{"id":379,"date":"2020-06-12T12:16:32","date_gmt":"2020-06-12T11:16:32","guid":{"rendered":"https:\/\/mythslegendes.com\/?page_id=379"},"modified":"2020-06-12T12:16:32","modified_gmt":"2020-06-12T11:16:32","slug":"la-guerre-des-gaules-iii","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/las-guerras-galas-iii\/","title":{"rendered":"Las guerras de las Galias III"},"content":{"rendered":"<div id=\"ez-toc-container\" class=\"ez-toc-v2_0_82_2 counter-hierarchy ez-toc-counter ez-toc-grey ez-toc-container-direction\">\n<div class=\"ez-toc-title-container\">\n<p class=\"ez-toc-title\" style=\"cursor:inherit\">Contenido<\/p>\n<span class=\"ez-toc-title-toggle\"><a href=\"#\" class=\"ez-toc-pull-right ez-toc-btn ez-toc-btn-xs ez-toc-btn-default ez-toc-toggle\" aria-label=\"Alternar tabla de contenidos\"><span class=\"ez-toc-js-icon-con\"><span class=\"\"><span class=\"eztoc-hide\" style=\"display:none;\">Palanca<\/span><span class=\"ez-toc-icon-toggle-span\"><svg style=\"fill: #999;color:#999\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" class=\"list-377408\" width=\"20px\" height=\"20px\" viewbox=\"0 0 24 24\" fill=\"none\"><path d=\"M6 6H4v2h2V6zm14 0H8v2h12V6zM4 11h2v2H4v-2zm16 0H8v2h12v-2zM4 16h2v2H4v-2zm16 0H8v2h12v-2z\" fill=\"currentColor\"><\/path><\/svg><svg style=\"fill: #999;color:#999\" class=\"arrow-unsorted-368013\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" width=\"10px\" height=\"10px\" viewbox=\"0 0 24 24\" version=\"1.2\" baseprofile=\"tiny\"><path d=\"M18.2 9.3l-6.2-6.3-6.2 6.3c-.2.2-.3.4-.3.7s.1.5.3.7c.2.2.4.3.7.3h11c.3 0 .5-.1.7-.3.2-.2.3-.5.3-.7s-.1-.5-.3-.7zM5.8 14.7l6.2 6.3 6.2-6.3c.2-.2.3-.5.3-.7s-.1-.5-.3-.7c-.2-.2-.4-.3-.7-.3h-11c-.3 0-.5.1-.7.3-.2.2-.3.5-.3.7s.1.5.3.7z\"\/><\/svg><\/span><\/span><\/span><\/a><\/span><\/div>\n<nav><ul class='ez-toc-list ez-toc-list-level-1' ><li class='ez-toc-page-1 ez-toc-heading-level-2'><a class=\"ez-toc-link ez-toc-heading-1\" href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/las-guerras-galas-iii\/#LIVRE-TROISIEME-57-56-av-J-C\" >LIBRO TERCERO 57-56 a.C. J.-C.<\/a><\/li><\/ul><\/nav><\/div>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><span class=\"ez-toc-section\" id=\"LIVRE-TROISIEME-57-56-av-J-C\"><\/span>LIBRO TERCERO<br>57-56 a.C. J.-C.<span class=\"ez-toc-section-end\"><\/span><\/h2>\n\n\n\n<p>1. Al partir para Italia, C\u00e9sar envi\u00f3 a Servio Galba con la legi\u00f3n 12 y parte de la caballer\u00eda a los Nantuates, V\u00e9ragres y S\u00e9dunes, cuyo territorio se extiende desde las fronteras de los Allobroges, el lago de Ginebra y el R\u00f3dano hasta los grandes Alpes. Lo que le impuls\u00f3 a hacerlo fue el deseo de abrir el camino de los Alpes al comercio, por donde los mercaderes hab\u00edan viajado hasta entonces s\u00f3lo a costa de grandes peligros y pagando fuertes peajes. Autoriz\u00f3 a Galba, si lo juzgaba necesario, a instalar la legi\u00f3n en estos lugares para pasar all\u00ed el invierno. Este, despu\u00e9s de haber dado varios combates con \u00e9xito y tomado gran n\u00famero de fortalezas, recibi\u00f3 de todos lados diputaciones, rehenes, hizo las paces y resolvi\u00f3 instalar dos cohortes entre los nantuates y establecerse para el invierno con las otras cohortes. de su legi\u00f3n, en un pueblo de Veragres que se dice Octoduros; este pueblo, situado en el fondo de un estrecho valle, est\u00e1 rodeado por todos lados por alt\u00edsimas monta\u00f1as, y como el r\u00edo lo part\u00eda en dos, Galba autoriz\u00f3 a los naturales a instalarse a pasar el invierno en una mitad del pueblo, mientras que la otra mitad , que hab\u00eda evacuado, fue entregado a sus cohortes. La fortific\u00f3 con una trinchera y un foso.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Hab\u00eda estado invernando all\u00ed durante mucho tiempo, y acababa de dar la orden de que trajeran trigo all\u00ed, cuando de repente sus exploradores le informaron que la parte del pueblo quedaba a la <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/\">g\u00e1lico<\/a> hab\u00eda sido completamente abandonada durante la noche y que una inmensa multitud de Sedunes y Veragres ocuparon las monta\u00f1as circundantes. Varias razones hab\u00edan provocado esta repentina decisi\u00f3n de los galos de reiniciar la guerra y caer inesperadamente sobre nuestra legi\u00f3n: primero esta legi\u00f3n, y que no estaba completa, porque hab\u00edamos distra\u00eddo de ella dos cohortes y un n\u00famero muy grande de individuos aislados que hab\u00edan sido enviados a buscar provisiones les parec\u00eda un pu\u00f1ado despreciable de hombres; entonces la ventaja de su posici\u00f3n les hizo creer que, cuando descendieran las laderas de sus monta\u00f1as y lanzaran una lluvia de flechas, este ataque ser\u00eda, desde el primer choque, irresistible. A estos c\u00e1lculos se sumaba el resentimiento de haber visto a sus hijos tomados como rehenes, y la convicci\u00f3n de que los romanos pretend\u00edan ocupar las cumbres de los Alpes, no s\u00f3lo para ser due\u00f1os de los caminos, sino para establecerse all\u00ed definitivamente y anexionarse. estas regiones a su provincia, con la que limitan.