00eda la intenci\u00f3n de hacer por un tiempo, lo har\u00eda de inmediato, y levantar\u00eda el campamento esa noche, durante la cuarta vigilia, porque quer\u00eda saber antes si estaban obedeciendo la voz del honor y el deber, o los consejos. de miedo. Si ahora nadie le sigue, marchar\u00e1 no obstante, seguido s\u00f3lo por la d\u00e9cima legi\u00f3n, de la que estaba seguro, y que le servir\u00eda de cohorte pretoriana. Esta legi\u00f3n era a la que C\u00e9sar hab\u00eda mostrado m\u00e1s afecto y cuyo valor le inspiraba m\u00e1s confianza.<\/p>\n\n\n\n<p>41. Este discurso produjo un maravilloso cambio en los \u00e1nimos; despert\u00f3 all\u00ed gran entusiasmo y la m\u00e1s viva impaciencia por luchar; primeramente vimos a la d\u00e9cima legi\u00f3n, por sus tribunos, dar gracias a C\u00e9sar por la excelente opini\u00f3n que ten\u00eda de ella y confirmarle que estaba muy lista para pelear. Entonces las otras legiones negociaron con sus tribunos y los centuriones de su primera cohorte para que C\u00e9sar los excusara: \u201cNunca hab\u00edan pensado que ten\u00edan que juzgar la conducci\u00f3n de las operaciones; era asunto de su general. C\u00e9sar acept\u00f3 sus explicaciones; Diviciacos, instruido para estudiar la ruta porque era la de los galos en quienes C\u00e9sar ten\u00eda m\u00e1s confianza, aconsej\u00f3 dar un rodeo de m\u00e1s de cincuenta millas, lo que permitir\u00eda andar en campo abierto; C\u00e9sar se fue durante la cuarta guardia, como hab\u00eda dicho. Despu\u00e9s de siete d\u00edas de marcha continua, sus exploradores le informaron que las tropas de Ariovisto estaban a veinticuatro millas de las nuestras.<\/p>\n\n\n\n<p>42. Al enterarse de la aproximaci\u00f3n de C\u00e9sar, Ariovisto le env\u00eda una embajada: \u00ab\u00c9l mismo no se opuso a que se realizara la entrevista previamente solicitada, ya que C\u00e9sar se hab\u00eda acercado; sinti\u00f3 que era seguro ir all\u00ed. C\u00e9sar no se neg\u00f3; crey\u00f3 que el Germain estaba entrando en raz\u00f3n, ya que \u00e9l mismo ofreci\u00f3 lo que antes hab\u00eda rechazado cuando se lo pidieron; y ten\u00eda muchas esperanzas de que, recordando los beneficios que hab\u00eda recibido de \u00e9l y del pueblo romano, cuando hubiera examinado sus condiciones, dejar\u00eda de ser intratable. La entrevista se fij\u00f3 para el quinto d\u00eda siguiente. Como, mientras tanto, los enviados iban y ven\u00edan a menudo de uno a otro, Ariovisto pidi\u00f3 a C\u00e9sar que no llevara tropas a pie a la entrevista: &quot;Ten\u00eda miedo&quot;, dijo, &quot;de que C\u00e9sar fuera atra\u00eddo a una emboscada; que cada uno venga con jinetes; \u00e9l s\u00f3lo vendr\u00eda con esta condici\u00f3n. C\u00e9sar, no queriendo que un pretexto fuera suficiente para suprimir la reuni\u00f3n, y no atrevi\u00e9ndose, por otra parte, a dejar que la caballer\u00eda gala velara por su vida, juzg\u00f3 que lo m\u00e1s pr\u00e1ctico era despedir a toda la caballer\u00eda gala. y dar sus monturas a los legionarios de la legi\u00f3n d\u00e9cima, en quienes ten\u00eda la mayor confianza, para tener, en caso de necesidad, una guardia lo m\u00e1s devota posible. As\u00ed lo hicieron; y un soldado de la D\u00e9cima Legi\u00f3n coment\u00f3 bastante en broma que &quot;C\u00e9sar hizo m\u00e1s de lo que hab\u00eda prometido: hab\u00eda prometido que los emplear\u00eda como guardaespaldas, y los hizo caballeros&quot;. