{"id":386,"date":"2020-06-12T12:21:48","date_gmt":"2020-06-12T11:21:48","guid":{"rendered":"https:\/\/mythslegendes.com\/?page_id=386"},"modified":"2020-06-12T12:21:48","modified_gmt":"2020-06-12T11:21:48","slug":"la-guerre-des-gaules-v","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/la-guerra-gala-v\/","title":{"rendered":"Las guerras de las Galias V"},"content":{"rendered":"<div id=\"ez-toc-container\" class=\"ez-toc-v2_0_82_2 counter-hierarchy ez-toc-counter ez-toc-grey ez-toc-container-direction\">\n<div class=\"ez-toc-title-container\">\n<p class=\"ez-toc-title\" style=\"cursor:inherit\">Contenido<\/p>\n<span class=\"ez-toc-title-toggle\"><a href=\"#\" class=\"ez-toc-pull-right ez-toc-btn ez-toc-btn-xs ez-toc-btn-default ez-toc-toggle\" aria-label=\"Alternar tabla de contenidos\"><span class=\"ez-toc-js-icon-con\"><span class=\"\"><span class=\"eztoc-hide\" style=\"display:none;\">Palanca<\/span><span class=\"ez-toc-icon-toggle-span\"><svg style=\"fill: #999;color:#999\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" class=\"list-377408\" width=\"20px\" height=\"20px\" viewbox=\"0 0 24 24\" fill=\"none\"><path d=\"M6 6H4v2h2V6zm14 0H8v2h12V6zM4 11h2v2H4v-2zm16 0H8v2h12v-2zM4 16h2v2H4v-2zm16 0H8v2h12v-2z\" fill=\"currentColor\"><\/path><\/svg><svg style=\"fill: #999;color:#999\" class=\"arrow-unsorted-368013\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" width=\"10px\" height=\"10px\" viewbox=\"0 0 24 24\" version=\"1.2\" baseprofile=\"tiny\"><path d=\"M18.2 9.3l-6.2-6.3-6.2 6.3c-.2.2-.3.4-.3.7s.1.5.3.7c.2.2.4.3.7.3h11c.3 0 .5-.1.7-.3.2-.2.3-.5.3-.7s-.1-.5-.3-.7zM5.8 14.7l6.2 6.3 6.2-6.3c.2-.2.3-.5.3-.7s-.1-.5-.3-.7c-.2-.2-.4-.3-.7-.3h-11c-.3 0-.5.1-.7.3-.2.2-.3.5-.3.7s.1.5.3.7z\"\/><\/svg><\/span><\/span><\/span><\/a><\/span><\/div>\n<nav><ul class='ez-toc-list ez-toc-list-level-1' ><li class='ez-toc-page-1 ez-toc-heading-level-2'><a class=\"ez-toc-link ez-toc-heading-1\" href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/la-guerra-gala-v\/#LIVRE-CINQUIEME-54-av-J-C\" >LIBRO QUINTO 54 AC. J.-C.<\/a><\/li><\/ul><\/nav><\/div>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><span class=\"ez-toc-section\" id=\"LIVRE-CINQUIEME-54-av-J-C\"><\/span>LIBRO QUINTO<br>54 aC J.-C.<span class=\"ez-toc-section-end\"><\/span><\/h2>\n\n\n\n<p>1. Bajo el consulado de Lucio Domicio y Apio Claudio, C\u00e9sar, dejando sus cuarteles de invierno para ir a Italia, como acostumbraba hacer cada a\u00f1o, ordena a sus legados, a quienes hab\u00eda puesto al frente de las legiones, que tengan como tantos barcos como sea posible construidos durante el invierno y reparar los viejos. Indica cu\u00e1les deben ser las dimensiones y la forma. Por la rapidez de carga y la facilidad de varado, los hace un poco m\u00e1s bajos que los que estamos acostumbrados a usar en nuestros mares, sobre todo porque hab\u00eda observado que las olas, a consecuencia del caudal y reflujo, eran menos altas. ; por las cargas y la gran cantidad de caballos y bestias de carga que ten\u00edan que llevar, les da un ancho un poco mayor que el de los nav\u00edos que usamos en los otros mares. Manda que sean todos del tipo ligero, con velas y remos, disposici\u00f3n que facilita mucho su poca altura. Lo necesario para su armamento, lo trae de Espa\u00f1a. Luego, habiendo terminado de ocupar sus asientos en el <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/\">Galia<\/a> m\u00e1s tarde, parti\u00f3 para Il\u00edrico, con la noticia de que los Pirustes estaban asolando los confines de la provincia con sus incursiones. Tan pronto como llega, ordena a las ciudades que levanten tropas y les establece un punto de reuni\u00f3n. Al enterarse de esto, los Pirustes le env\u00edan diputados