<\/p>\n\n\n\n<p>3. A estas noticias, Galba, que no hab\u00eda terminado del todo el campamento de invierno y sus defensas, y a\u00fan no hab\u00eda hecho una reserva suficiente de trigo y otras provisiones, porque hab\u00eda cre\u00eddo, Siendo los galos sumisos y habi\u00e9ndole dado rehenes, que no hab\u00eda que temer ning\u00fan acto de hostilidad, se apresuraron a reunir un consejo y recogieron sus opiniones. En este concilio, ante tan grande e inesperado peligro, viendo casi todas las alturas alineadas con una multitud de hombres armados, sin poder esperar socorro ni v\u00edveres, ya que los caminos estaban cortados, casi desesperados ya de su seguridad, varios formulaban el consejo de abandonar el equipaje y tratar de escapar de la muerte haciendo una salida por los mismos caminos que los hab\u00edan conducido all\u00ed. Sin embargo, el sentir de la mayor\u00eda era que hab\u00eda que reservarse este partido como un partido extremo y, mientras tanto, ver qu\u00e9 giro tomaban las cosas y defender el campo.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Poco tiempo despu\u00e9s - apenas hab\u00eda habido tiempo para poner en ejecuci\u00f3n las medidas decididas - los enemigos, de todos lados, a una se\u00f1al dada, bajaron corriendo y arrojaron piedras y jabalinas contra el atrincheramiento. Los nuestros, al principio, teniendo todas sus fuerzas, resistieron con valor, y como dominaron al asaltante, todas sus flechas dieron; cada vez que un punto del campamento, despojado de defensores, aparec\u00eda amenazado, la gente corr\u00eda al rescate; pero lo que constitu\u00eda su inferioridad era que, al prolongarse la lucha, los enemigos, si estaban cansados, abandonaban la lucha y eran reemplazados por tropas frescas; los nuestros, debido a su peque\u00f1o n\u00famero, no pod\u00edan hacer nada por el estilo; era imposible, no s\u00f3lo que el combatiente exhausto se retirara de la acci\u00f3n, sino que el herido incluso abandonara su puesto para recuperarse.<\/p>\n\n\n\n<p>5. Ya hab\u00eda habido m\u00e1s de seis horas de lucha implacable; los nuestros estaban al l\u00edmite de sus fuerzas, y tambi\u00e9n carec\u00edan de municiones; el enemigo redobl\u00f3 sus golpes y, debilitada nuestra resistencia, rompi\u00f3 la empalizada y rellen\u00f3 los fosos; la situaci\u00f3n era sumamente grave. Fue entonces cuando Publio Sextio B\u00e1culo, centuri\u00f3n primipio, que hab\u00eda sido, como hemos visto, cubierto de heridas durante la batalla contra los Nervios, y con \u00e9l Cayo Voluseno, tribuno militar, hombre lleno de sentido y coraje, vinieron corriendo a encuentra a Galba y mu\u00e9strale que solo hay una esperanza de salvaci\u00f3n, salir, probar esta suprema oportunidad. Convoca pues a los centuriones ya trav\u00e9s de ellos informa r\u00e1pidamente a los soldados que han de suspender la lucha por unos momentos, content\u00e1ndose con protegerse de los proyectiles que les ser\u00edan enviados, y reconstruir sus fuerzas; luego, a la se\u00f1al dada, saldr\u00e1n del campamento y ya no esperar\u00e1n su salvaci\u00f3n sino por su valor.<\/p>\n\n\n\n<p>6. Cumplen las \u00f3rdenes recibidas, y saliendo de golpe por todas las puertas, sorprenden al enemigo que no puede ni darse cuenta de lo que pasa ni reformarse. As\u00ed el combate cambia de cara, y los que ya se jactaban de tomar el campamento son cercados y masacrados de m\u00e1s de treinta mil hombres que se sab\u00eda que hab\u00edan ido al ataque, m\u00e1s de la tercera parte es muerto, los dem\u00e1s, asustados, son puesto en fuga, y ni siquiera se les permite detenerse en las alturas. Habiendo as\u00ed derrotado y desarmado a las fuerzas enemigas, nuestros soldados regresaron a su campamento, a salvo de sus trincheras. Despu\u00e9s de esta pelea, no queriendo volver a tentar a la fortuna, considerando adem\u00e1s que no era para eso que hab\u00eda venido a ocupar su cuartel de invierno y que se enfrentaba a circunstancias imprevistas, pero sobre todo muy preocupado ante la idea de quedarse sin comida, Galba mand\u00f3 incendiar todas las casas del pueblo al d\u00eda siguiente y retom\u00f3 el camino a la Provincia; sin que ning\u00fan enemigo detuviera o retrasara su marcha, condujo su legi\u00f3n sin p\u00e9rdidas a los Nantuates, y de all\u00ed a los Allobroges, donde pas\u00f3 el invierno.