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>43. En una gran llanura se elevaba un mont\u00edculo bastante alto: era casi equidistante del campamento de Ariovisto y del de C\u00e9sar. Fue all\u00ed donde, seg\u00fan su convenci\u00f3n, los dos jefes se reunieron. C\u00e9sar detuvo su legi\u00f3n montada a doscientos pasos del mont\u00edculo; La caballer\u00eda de Arioviste se detuvo a la misma distancia. El alem\u00e1n exigi\u00f3 que hablaran a caballo y que cada uno trajera diez hombres con \u00e9l. Cuando estuvieron en el lugar de la reuni\u00f3n, C\u00e9sar, en primer lugar, record\u00f3 sus beneficios y los del Senado, el t\u00edtulo de rey que esta asamblea le hab\u00eda dado, el de amigo, y los ricos presentes que le hab\u00edan sido prodigados; luego le explic\u00f3 que pocos pr\u00edncipes hab\u00edan obtenido estas distinciones, y que por lo com\u00fan s\u00f3lo se conced\u00edan por servicios eminentes; \u00e9l, que no ten\u00eda t\u00edtulos para reclamarlas ni motivos justos para solicitarlas, s\u00f3lo las hab\u00eda debido a la benevolencia y liberalidad de C\u00e9sar y del Senado. Tambi\u00e9n le dijo cu\u00e1n antiguas y leg\u00edtimas eran las razones de la amistad que un\u00eda a los heduos con los romanos, qu\u00e9 senatus consults se hab\u00edan hecho en su favor en muchas ocasiones y en los t\u00e9rminos m\u00e1s honorables; c\u00f3mo, desde tiempo inmemorial, la hegemon\u00eda de toda la Galia hab\u00eda pertenecido a los heduos, incluso antes de que buscaran su amistad. Era tradici\u00f3n de los romanos querer que sus aliados y sus amigos, no s\u00f3lo no sufrieran reducci\u00f3n alguna, sino que vieran realmente aumentado su cr\u00e9dito, su consideraci\u00f3n, su dignidad, que hab\u00edan tra\u00eddo consigo al hacerse amigos de Roma. , \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda soportar que se lo quitaran? Luego formul\u00f3 las mismas demandas con las que hab\u00eda encargado a sus enviados: no hacer la guerra ni a los heduos ni a sus aliados; devolver los rehenes; si no pod\u00eda enviar a casa a ninguno de sus alemanes, al menos no permitir que otros cruzaran el Rin.<\/p>\n\n\n\n<p>44. Ariovisto respondi\u00f3 poco a las demandas de C\u00e9sar, y se detuvo largamente en sus propios m\u00e9ritos. \u201cSi hab\u00eda cruzado el Rin, no fue espont\u00e1neamente, sino a petici\u00f3n urgente de los galos; hab\u00eda necesitado grandes esperanzas, la perspectiva de ricas compensaciones, para que \u00e9l abandonara su hogar ya sus parientes; las tierras que ocup\u00f3 en la Galia se las quit\u00f3 a los galos; los rehenes le hab\u00edan sido entregados gratuitamente por ellos; el tributo que cobraba en virtud de las leyes de la guerra era el que los vencedores sol\u00edan imponer a los vencidos. \u00c9l no hab\u00eda sido el agresor, pero fueron los galos quienes lo atacaron; todos los pueblos de la Galia hab\u00edan venido a atacarlo y hab\u00edan opuesto sus ej\u00e9rcitos al suyo; hab\u00eda derribado y derrotado a todas estas tropas en un solo combate. Si quer\u00edan intentar un segundo experimento, estaba listo para una nueva batalla; si quer\u00edan la paz, era injusto rechazar un tributo que hasta entonces hab\u00edan pagado voluntariamente. La amistad del pueblo romano deb\u00eda serles honorable y \u00fatil, y no desventajosa; con esta esperanza lo hab\u00eda pedido. Si, gracias al pueblo romano, sus tributarios quedan exentos del