para decirle que la naci\u00f3n no tiene nada que ver con lo sucedido, y se declaran dispuestos a proporcionar todas las satisfacciones que \u00e9l demande. Despu\u00e9s de haberlos o\u00eddo, C\u00e9sar les ordena que le entreguen rehenes y fija el d\u00eda de la rendici\u00f3n: en caso de fracaso, habr\u00e1 guerra. Son tra\u00eddos el d\u00eda se\u00f1alado, seg\u00fan sus \u00f3rdenes; nombra \u00e1rbitros para estimar el da\u00f1o sufrido por cada ciudad y fijar la reparaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>2. Habiendo arreglado este asunto y celebrado sus juicios, vuelve a la Galia Citerior, y de all\u00ed parte para el ej\u00e9rcito. Tan pronto como lleg\u00f3, visit\u00f3 todos los cuarteles de invierno y hall\u00f3 perfectamente equipados, gracias a la singular actividad de la tropa, cuando todo faltaba, unas seiscientas naves del tipo que hemos descrito anteriormente, y veintiocho barcos largos: no faltaba mucho para que se hicieran a la mar en pocos d\u00edas. Felicita a los soldados y a los que han dirigido la empresa, explica sus intenciones y ordena que todos se concentren en Portus Itius, desde donde sab\u00eda que la traves\u00eda era m\u00e1s f\u00e1cil, y desde donde s\u00f3lo hay unas treinta millas de tierra firme en <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-bretona\/\">Breta\u00f1a<\/a> ; dej\u00f3 las tropas que consider\u00f3 necesarias para esta operaci\u00f3n. En cuanto a \u00e9l, tomando cuatro legiones sin bagaje y ochocientos jinetes, se fue a los Treveri, porque se absten\u00edan de venir a las asambleas, no reconoc\u00edan su autoridad y trataban, se dec\u00eda, de atraer a los <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mythes-et-legendes-germaniques-60\/\">alemanes<\/a> trans-renano.<\/p>\n\n\n\n<p>3. Este pueblo tiene la caballer\u00eda m\u00e1s fuerte de toda la Galia, una infanter\u00eda numerosa y toca, como dijimos, con el Rhin. Dos hombres se disputaron all\u00ed el poder Indutiomaros y Cing\u00e9torix. Este, en cuanto se supo la proximidad de C\u00e9sar y sus legiones, acudi\u00f3 en su busca, le dio la seguridad de que \u00e9l y su pueblo permanecer\u00edan en el deber y no traicionar\u00edan la amistad del pueblo romano, y le informaron de lo que ocurr\u00eda. pasando entre los Treveri. Indutiomaros, por el contrario, se dedic\u00f3 a criar caballer\u00eda e infanter\u00eda y a prepararse para la guerra, escondi\u00e9ndose en el bosque de las Ardenas, que se extiende sobre una inmensa extensi\u00f3n, en medio del territorio de los Treveri, desde el Rin hasta &#039;en las fronteras de los Remes, aquellos cuya edad no les permit\u00eda portar armas. Luego, cuando vio que un n\u00famero bastante grande de jefes Treveri, cediendo a su amistad por Cingetorix y al miedo que les causaba la llegada de nuestras tropas, fueron a C\u00e9sar y, no pudiendo hacer nada por la naci\u00f3n, lo solicitaron para ellos. , teme ser abandonado por todos y env\u00eda diputados a C\u00e9sar: &quot;Si no hubiera querido dejar a su pueblo y venir a buscarlo, fue para poder mantener mejor la ciudad en el deber, porque era de temer que si dejados todos los nobles, el pueblo, en su ignorancia, se dejar\u00eda llevar; la ciudad, pues, le obedec\u00eda, y si C\u00e9sar lo consent\u00eda, vendr\u00eda a su campamento y pondr\u00eda su persona y la ciudad bajo su protecci\u00f3n. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>4. No ignoraba C\u00e9sar lo que le dictaron estas palabras y lo que lo desvi\u00f3 de sus primeros designios; sin embargo, no queriendo verse obligado a pasar todo el verano con los Treveri cuando todo estuviera listo para la guerra en Gran Breta\u00f1a, orden\u00f3 a Indutiomaros que viniera con doscientos rehenes. Cuando \u00e9ste los hubo tra\u00eddo, y entre ellos su hijo y todos los parientes suyos que C\u00e9sar hab\u00eda pedido por nombre, lo tranquiliz\u00f3 y lo exhort\u00f3 a permanecer en su deber; pero, no obstante, convoc\u00f3 a los jefes Treveri y los reuni\u00f3 uno por uno ante Cing\u00e9rorix: esto no fue solo una justa recompensa por sus servicios; C\u00e9sar vio tambi\u00e9n un gran inter\u00e9s en fortalecer en lo posible el cr\u00e9dito de un hombre en quien hab\u00eda encontrado una devoci\u00f3n excepcional. Fue un golpe sensato para Indutiomaros verse menos favorecido por su pueblo; y \u00e9l, que ya nos era hostil, concibi\u00f3 un resentimiento que exacerb\u00f3 su odio.<\/p>\n\n\n\n<p>5. Una vez resueltas estas cosas, C\u00e9sar va a Portus Itius con sus legiones. All\u00ed se entera de que sesenta barcos, que se hab\u00edan construido entre los Meldes, fueron arrojados hacia atr\u00e1s por la tormenta y, al no poder mantener su rumbo, tuvieron que regresar a su punto de partida; en cuanto a los dem\u00e1s, los encuentra listos para navegar y provistos de todas las necesidades. La caballer\u00eda de toda la Galia se re\u00fane all\u00ed, cuatro mil caballos fuertes, con los jefes de todas las naciones; C\u00e9sar hab\u00eda resuelto dejar en la Galia s\u00f3lo un n\u00famero muy peque\u00f1o, de los que estaba seguro, y tomar a los dem\u00e1s como rehenes, porque tem\u00eda un levantamiento de los galos en su ausencia.<\/p>\n\n\n\n<p>6. Entre estos jefes estaba el Heduan Dumnorix, de quien ya hemos hablado. Fue uno de los primeros que a C\u00e9sar se le habr\u00eda ocurrido quedarse con \u00e9l, pues conoc\u00eda su gusto por la aventura, su sed de dominio, su audacia y la autoridad de que gozaba entre los <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/\">g\u00e1lico<\/a>. Adem\u00e1s, Dumnorix hab\u00eda dicho en una asamblea de los heduos que C\u00e9sar le ofrec\u00eda ser rey de este pueblo, afirmaci\u00f3n que los inquiet\u00f3 mucho, sin que se atrevieran a delegar en C\u00e9sar para decir que no aceptaban su proyecto ni para rogar que le permitiera. r\u00edndete C\u00e9sar hab\u00eda sabido sobre el rasgo a trav\u00e9s de sus anfitriones. Dumnorix comenz\u00f3 utilizando todo tipo de oraciones para conseguir que se le dejara en la Galia: \u201cNo ten\u00eda costumbre de navegar y tem\u00eda el mar; estaba restringido por los deberes religiosos. Cuando vio que se enfrentaba a una negativa categ\u00f3rica, sin tener ya ninguna esperanza de \u00e9xito, comenz\u00f3 a intrigar con los jefes galos, atemoriz\u00e1ndolos, llev\u00e1ndolos a cada uno aparte y exhort\u00e1ndolos a permanecer en el continente. raz\u00f3n, dijo, de que la Galia estaba privada de toda su nobleza: el proyecto de C\u00e9sar, que no se atrev\u00eda a masacrarla ante los ojos de los galos, era transportarla a Breta\u00f1a para darle muerte all\u00ed. A otros, Dumnorix jur\u00f3 e hizo jurar que realizar\u00edan de com\u00fan acuerdo lo que creyeran \u00fatil a los intereses de la Galia. Muchas personas denunciaron estos complots a C\u00e9sar.<\/p>\n\n\n\n<p>7. Cuando conoci\u00f3 esta situaci\u00f3n, su pensamiento fue el siguiente: por el rango en que colocaba a la naci\u00f3n hedua, intentarlo todo para retener a Dumnorix y desviarlo de sus designios; pero como, por otra parte, el desconcierto del personaje evidentemente iba en aumento, tomen precauciones para que no sea un peligro ni para s\u00ed mismo ni para el Estado. En consecuencia, habiendo sido detenido en el puerto durante unos veinticinco d\u00edas por el coro, el viento que sopla m\u00e1s a menudo, en todas las estaciones, en estas costas, se esforz\u00f3 por mantener a Dumnorix