<\/p>\n\n\n\n<p>7. Despu\u00e9s de estos eventos, C\u00e9sar ten\u00eda todas las razones para creer que el <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/\">Galia<\/a> fue pacificado: los belgas hab\u00edan sido vencidos, el <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mythes-et-legendes-germaniques-60\/\">alemanes<\/a> expulsados, los Sedunes vencidos en los Alpes; hab\u00eda, en estas condiciones, partido despu\u00e9s del comienzo del invierno para Illyricum, de la que tambi\u00e9n quer\u00eda visitar los pueblos y conocer el territorio. De repente, estall\u00f3 la guerra en la Galia. La causa fue la siguiente. El joven Publio Craso, con la s\u00e9ptima legi\u00f3n, hab\u00eda establecido su cuartel de invierno entre los <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mythes-et-legendes-des-andes-2009\/\">Andes<\/a> : era \u00e9l quien estaba m\u00e1s cerca del oc\u00e9ano. El trigo faltante en esta regi\u00f3n, envi\u00f3 un buen n\u00famero de prefectos y tribunos militares a los pueblos vecinos para buscar trigo all\u00ed entre otros, Titus Terrasidius fue enviado a los Esuvii, Marcus Trebius Galius a los Coriosolites, Quintus V\u00e9lanius con Titus Sillius entre los Veneti .<\/p>\n\n\n\n<p>8. Este pueblo es con mucho el m\u00e1s poderoso de toda esta costa del mar: es el que posee el mayor n\u00famero de nav\u00edos, flota que comercia con los <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-bretona\/\">Breta\u00f1a<\/a> ; es superior a los dem\u00e1s por su ciencia y su experiencia de navegaci\u00f3n; en fin, como la mar es violenta y brama libremente en una costa donde no hay m\u00e1s que unos pocos puertos, de los cuales son due\u00f1os, casi todos los que habitualmente navegan en estas aguas son sus tributarios. El primero, retienen a Sillius y Velanius, pensando en usarlos para recuperar los rehenes que le hab\u00edan dado a Crassus.<\/p>\n\n\n\n<p>Su ejemplo involucra a los pueblos vecinos, porque las decisiones de los galos son repentinas e impulsivas y, obedeciendo al mismo motivo, retienen a Trebio y Terrasidio; las embajadas se env\u00edan prontamente, los jefes consultan juntos, juran no hacer nada sino de com\u00fan acuerdo y correr la misma oportunidad; insta a las dem\u00e1s ciudades a mantener la independencia que les han transmitido sus antepasados antes que someterse al yugo de los romanos. En su opini\u00f3n, se gana r\u00e1pidamente toda la costa y se env\u00eda una embajada conjunta a Publio Craso para invitarlo a devolver los rehenes si quiere que le devuelvan a los oficiales.<\/p>\n\n\n\n<p>9. C\u00e9sar, informado por Craso, ordena que mientras lo esperan -porque estaba lejos- se construyan barcos de guerra en el Loira, r\u00edo que desemboca en el oc\u00e9ano, que se levanten remeros en la provincia y se consigan marineros y pilotos. Esto fue provisto con prontitud, y \u00e9l mismo, tan pronto como la temporada se lo permiti\u00f3, se fue al ej\u00e9rcito. Los venecianos, lo mismo que los dem\u00e1s pueblos, cuando se enteraron de la llegada de C\u00e9sar, como tambi\u00e9n comprendieron la gravedad de su crimen, \u00bfno hab\u00edan detenido y encadenado embajadores, t\u00edtulo que todas las naciones han tenido siempre por sagrado e inviolable? \u2013 hacer preparativos para la guerra acordes con tan gran peligro, y principalmente proveer para el equipo de sus barcos; sus esperanzas eran tanto m\u00e1s fuertes cuanto que la naturaleza del pa\u00eds les inspiraba una gran confianza. Sab\u00edan que los caminos de tierra estaban cortados en marea alta por bah\u00edas, que la ignorancia de los lugares y la escasez de puertos nos dificultaban la navegaci\u00f3n, y pensaban que nuestros ej\u00e9rcitos, por falta de trigo, no pod\u00edan quedarse. mucho tiempo con ellos; Suponiendo, adem\u00e1s, que todo defraudaba sus expectativas, no ignoraban la superioridad de su armada, se dieron cuenta de que los romanos carec\u00edan de nav\u00edos, que en el pa\u00eds donde hab\u00edan de hacer la guerra, dispon\u00edan de caminos, puertos, islas. desconocido, finalmente que otra cosa era navegar en un mar cerrado o en el oc\u00e9ano inmenso e ilimitado. Tomadas sus resoluciones, fortificaron las ciudades, amontonaron all\u00ed la cosecha, se reunieron en Venecia, donde todos pensaban que C\u00e9sar abrir\u00eda las hostilidades, una flota lo m\u00e1s numerosa posible. Para esta guerra se aseguran la alianza de los Osisms, los Lexovii, los Namnetes, los Ambiliates, los Morins, los Diablintes, los Menapes; piden ayuda a Breta\u00f1a, que est\u00e1 situada frente a estos pa\u00edses.