pago y sus s\u00fabditos sustra\u00eddos de sus leyes, renunciar\u00e1 a su amistad tan de buena gana como la busc\u00f3. \u00bfEnv\u00eda un gran n\u00famero de germanos a la Galia? No es para atacar a este pa\u00eds, sino para garantizar su propia seguridad: la prueba es que s\u00f3lo vino porque se lo pidieron, y que no hizo una guerra ofensiva, sino defensiva. Hab\u00eda llegado a la Galia antes que los romanos. Nunca hasta ahora un ej\u00e9rcito romano hab\u00eda cruzado las fronteras de la Provincia. \u00bfQu\u00e9 quer\u00eda C\u00e9sar de \u00e9l, para venir as\u00ed a sus tierras? Esta parte de la Galia era su provincia como la otra era nuestra. As\u00ed como no deb\u00edamos dejarlo hacerlo si invad\u00eda nuestro territorio, as\u00ed comet\u00edamos una injusticia al perturbarlo en el ejercicio de sus derechos. A los heduos, dijo C\u00e9sar, se les hab\u00eda dado el nombre de hermanos; pero no era lo bastante b\u00e1rbaro ni lo bastante ignorante para no saber que los heduos no hab\u00edan acudido en ayuda de los romanos en la \u00faltima guerra contra los al\u00f3broges, y que Roma, a su vez, no los hab\u00eda ayudado en el conflicto que acababan de tener consigo mismo y con los Sequani. Se vio obligado a sospechar que, bajo el pretexto de esta amistad, C\u00e9sar ten\u00eda un ej\u00e9rcito en la Galia s\u00f3lo para arrojarlo contra \u00e9l. Si C\u00e9sar no sale de este pa\u00eds, si no retira de \u00e9l sus tropas, lo considerar\u00e1, no como un amigo, sino como un enemigo. Y si lo mata, har\u00e1 algo agradable a muchos de los nobles y l\u00edderes pol\u00edticos de Roma: ellos mismos se lo hab\u00edan asegurado a trav\u00e9s de sus agentes; la benevolencia y amistad de todos estos personajes podr\u00eda adquirir a este precio. Pero si C\u00e9sar se fuera y le dejara la libre disposici\u00f3n de la Galia, le mostrar\u00eda magn\u00edficamente su gratitud, y todas las guerras que quisiera, se encargar\u00eda de hacerlas, sin que C\u00e9sar supiera las fatigas ni los peligros.<\/p>\n\n\n\n<p>45. C\u00e9sar le explic\u00f3 largamente por qu\u00e9 no pod\u00eda ignorar la pregunta: no que la Galia perteneciera m\u00e1s a Ariovisto que a los romanos. Los arvernos y los rutenos hab\u00edan sido derrotados por Quinto Fabio M\u00e1ximo; el pueblo romano los hab\u00eda perdonado, sin reducir su pa\u00eds a una provincia, sin siquiera imponerles tributo. Si hab\u00eda que tener en cuenta la anterioridad de la fecha, el poder de los romanos en la Galia era el m\u00e1s leg\u00edtimo; si era necesario observar la decisi\u00f3n del Senado, la Galia deb\u00eda ser libre, ya que hab\u00eda querido que, vencida por Roma, conservara sus leyes. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>46. Mientras se hac\u00edan estos parlamentos, se le dijo a C\u00e9sar que los jinetes de Ariovisto se acercaban al mont\u00edculo, empujando sus caballos hacia nuestra tropa, arroj\u00e1ndoles piedras y dardos. C\u00e9sar interrumpi\u00f3 la conversaci\u00f3n, se reuni\u00f3 con su gente y les orden\u00f3 que no respondieran a los alemanes, ni siquiera con un solo golpe. En efecto, aunque no arriesgaba nada al enfrentarse a una legi\u00f3n de \u00e9lite contra la caballer\u00eda, no quer\u00eda exponerse a que pudiera decirse, una vez derrotados los enemigos, que los hab\u00eda sorprendido por un rato abusando de la palabra dada. Cuando se supo en las filas del ej\u00e9rcito la arrogancia que Ariovisto hab\u00eda mostrado durante la entrevista, pretendiendo negar a los romanos toda la Galia, c\u00f3mo sus jinetes hab\u00edan atacado a los nuestros y c\u00f3mo este incidente hab\u00eda roto los parlamentos, la impaciencia de nuestros soldados aument\u00f3. aument\u00f3 y sintieron un mayor deseo de luchar.