en su deber, sin que por eso dejara de estar al tanto de todos los planes que form\u00f3; finalmente, aprovechando un viento favorable, dio orden de embarcar a la infanter\u00eda ya la caballer\u00eda. Pero, mientras esta operaci\u00f3n ocupaba la atenci\u00f3n de todos, Dumnorix abandon\u00f3 el campamento, sin el conocimiento de C\u00e9sar, con la caballer\u00eda hedua, y tom\u00f3 el camino de su pa\u00eds. Cuando se entera de esto, C\u00e9sar suspende la partida y, cesando todo negocio, env\u00eda una gran parte de la caballer\u00eda en su persecuci\u00f3n, con \u00f3rdenes de traerlo de regreso; si se resiste, si se niega a obedecer, manda que lo maten, porque nada sensato esperaba, lejos de su presencia, de un hombre que lo hab\u00eda desobedecido en su propia cara. Dumnorix, llamado a regresar, resiste, empu\u00f1a espada, ruega a su pueblo que cumpla con su deber, repitiendo en voz alta que es libre y pertenece a un pueblo libre. De acuerdo con las \u00f3rdenes, lo rodean y lo matan; en cuanto a los jinetes heduos, todos vuelven a C\u00e9sar.<\/p>\n\n\n\n<p>8. Terminado este asunto, C\u00e9sar dej\u00f3 a Labieno en el continente con tres legiones y dos mil jinetes, para guardar los puertos y proveer el grano, para vigilar los acontecimientos de la Galia y tomar las decisiones que las circunstancias exigieran; \u00e9l mismo, con cinco legiones y tantos jinetes como le quedaban en el continente, lev\u00f3 anclas al ponerse el sol. Primero fue empujado por un viento ligero del suroeste; pero hacia la medianoche el viento amain\u00f3, no pudo seguir su camino y, llevado lo suficientemente lejos por la corriente de la marea, cuando amaneci\u00f3, vio a su izquierda Breta\u00f1a, que hab\u00eda pasado por alto. As\u00ed que sigui\u00f3 la corriente, que ahora iba en direcci\u00f3n opuesta, y rem\u00f3 con fuerza para desembarcar en esta parte de la isla que el verano anterior hab\u00eda reconocido como muy favorable para un desembarco. En esta ocasi\u00f3n nuestros soldados fueron sobre todo elogios con los barcos de transporte, y muy cargados, pod\u00edan, remando incansablemente, ir tan r\u00e1pido como los barcos largos. Llegamos a Breta\u00f1a, con toda la flota, alrededor del mediod\u00eda, sin ver al enemigo en este punto; seg\u00fan supo despu\u00e9s C\u00e9sar por los prisioneros, all\u00ed se hab\u00edan reunido grandes partidas y, aterrorizados al ver tantos nav\u00edos -con los del a\u00f1o anterior, y los que particulares hab\u00edan construido para su uso, eran m\u00e1s de ochocientos nav\u00edos que hab\u00edan aparecieron de inmediato, hab\u00edan dejado la orilla para ir a esconderse en las alturas.<\/p>\n\n\n\n<p>9. C\u00e9sar desembarca sus tropas y elige un lugar adecuado para su campamento; cuando supo por los prisioneros d\u00f3nde se hab\u00eda detenido el enemigo, dejando cerca del mar diez cohortes y trescientos jinetes para proteger los barcos, antes del final de la tercera guardia, march\u00f3 hacia el enemigo; tem\u00eda tanto menos por su flota cuanto que la dejaba anclada en una playa blanda y llana; dio el mando del destacamento y la flota a Quintus Atrius. Para \u00e9l, una marcha nocturna de unas doce millas lo puso a la vista del enemigo. Este \u00faltimo avanz\u00f3 hacia el r\u00edo con su caballer\u00eda y sus tanques y, desde una posici\u00f3n dominante, trat\u00f3 de negarnos el paso y se enfrent\u00f3 a la batalla. Rechazados por nuestros jinetes, los b\u00e1rbaros se escondieron en los bosques: all\u00ed encontraron una posici\u00f3n notablemente fortificada por la naturaleza y por el arte, que hab\u00edan preparado previamente, sin duda para alguna guerra entre ellos: para una gran cantidad de \u00e1rboles, y hab\u00edan