<\/p>\n\n\n\n<p>10. Acabamos de ver cu\u00e1les fueron las dificultades de esta guerra; y, sin embargo, varias razones empujaron a C\u00e9sar a emprenderla: caballeros romanos desafiando la ley, una revuelta despu\u00e9s de la sumisi\u00f3n, traici\u00f3n cuando los rehenes hab\u00edan sido entregados, tantas ciudades unidas, y sobre todo el temor de que si dejaba de castigar a estos pueblos, la otros no se cre\u00edan autorizados para actuar como ellos. Tambi\u00e9n, sabiendo que a los galos en general les gusta el cambio y son r\u00e1pidos para ir a la guerra, que adem\u00e1s todos los hombres naturalmente tienen en sus corazones el amor a la libertad y el odio a la servidumbre, pens\u00f3 que ten\u00eda que hacerlo, antes de que la coalici\u00f3n se hiciera m\u00e1s numerosa, dividir su ej\u00e9rcito y distribuirlo en un \u00e1rea m\u00e1s grande.<\/p>\n\n\n\n<p>11. En consecuencia, env\u00eda a su legado Titus Labienus con caballer\u00eda a los Treveri, un pueblo vecino del Rin. Le dio la misi\u00f3n de entrar en contacto con los Remi y los dem\u00e1s belgas y mantenerlos en servicio, de cerrar el paso a los alemanes, a quienes, se dec\u00eda, los galos hab\u00edan llamado en su ayuda, si intentaban forzar. el paso del r\u00edo con sus barcas. Publio Craso recibe la orden de partir hacia Aquitania con doce cohortes de legionarios y una importante caballer\u00eda, a fin de impedir que la gente de este pa\u00eds no env\u00ede ayuda a los galos y que dos naciones tan grandes no se unan. El legado Quintus Titurius Sabinus es enviado con tres legiones a los Unelles, los Coriosolites y los Lexovii, con la tarea de mantener a raya a sus tropas. Da al joven Decimus Brutus el mando de la flota y de los nav\u00edos galos que hab\u00eda hecho suministrar por los pictones y los santones y por las dem\u00e1s regiones pacificadas, con la orden de partir lo antes posible hacia los v\u00e9netos. \u00c9l mismo se dirige en esa direcci\u00f3n con la infanter\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>12. Los lugares de la regi\u00f3n estaban generalmente ubicados al final de lenguas de tierra y promontorios, de modo que no se pod\u00eda llegar a ellos a pie cuando la marea estaba alta, lo que ocurre regularmente cada doce horas, y que no eran m\u00e1s accesibles para los barcos. , porque, con la marea baja, habr\u00edan encallado en los bajos. Este era un doble obst\u00e1culo para los asientos. Y si alguna vez, gracias a enormes obras, al contener el mar con terraplenes y diques y al elevar estas obras a la altura de las murallas, los sitiados se cre\u00edan perdidos, empujaban a la orilla una numerosa flota, ten\u00edan barcos. en abundancia-, transportaron all\u00ed todos sus bienes y se retiraron a los pueblos vecinos, all\u00ed encontraron los mismos medios naturales de defensa. Esta maniobra se repiti\u00f3 durante gran parte del verano, tanto m\u00e1s f\u00e1cilmente cuanto que nuestros barcos fueron detenidos por el mal tiempo y porque en este mar vasto y abierto, sujeto a las altas mareas, donde hab\u00eda pocos o ning\u00fan puerto, la navegaci\u00f3n era sumamente dif\u00edcil. .<\/p>\n\n\n\n<p>13. El enemigo ten\u00eda naves que fueron construidas y armadas de la siguiente manera. Su casco era notablemente m\u00e1s plano que el nuestro, por lo que ten\u00edan menos que temer de los baj\u00edos y el reflujo; sus proas eran muy altas, y las popas igualmente, apropiadas a la altura de las olas y la violencia de las tempestades; todo el barco estaba hecho de roble, para resistir todos los golpes y golpes; los travesa\u00f1os ten\u00edan un pie de espesor y estaban sujetos con clavijas de hierro del tama\u00f1o de un pulgar; las anclas no estaban sujetas por cuerdas, sino por cadenas de hierro; en lugar de velos, pieles, cueros finos y flexibles, bien porque faltaba el lino y no sab\u00edamos su uso, bien, lo que es m\u00e1s probable, porque pens\u00e1bamos que los velos resistir\u00edan mal las tempestades tan violentas del oc\u00e9ano y sus vientos tan impetuoso, y ser\u00eda poco capaz de navegar en barcos tan pesados. Cuando nuestra flota se encontraba con tales nav\u00edos, no ten\u00eda otra ventaja que su velocidad y el golpe de los remos; todo lo dem\u00e1s estaba a favor de las naves enemigas, mejor adaptadas a la naturaleza de este mar y sus tempestades. De hecho, nuestras espuelas no pod\u00edan hacer nada contra ellos, eran tan s\u00f3lidas; la altura de su filo hac\u00eda que los proyectiles no les alcanzaran con facilidad, y que fuera dif\u00edcil arponearlos. A\u00f1\u00e1dase a esto que navegando a favor del viento, cuando se hac\u00eda violento, les era m\u00e1s f\u00e1cil soportar las borrascas, que pod\u00edan fondear en fondos bajos sin temer tanto a quedar varados, finalmente que, si el reflujo los dejaba, no ten\u00edan nada temer a las rocas y arrecifes; todas las cosas que constitu\u00edan un peligro formidable para nuestros barcos.