<\/p>\n\n\n\n<p>47. Al d\u00eda siguiente, Ariovisto env\u00eda a C\u00e9sar una embajada: \u201cQuer\u00eda reanudar la conversaci\u00f3n que hab\u00edan iniciado y que se hab\u00eda interrumpido; que C\u00e9sar fije el d\u00eda para una nueva entrevista, o, si eso no le agradara, que le env\u00ede uno de sus legados. C\u00e9sar no cre\u00eda tener motivos para ir a hablar con \u00e9l, sobre todo porque el d\u00eda anterior no hab\u00edamos podido evitar que los alemanes dispararan flechas contra nuestros soldados. Enviar a uno de los suyos, arrojarlo en manos de estos hombres b\u00e1rbaros, era correr un gran riesgo. Pens\u00f3 que lo mejor ser\u00eda enviar a Caius Valerius Procillus, hijo de Caius Valerius Caburus, un joven lleno de valor y muy culto, cuyo padre hab\u00eda recibido la ciudad romana de Caius Valerius Flaccus: era leal, hablaba el galo. , a quien una pr\u00e1ctica ya larga hab\u00eda hecho familiar a Ariovisto, finalmente los alemanes no ten\u00edan raz\u00f3n para atentar contra su persona; le a\u00f1adi\u00f3 a Marco Mecio, cuya hospitalidad lo un\u00eda a Ariovisto. Se les indic\u00f3 que escucharan lo que \u00e9l dir\u00eda y lo reportaran. Cuando Ariovisto los vio frente a \u00e9l, en su campamento, estall\u00f3 frente a todo el ej\u00e9rcito: \u201c\u00bfPor qu\u00e9 vinieron? \u00bfPara espiar, sin duda? Quer\u00edan hablar, los detuvo y los mand\u00f3 cargar con cadenas.<\/p>\n\n\n\n<p>48. El mismo d\u00eda march\u00f3 adelante y vino a establecerse a seis millas del campamento de C\u00e9sar, al pie de una monta\u00f1a. Al d\u00eda siguiente pas\u00f3 por delante del campamento de C\u00e9sar y fue a acampar dos millas m\u00e1s all\u00e1, con la idea de detener los convoyes de grano y otras provisiones que le enviar\u00edan los Sequani y los Heduos. Entonces, durante cinco d\u00edas seguidos, C\u00e9sar sac\u00f3 sus tropas frente al campamento y las mantuvo en l\u00ednea, para que si Ariovisto deseaba pelear, no le faltara la oportunidad. Pero Ariovisto, durante todos estos d\u00edas, mantuvo a su infanter\u00eda en campamento, librando, por otra parte, combates diarios de caballer\u00eda. El tipo de combate en el que fueron entrenados los alemanes fue el siguiente. Eran seis mil jinetes, y otros tantos de infanter\u00eda, los m\u00e1s \u00e1giles y valientes de todos, cada jinete hab\u00eda escogido a uno de entre toda la tropa, preocup\u00e1ndose de su seguridad personal, pues estos infantes eran sus compa\u00f1eros de combate. Fue sobre ellos que retrocedieron; se pon\u00edan en fila si la situaci\u00f3n se volv\u00eda cr\u00edtica; rodearon y protegieron al que, gravemente herido, hab\u00eda ca\u00eddo de su caballo; si era necesario avanzar alguna distancia o hacer una r\u00e1pida retirada, ten\u00edan, gracias a su entrenamiento, tal agilidad que, aferr\u00e1ndose a las crines de los caballos, los segu\u00edan a la carrera.