sido utilizados. para obstruir todo acceso. Dispersos como escaramuzadores, dispararon dardos desde el interior del bosque y nos impidieron entrar en su fortaleza. Pero los soldados de la S\u00e9ptima Legi\u00f3n, habiendo formado la tortuga y empujado una terraza de acercamiento al atrincheramiento enemigo, se afianzaron en el lugar y los expulsaron del bosque sin sufrir p\u00e9rdidas sensibles. C\u00e9sar les prohibi\u00f3 que los persiguieran m\u00e1s, porque no conoc\u00eda el pa\u00eds y porque, siendo ya muy avanzado el d\u00eda, quer\u00eda dedicar el final de \u00e9l a la fortificaci\u00f3n del campamento.<\/p>\n\n\n\n<p>10. A la ma\u00f1ana siguiente envi\u00f3 infanter\u00eda y caballer\u00eda en tres cuerpos, en persecuci\u00f3n del enemigo que hu\u00eda. Hab\u00edan andado bastante camino, y ya se ve\u00edan los \u00faltimos fugitivos, cuando vinieron unos jinetes enviados por Quinto Atrio a anunciar a C\u00e9sar que la noche anterior se hab\u00eda levantado una tempestad muy violenta, y que casi todas las naves hab\u00edan quedado indefensas y arrojadas a tierra. la costa, habiendo cedido cables y anclas, y no pudiendo los marineros y pr\u00e1cticos resistir la violencia del hurac\u00e1n, las naves chocando unas contra otras hab\u00edan sufrido mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>11. Ante esta noticia, C\u00e9sar manda llamar a los legionarios y jinetes, que se detengan y se vuelvan; \u00e9l mismo regresa a los barcos; lo que le hab\u00edan dicho los mensajeros y las cartas se confirm\u00f3, en conjunto, a sus ojos: cuarenta naves se perdieron, pero las otras parec\u00edan reparables, a costa de mucho trabajo. Elige trabajadores de las legiones y trae otros del continente; escribe a Labieno para que tenga que construir, con las legiones a su disposici\u00f3n, tantas naves como sea posible. Por su parte, aunque fue un gran trabajo, y que debi\u00f3 costarle mucho trabajo, tom\u00f3 la decisi\u00f3n, que le pareci\u00f3 la mejor, de secar toda la flota y encerrarla con el campamento en una fortificaci\u00f3n com\u00fan. . . Esta operaci\u00f3n requiri\u00f3 unos diez d\u00edas de trabajo que la noche misma no interrumpi\u00f3. Una vez encalladas las naves y perfectamente fortificado el campamento, dejando las mismas tropas para custodiar la flota que antes, vuelve al lugar que hab\u00eda dejado. Encontr\u00f3 all\u00ed ya numerosas fuerzas bretonas que se hab\u00edan reunido all\u00ed de todos lados, bajo las \u00f3rdenes de Cassivellaunos a quien, de com\u00fan acuerdo, se le hab\u00edan confiado todos los poderes para la conducci\u00f3n de la guerra.. Es un pr\u00edncipe cuyo territorio est\u00e1 separado del mar. estados junto a un r\u00edo llamado T\u00e1mesis, a unas ochenta millas del mar. pero el pavor causado por nuestra llegada hab\u00eda determinado la <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-bretona\/\">Bretones<\/a> para darle el mando supremo.<\/p>\n\n\n\n<p>12. El interior de Breta\u00f1a est\u00e1 poblado por habitantes que se llaman a s\u00ed mismos, en virtud de una tradici\u00f3n oral, aut\u00f3ctonos; en la costa viven pueblos que hab\u00edan venido de B\u00e9lgica para saquear y hacer la guerra (casi todos llevan los nombres de las ciudades de donde proced\u00edan); estos hombres, despu\u00e9s de la guerra, permanecieron en el pa\u00eds y se convirtieron en colonos all\u00ed. La poblaci\u00f3n de la isla es extremadamente densa, las casas se amontonan all\u00ed, casi en su totalidad similares a las de los galos, el ganado abunda. Para la moneda se utilizan monedas de cobre, oro o lingotes de hierro de cierto peso. El centro de la isla produce esta\u00f1o, la regi\u00f3n costera hierro, pero en peque\u00f1as cantidades; el cobre viene del exterior. Hay \u00e1rboles de todas clases, como en la Galia, excepto hayas y abetos. La liebre, la gallina y el ganso son a sus ojos comida prohibida; los cr\u00edan, sin embargo, por el placer de hacerlo. El clima es m\u00e1s templado que el de la Galia, siendo all\u00ed el fr\u00edo menos severo.