<\/p>\n\n\n\n<p>14. Despu\u00e9s de haber tomado varios lugares, C\u00e9sar, viendo que se tomaba un trabajo innecesario para tomar sus ciudades del enemigo, que no le imped\u00eda esconderse, y que permanec\u00eda invulnerable, decidi\u00f3 esperar su flota. Cuando ella lleg\u00f3, apenas la hab\u00eda visto el enemigo, que como doscientas veinte naves, todas dispuestas y perfectamente pertrechadas, salieron de un puerto y vinieron a alinearse frente al nuestro. Ni Bruto, que comandaba la flota, ni los tribunos militares y los centuriones, que ten\u00edan cada uno un barco, ten\u00edan claro qu\u00e9 hacer, qu\u00e9 m\u00e9todo de combate adoptar. Se dieron cuenta, de hecho, que el est\u00edmulo era ineficaz; y si levant\u00e1bamos torres, las naves enemigas a\u00fan las dominaban gracias a la altura de sus popas, de modo que nuestros proyectiles, disparados desde abajo, llevaban mal, mientras que los de los galos ca\u00edan por el contrario con m\u00e1s fuerza. S\u00f3lo un dispositivo preparado por nosotros fue muy \u00fatil: guada\u00f1as muy afiladas provistas de largos palos, muy parecidas a las guada\u00f1as de asedio. Una vez que, con la ayuda de estos dispositivos, las cuerdas que un\u00edan las vergas al m\u00e1stil se hab\u00edan enganchado y tirado hacia uno mismo, se cortaban con la fuerza de los remos. Entonces las vergas cayeron inevitablemente, y los barcos galos, que s\u00f3lo pod\u00edan contar con las velas y los aparejos, vi\u00e9ndose privados de ellos, quedaron al mismo tiempo reducidos a la impotencia. El resto de la lucha fue s\u00f3lo una cuesti\u00f3n de valor, y en eso nuestros soldados f\u00e1cilmente ten\u00edan la ventaja, especialmente porque la batalla se desarrollaba bajo los ojos de C\u00e9sar y todo el ej\u00e9rcito, por lo que ninguna acci\u00f3n de valor pod\u00eda quedar desconocida. : el ej\u00e9rcito ocup\u00f3, en efecto, todos los cerros y todas las alturas desde donde se ve\u00eda de cerca el mar.<\/p>\n\n\n\n<p>15. Una vez derribadas sus vergas en la forma que hemos dicho, cada nav\u00edo fue rodeado por dos ya veces tres de los nuestros, y nuestros soldados montados con toda su fuerza para abordar. Cuando los b\u00e1rbaros vieron lo que suced\u00eda, como ya hab\u00edan tomado gran parte de sus naves, y no encontraron nada que se opusiera a esta t\u00e1ctica, buscaron su salvaci\u00f3n en la huida. Sus barcos ya estaban recogiendo el viento, cuando de repente cay\u00f3, y estaba tan tranquilo, tan tranquilo, que los barcos no se pod\u00edan mover. Esta circunstancia nos fue muy favorable para completar nuestra victoria, porque atacamos y tomamos las naves una tras otra, y era infinitesimal el n\u00famero de los que pudieron, gracias a la noche, llegar a la orilla, despu\u00e9s de un combate que hab\u00eda dur\u00f3 aproximadamente desde la cuarta hora del d\u00eda hasta la puesta del sol.<\/p>\n\n\n\n<p>16. Esta batalla puso fin a la guerra de los v\u00e9netos y de todos los pueblos de esta costa. Porque adem\u00e1s de que all\u00ed hab\u00edan venido todos los j\u00f3venes, y aun todos los que ya viejos eran de buen consejo u ocupaban cierto grado, hab\u00edan reunido en este solo punto todas las vasijas que ten\u00edan; perdidos estos barcos, los supervivientes no sab\u00edan d\u00f3nde refugiarse ni c\u00f3mo defender sus ciudades. As\u00ed que entregaron cuerpo y bienes a C\u00e9sar. Este resolvi\u00f3 castigarlos severamente para que en adelante los b\u00e1rbaros tuvieran m\u00e1s cuidado de respetar el derecho de los embajadores, por lo que hizo matar a todos los senadores y vendi\u00f3 el resto en subasta.<\/p>\n\n\n\n<p>17. Mientras se desarrollaban estos hechos entre los v\u00e9netos, lleg\u00f3 Quintus Titurius Sabinus, con las tropas que C\u00e9sar le hab\u00eda confiado, entre los Unelli. Estos estaban encabezados por Viridovix; tambi\u00e9n mand\u00f3 todas las ciudades rebeldes, de las cuales hab\u00eda sacado un ej\u00e9rcito, y muy numeroso; pocos d\u00edas despu\u00e9s de la llegada de Sabinus, los Aulerci Eburovices y Lexovii, habiendo masacrado su senado, que se opon\u00eda a la guerra, cerraron sus puertas y se unieron a Viridovix; adem\u00e1s, hab\u00eda venido una multitud considerable de todos los rincones de la Galia, gente sin confesi\u00f3n y malhechores a quienes la esperanza del bot\u00edn y el amor a la guerra apartaban de la agricultura y del trabajo diario. Sabinus, establecido en un campamento en todos los aspectos bien situado, se confin\u00f3 all\u00ed, mientras que Viridovix se hab\u00eda apostado frente a \u00e9l a una distancia de dos millas y cada d\u00eda, avanzando sus tropas, ofrec\u00eda combate: ya el enemigo comenzaba a despreciar a Sabinus, e incluso las palabras de nuestros soldados no le perdonaron; tanto daba a creer que ten\u00eda miedo, que el enemigo se atrev\u00eda a venir a nuestro parapeto. Su actitud estaba dictada por el pensamiento de que un legado no deb\u00eda dar batalla a tal multitud, especialmente en ausencia del general en jefe, a menos que tuviera la ventaja del terreno o alguna oportunidad favorable de su parte.