<\/p>\n\n\n\n<p>49. Cuando C\u00e9sar vio que su adversario estaba encerrado en su campamento, no queriendo ser privado de provisiones por m\u00e1s tiempo, escogi\u00f3, m\u00e1s all\u00e1 de la posici\u00f3n que los Germanos hab\u00edan ocupado, a unos seiscientos pasos de ellos, un lugar adecuado para el establecimiento de un campamento, y condujo all\u00ed a su ej\u00e9rcito, marchando en orden de batalla en tres filas. Se orden\u00f3 a las dos primeras l\u00edneas que permanecieran bajo las armas, mientras que la tercera fortificar\u00eda el campamento. Esta posici\u00f3n estaba, como se ha dicho, a unos seiscientos pasos del enemigo. Ariovisto envi\u00f3 all\u00ed unos diecis\u00e9is mil hombres ligeros y toda su caballer\u00eda, con la misi\u00f3n de asustar a los nuestros y prevenir sus trabajos. No obstante, C\u00e9sar mantuvo los arreglos que hab\u00eda hecho: las dos primeras l\u00edneas eran para mantener a raya al enemigo y la tercera para completar su trabajo. Una vez fortificado el campamento, dej\u00f3 all\u00ed dos legiones y parte de las tropas auxiliares, y llev\u00f3 las otras cuatro legiones al campamento principal.<\/p>\n\n\n\n<p>50. Al d\u00eda siguiente, siguiendo su t\u00e1ctica habitual, C\u00e9sar hizo marchar sus tropas de ambos lados y aline\u00f3 su ej\u00e9rcito en l\u00ednea a cierta distancia frente a los grandes, ofreciendo combate al enemigo. Cuando vio que aun as\u00ed los alemanes no avanzaban, alrededor del mediod\u00eda condujo a sus tropas de regreso a sus campamentos. Ariovisto decidi\u00f3 entonces enviar parte de sus fuerzas para atacar el peque\u00f1o campamento. Luchamos ferozmente en ambos lados hasta la noche. Al atardecer, Ariovistus condujo a sus tropas de regreso a su campamento; las bajas hab\u00edan sido graves en ambos bandos. C\u00e9sar pregunt\u00f3 a los prisioneros por qu\u00e9 Ariovisto no libr\u00f3 una batalla general; supo que, seg\u00fan la costumbre de los germanos, sus mujeres deb\u00edan, consultando el g\u00e9nero y pronunciando or\u00e1culos, decir si era o no conveniente dar batalla; sin embargo, dijeron que los hados no permit\u00edan la victoria de los alemanes si entablaban el combate antes de la luna nueva.<\/p>\n\n\n\n<p>51. Al d\u00eda siguiente, C\u00e9sar, dejando para custodiar cada uno de los campamentos las fuerzas que le parec\u00edan suficientes, dispuso todas sus tropas auxiliares a la vista del enemigo frente al campamento peque\u00f1o; como sus legionarios eran num\u00e9ricamente inferiores a las tropas de Ariovisto, quiso enga\u00f1ar a su n\u00famero empleando a los auxiliares de esta manera. \u00c9l mismo, habiendo dispersado sus legiones en orden de batalla en tres filas, avanz\u00f3 hasta el campamento enemigo. Entonces los germanos, obligados y forzados, decidieron sacar sus tropas: las establecieron, alineadas por tribus, a intervalos iguales, Harudes, Marcomanni, Triboques, Vangions, Nemetes, Sedusians, Suevi; y, para negarse toda esperanza de huida, formaron una barrera continua a lo largo de toda la parte trasera del frente con los carros y carruajes. Hicieron subir a sus mujeres, las cuales, extendiendo sus manos abiertas y derramando l\u00e1grimas, rogaban a los que iban a la batalla que no los hicieran esclavos de los romanos.