<\/p>\n\n\n\n<p>18. Una vez establecida la opini\u00f3n de que ten\u00eda miedo, eligi\u00f3 a un hombre capaz y h\u00e1bil, un galo, que estaba entre sus auxiliares. Obtiene de \u00e9l, por grandes presentes y promesas, que pase al enemigo, y le explica lo que desea. Este \u00faltimo llega haci\u00e9ndose pasar por desertor, describe el susto de los romanos, dice en qu\u00e9 grave situaci\u00f3n pusieron los venecianos al mismo C\u00e9sar: a m\u00e1s tardar la noche siguiente, Sabino levantar\u00e1 el campamento en secreto para ir a rescatarlo. Ante esta noticia, todos exclamaron que no debemos dejar perder tan buena oportunidad, debemos marchar hacia el campamento. Varias razones llevaron a los galos a esta determinaci\u00f3n: las vacilaciones de Sabino durante los d\u00edas anteriores, las afirmaciones del desertor, la falta de alimentos, que no hab\u00edan tenido suficiente cuidado de proveerse, las esperanzas que les despert\u00f3 la guerra: de los venecianos, y finalmente la tendencia general de los hombres a creer lo que desean. Bajo la influencia de estas ideas, no permiten que Viridovix y los dem\u00e1s l\u00edderes abandonen la asamblea hasta que hayan obtenido la orden de tomar las armas y atacar el campamento. Gozosos con este consentimiento, como si ya tuvieran la victoria, amontonan fajas y ramas para llenar los fosos de los romanos, y marchan sobre el campamento.<\/p>\n\n\n\n<p>19. Esta estaba en una altura a la cual se llegaba por una suave cuesta como de mil pasos. Corrieron all\u00ed muy deprisa, para que los romanos tuvieran el menor tiempo posible para recomponerse y tomar las armas, y llegaron sin aliento. Sabinus, despu\u00e9s de arengar a sus tropas, dio la se\u00f1al que hab\u00edan estado esperando con impaciencia. El enemigo estaba avergonzado por las cargas con las que estaba cargado: Sabinus orden\u00f3 una salida repentina a trav\u00e9s de dos puertas. La ventaja del terreno, la inexperiencia y el cansancio del enemigo, el coraje de nuestros soldados y el adiestramiento que hab\u00edan adquirido en las batallas anteriores, todo esto hizo que al primer choque los enemigos cediesen y tomaran la fuga. Entorpecidos en sus movimientos, perseguidos por los nuestros cuyas fuerzas estaban intactas, perdieron muchos hombres; los que quedaron fueron hostigados por la caballer\u00eda, que solo permiti\u00f3 escapar a un peque\u00f1o n\u00famero. Sabino se enter\u00f3 de la batalla naval al mismo tiempo que C\u00e9sar fue informado de su victoria, y todas las ciudades se apresuraron a someterse a \u00e9l. Por mucho que los galos sean entusiastas y r\u00e1pidos para tomar las armas, les falta firmeza y resistencia para soportar los reveses.<\/p>\n\n\n\n<p>20. Casi al mismo tiempo, Publio Craso hab\u00eda llegado a Aquitania; esta regi\u00f3n, como dijimos m\u00e1s arriba, se puede estimar, por su extensi\u00f3n y su poblaci\u00f3n, en el tercio de la Galia. Al ver que ten\u00eda que hacer la guerra en pa\u00edses donde pocos a\u00f1os antes Lucio Valerio Preconino, legado, hab\u00eda sido derrotado y muerto, y de donde Lucio Manlio, proc\u00f3nsul, hab\u00eda tenido que huir dejando atr\u00e1s su equipaje, comprendi\u00f3 que tendr\u00eda que tenga especial cuidado. Por lo tanto, se aprovision\u00f3 de trigo, reuni\u00f3 auxiliares y caballer\u00eda, y tambi\u00e9n convoc\u00f3 individualmente, de Toulouse y Narbona, ciudades de la provincia de la Galia que son vecinas de Aquitania, un gran n\u00famero de soldados experimentados; luego entr\u00f3 en el territorio de los Sotiates. A la noticia de su llegada, \u00e9stos reunieron numerosas tropas y caballer\u00eda, que era su fuerza principal, y atacaron a nuestro ej\u00e9rcito en su marcha: primero libraron un combate de caballer\u00eda, luego, como sus jinetes hab\u00edan sido rechazados y los nuestros los persegu\u00edan, de repente descubrieron a su infanter\u00eda, que hab\u00edan puesto en una emboscada en un valle. Se abalanz\u00f3 sobre nuestros soldados dispersos y comenz\u00f3 una nueva pelea.<\/p>\n\n\n\n<p>21. Fue largo e implacable: los sotiatas, fuertes en sus anteriores victorias, pensaban que de su valor depend\u00eda la salvaci\u00f3n de toda Aquitania; los nuestros quer\u00edan demostrar lo que pod\u00edan hacer en ausencia del general en jefe, sin las otras legiones y bajo el mando de un jovenc\u00edsimo. Finalmente los enemigos, cubiertos de heridas, huyeron. Craso hizo una gran masacre y, sin detenerse, trat\u00f3 de atacar la ciudadela de los Sotiates. Ante su vigorosa resistencia, adelant\u00f3 mantos y torres. A veces hac\u00edan salidas, a veces cavaban mimos hacia los terraplenes y los manteletes (esta es una pr\u00e1ctica en la que los aquitanos son particularmente h\u00e1biles, porque hay minas y canteras de cobre en muchos lugares); pero, habiendo entendido que la vigilancia de nuestros soldados les imped\u00eda obtener alg\u00fan resultado por estos medios, env\u00edan diputados a Craso y exigen que acepte su sumisi\u00f3n. \u00c9l consiente y, por orden suya, entregan las armas.<\/p>\n\n\n\n<p>22. Mientras esta rendici\u00f3n ten\u00eda la atenci\u00f3n de todo el ej\u00e9rcito, al otro lado de la plaza, apareci\u00f3 Adiatuanos, que ten\u00eda el poder supremo, con seiscientos hombres a su devoci\u00f3n, de los que llaman solturas; la condici\u00f3n de estos personajes es la siguiente: aquel a quien han jurado su amistad debe compartir con ellos todos los bienes de la vida; pero si perece de muerte violenta, deben sufrir el mismo destino con ellos o suicidarse; y en la memoria viva todav\u00eda no se ha visto a nadie que se negara a morir cuando el amigo a quien se hab\u00eda dedicado hab\u00eda perecido. Fue con esta escolta que Adiatuanos intent\u00f3 una salida; un clamor se levant\u00f3 de este lado del atrincheramiento, y nuestros soldados corrieron a las armas: despu\u00e9s de un violento combate, Adiatuanos fue echado de nuevo al lugar; sin embargo, obtuvo de Craso las mismas condiciones que los dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>23. Habiendo recibido armas y rehenes, Craso parti\u00f3 para el pa\u00eds de los Vocates y Tarusates. Entonces los b\u00e1rbaros, profundamente conmovidos al saber que un lugar fortificado por la naturaleza y el arte hab\u00eda ca\u00eddo en los pocos d\u00edas que siguieron a nuestra llegada, enviaron diputados de todas partes, intercambiaron juramentos, rehenes y movilizaron sus fuerzas. Tambi\u00e9n se enviaron embajadores a los pueblos pertenecientes a la Espa\u00f1a Citerior, la vecina Aquitania, y de ellos se obtuvieron tropas de socorro y jefes. Su llegada permite entrar en la guerra con un excelente liderazgo y numerosas tropas. Se eligieron como l\u00edderes hombres que hab\u00edan sido compa\u00f1eros constantes de Sertorius y se pensaba que eran muy expertos en el arte de la guerra. Est\u00e1n haciendo la guerra a la manera romana, ocupando posiciones favorables, fortificando sus campamentos, cortando nuestros suministros. Cuando Craso se dio cuenta de que sus tropas, demasiado pocas en n\u00famero, dif\u00edcilmente pod\u00edan dividirse, que los enemigos pod\u00edan moverse en todas direcciones, bloquear los caminos y, sin embargo, abandonar el campamento con suficiente guardia, que por esta raz\u00f3n no pod\u00eda reabastecerse de combustible m\u00e1s que con dificultad, que cada d\u00eda los enemigos eran m\u00e1s numerosos, juzg\u00f3 que no deb\u00eda demorar m\u00e1s en dar batalla. Llev\u00f3 el asunto al consejo, y viendo que todos eran de la misma opini\u00f3n, fij\u00f3 la batalla para el d\u00eda siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p>24. Al amanecer, despleg\u00f3 toda su tropa frente al campamento, en dos l\u00edneas, los auxiliares en el centro, y esper\u00f3 la decisi\u00f3n del enemigo. Pero ellos, aunque su n\u00famero, sus gloriosas tradiciones guerreras, la debilidad de nuestro n\u00famero los tranquilizaba plenamente sobre el resultado de una lucha, sin embargo lo encontraron a\u00fan m\u00e1s seguro, siendo due\u00f1os de los caminos y, por lo tanto, cortando nuestros suministros, para obtener victoria sin disparar un tiro, si la escasez obligaba a los romanos a batirse en retirada, se propon\u00edan atacarlos en plena marcha, embarazados de sus convoyes y cargados de sus bagajes, en condiciones que deprimieran su valor. Habiendo aprobado los jefes este plan, dejaron que los romanos desplegaran sus tropas y permanecieron en el campamento. Cuando Craso vio esto, c\u00f3mo con sus vacilaciones y teniendo el acto de tener miedo, el enemigo hab\u00eda excitado el ardor de nuestras tropas, y que hab\u00eda una sola voz para decir que no deb\u00edamos demorarnos m\u00e1s en atacar, areng\u00f3. ellos y, esparciendo los deseos de todos, marcharon sobre el campo enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p>25. All\u00ed, mientras unos llenaban los fosos, otros, lanzando una lluvia de dardos a los defensores, los obligaban a abandonar el parapeto y los atrincheramientos; y los auxiliares, en quienes Craso ten\u00eda poca confianza como combatientes, pasaron piedras y municiones, trajeron c\u00e9sped para levantar una terraza, y as\u00ed dieron la impresi\u00f3n de que realmente estaban peleando; el enemigo, por su parte, opuso una tenaz y valiente resistencia, y sus proyectiles, lanzados desde arriba, no carecieron de eficacia. Sin embargo, los jinetes, despu\u00e9s de haber recorrido el campamento enemigo, vinieron a decirle a Craso que en el lado de la puerta de Decuman el campamento estaba fortificado con menos cuidado y ofrec\u00eda un f\u00e1cil acceso.