<\/p>\n\n\n\n<p>52. C\u00e9sar confi\u00f3 el mando particular de cada legi\u00f3n a cada uno de sus legados ya su cuestor, para que los soldados tuvieran en ellos testigos de su valor individual; \u00e9l mismo entr\u00f3 en combate por el ala derecha, porque hab\u00eda observado que la l\u00ednea enemiga era menos s\u00f3lida por ese lado. Nuestros soldados, a la se\u00f1al dada, se abalanzaron sobre el enemigo con tal vigor, que el enemigo, por su parte, se abalanz\u00f3 tan de repente y con tan r\u00e1pida carrera a su encuentro, que no les qued\u00f3 el espacio necesario para lanzar la jabalina. Abandonando esta arma, se enzarzaron en un combate cuerpo a cuerpo con la espada. Pero los germanos, seg\u00fan su t\u00e1ctica habitual, formaron r\u00e1pidamente la falange y as\u00ed recibieron el choque de las espadas. Hab\u00eda m\u00e1s de uno entre nosotros para lanzarse sobre el muro de escudos formado por cada falange, arrancarlos y golpear al enemigo de arriba abajo. Mientras que el ala izquierda de los alemanes se hab\u00eda derrumbado por completo, en la derecha nos abrumaron con n\u00fameros. El joven Publius Crassus, que comandaba la caballer\u00eda, al darse cuenta del peligro (era m\u00e1s capaz de seguir la acci\u00f3n que los que estaban en la refriega) envi\u00f3 las tropas de la tercera l\u00ednea en ayuda de los que estaban en peligro.<\/p>\n\n\n\n<p>53. Esta medida restablece la situaci\u00f3n; todos los enemigos huyeron y s\u00f3lo se detuvieron en el Rin, a unas cinco millas del lugar de la batalla. All\u00ed, un n\u00famero muy peque\u00f1o, confiando en su vigor, trat\u00f3 de cruzar el r\u00edo a nado, o bien descubri\u00f3 barcos a los que deb\u00edan su seguridad. Este fue el caso de Ariovisto, que encontr\u00f3 una barca amarrada a la orilla y pudo huir en ella; todos los dem\u00e1s se unieron a nuestra caballer\u00eda y fueron masacrados. Ariovisto tuvo dos mujeres: una Sueve, a quien hab\u00eda tra\u00eddo de Germania, la otra de N\u00f3rico, la hermana del rey Voccion, a quien \u00e9ste le hab\u00eda enviado y con quien se hab\u00eda casado en la Galia; ambos perecieron en la derrota. Tuvo dos hijas: una fue asesinada, la otra fue hecha prisionera. Layo Valero Procilo, a quien sus guardianes llevaron consigo en su huida cargado de triples cadenas, cay\u00f3 en manos del mismo C\u00e9sar, que persegu\u00eda al enemigo con su caballer\u00eda; Este incidente no le dio menos placer que la victoria misma, porque aquel a quien rescat\u00f3 de las manos del enemigo y as\u00ed lo encontr\u00f3, era el hombre m\u00e1s estimable de toda la provincia de la Galia, su amigo y hu\u00e9sped, y la Fortuna, al perdonarlo, hubiera querido que nada se le quitara a la alegr\u00eda de tal triunfo. Valerio relat\u00f3 que en tres ocasiones, ante sus ojos, se hab\u00edan consultado los lotes para decidir si deb\u00eda ser inmediatamente entregado a las llamas o reservado para otro momento; era a los hechizos a los que deb\u00eda su vida. Marcus Metius tambi\u00e9n fue encontrado y devuelto a C\u00e9sar.<\/p>\n\n\n\n<p>54. Cuando se supo la noticia de esta batalla al otro lado del Rin, los suevos, que hab\u00edan llegado a las orillas del r\u00edo, reanudaron su viaje a su pa\u00eds; pero los pueblos que viven cerca del Rin, al ver su p\u00e1nico, salieron en persecuci\u00f3n y mataron a un gran n\u00famero de ellos. C\u00e9sar hab\u00eda completado dos grandes guerras en un solo verano: condujo a sus tropas a los cuarteles de invierno con los Sequani un poco antes de que la estaci\u00f3n lo exigiera; confi\u00f3 su mando a Labieno y parti\u00f3 hacia la Galia Citerior para celebrar all\u00ed sus juicios.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LIBRO 158 a.C. AD 1. 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