<\/p>\n\n\n\n<p>26. Craso invit\u00f3 a los prefectos de la caballer\u00eda a excitar el celo de sus hombres prometi\u00e9ndoles recompensas, y les explic\u00f3 sus intenciones. Estos, conforme a la orden recibida, sacaron las cohortes que hab\u00edan quedado para guardar el campamento y que estaban todas frescas, y dando un rodeo, para que no se les viera desde el campamento enemigo, llegaron r\u00e1pidamente, mientras la lucha acaparaba la atenci\u00f3n de todos, la parte del atrincheramiento que hemos dicho; lo forzaron y se reformaron en el campo del enemigo antes de que pudiera verlos claramente o darse cuenta de lo que estaba pasando. Entonces nuestro pueblo, al o\u00edr el clamor que sub\u00eda de aquel lado, sinti\u00f3 nuevas fuerzas, como suele ocurrir cuando hay esperanza de victoria, y redoblaron su ardor. Los enemigos, vi\u00e9ndose envueltos por todos lados y perdiendo toda esperanza, s\u00f3lo pensaron en saltar del atrincheramiento para buscar su salvaci\u00f3n en la huida. Los nuestros de caballo los persiguieron en campo abierto, y de los cincuenta mil aquitanos y c\u00e1ntabros que formaban este ej\u00e9rcito, apenas la cuarta parte escap\u00f3 a sus embates; la noche estaba bien avanzada cuando regresaron al campamento.<\/p>\n\n\n\n<p>27. A la noticia de esta lucha, la mayor parte de Aquitania se someti\u00f3 a Craso y envi\u00f3 espont\u00e1neamente rehenes: entre estos pueblos estaban los Tarbelles, los Bigerrion, los Ptianii, los Vocates, los Tarusates, los Elusates, los Gates, los Ausci, los Garunni, los Sibuzates, los Cocsates; s\u00f3lo unos pocos, que se colocaron en las afueras, confiando en la estaci\u00f3n avanzada, porque se acercaba el invierno, no siguieron este ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>28. Casi al mismo tiempo, aunque el verano estaba casi terminado, C\u00e9sar consider\u00f3, sin embargo, que ya no hab\u00eda nadie en toda la Galia pacificado excepto los Morini y los Menapes que estaban en armas y nunca hab\u00edan enviado a pedir paz. , que esta era una guerra que pod\u00eda terminar r\u00e1pidamente, y condujo a su ej\u00e9rcito a estas regiones. Tuvo que lidiar con una t\u00e1ctica bastante diferente a la de los otros galos. Viendo, en efecto, que los pueblos m\u00e1s grandes que hab\u00edan dado batalla a C\u00e9sar hab\u00edan sido completamente derrotados, y poseyendo una regi\u00f3n cubierta sin interrupci\u00f3n por bosques y pantanos, se transportaron all\u00ed con todas sus mercanc\u00edas. C\u00e9sar hab\u00eda llegado al borde de estos bosques, hab\u00eda comenzado a construir un campamento y los enemigos a\u00fan no se hab\u00edan mostrado, cuando de repente, mientras nuestros soldados estaban trabajando y dispers\u00e1ndose, saltaron de todos lados fuera del bosque y cargaron contra los nuestros. . Estos \u00faltimos r\u00e1pidamente tomaron las armas y los hicieron retroceder a sus bosques; despu\u00e9s de haber matado a un gran n\u00famero de ellos, los persiguieron demasiado lejos en un terreno demasiado dif\u00edcil y perdieron algunos hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>29. Durante los d\u00edas siguientes, C\u00e9sar decidi\u00f3 utilizarlos incansablemente para talar el bosque, y, para que nuestros soldados no fueran sorprendidos, desarmados, por un ataque de flanco, coloc\u00f3 todos estos \u00e1rboles cortados y los amonton\u00f3 en cada flanco. como una muralla. Hab\u00edamos hecho en pocos d\u00edas, con una velocidad incre\u00edble, un vasto claro, y ya hab\u00edamos apresado el ganado y el \u00faltimo equipaje del enemigo, que se hund\u00eda en el coraz\u00f3n de los bosques, cuando el tiempo se deterior\u00f3 tanto que hubo que trabajar. ser interrumpido y, como la lluvia no cesaba, se hizo imposible mantener a los hombres en la tienda por m\u00e1s tiempo. En consecuencia, despu\u00e9s de asolar todo el campo, quemar las ciudades y las granjas, C\u00e9sar volvi\u00f3 a traer su ej\u00e9rcito y lo hizo tomar cuarteles de invierno con los aulercos y los lexovios, as\u00ed como con los dem\u00e1s pueblos que acababan de hacernos la guerra.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LIBRO TERCERO 57-56 a.C. 1. 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