<\/p>\n\n\n\n<p>13. La isla tiene forma de tri\u00e1ngulo, uno de cuyos lados mira hacia la Galia. De los dos \u00e1ngulos de este lado, uno, hacia el Cantium, donde desembarcan casi todas las naves que vienen de las Galias, mira hacia el este; el otro, m\u00e1s bajo, es al mediod\u00eda. Este lado se extiende por unas quinientas millas. El segundo mira a Espa\u00f1a, y el oeste en estas partes es Hibernia, que se estima que es dos veces m\u00e1s peque\u00f1a que Breta\u00f1a; est\u00e1 a la misma distancia de Breta\u00f1a que \u00e9sta de la Galia. A mitad de camino est\u00e1 la isla llamada Mona; hay tambi\u00e9n, se dice, varias otras islas menores, vecinas de Breta\u00f1a, de las cuales ciertos autores afirman que all\u00ed reina la noche durante treinta d\u00edas consecutivos, en la \u00e9poca del solsticio de invierno. Para nosotros, nuestras investigaciones no han revelado nada por el estilo; sin embargo, notamos, por nuestras clepsidras, que las noches eran m\u00e1s cortas que en el continente. La longitud de este lado del tri\u00e1ngulo, seg\u00fan la opini\u00f3n de dichos autores, es de setecientas millas. el tercero mira al norte; no hay tierra delante de \u00e9l, excepto, en su extremo, Alemania. La longitud de esta costa se estima en ochocientas millas. As\u00ed toda la isla tiene dos mil millas de circunferencia.<\/p>\n\n\n\n<p>14. De todos los habitantes de Breta\u00f1a, los m\u00e1s civilizados, con mucho, son los que pueblan el Cantium, una regi\u00f3n enteramente mar\u00edtima; sus costumbres apenas difieren de las de los galos. Los del interior, en general, no siembran trigo; viven de leche y carne, y se visten con pieles. Pero es una costumbre com\u00fan entre todos los bretones te\u00f1irse el cuerpo con pastel, lo que les da un color azul, y esto los hace lucir particularmente terribles en combate. Llevan el pelo largo y se afeitan todas las partes del cuerpo excepto la cabeza y el labio superior. Sus esposas son diez o doce en com\u00fan, particularmente entre hermanos y entre padres e hijos; pero los hijos nacidos de esta promiscuidad se consideran del que fue el primer marido.<\/p>\n\n\n\n<p>15. La caballer\u00eda y los tanques enemigos tuvieron un fuerte enfrentamiento con nuestra caballer\u00eda mientras est\u00e1bamos en marcha; sin embargo, ten\u00edamos la ventaja en todas partes y los bretones se vieron obligados a retroceder hacia los bosques y las colinas; matamos a muchos, pero una persecuci\u00f3n demasiado feroz nos caus\u00f3 algunas p\u00e9rdidas. Los enemigos esperaron un rato; luego, mientras nuestros soldados estaban desprevenidos y ocupados fortificando el campamento, de repente salieron de los bosques y, cayendo sobre los que estaban de guardia frente al campamento, libraron una feroz pelea; C\u00e9sar envi\u00f3 en apoyo de dos cohortes, y eligi\u00f3 la primera de dos legiones; tomaron posiciones, dejando s\u00f3lo un intervalo muy peque\u00f1o entre ellos; pero el enemigo, aprovech\u00e1ndose de la molestia que entre los nuestros causaba este nuevo tipo de combate, tuvo la audacia de precipitarse entre las dos cohortes y librarse sin p\u00e9rdida. Ese d\u00eda es asesinado Quintus Laberius Durus, tribuno militar. Enviar nuevas cohortes ayuda a repeler al enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p>16. El asunto, con todos sus incidentes, fue instructivo: a medida que se desarrollaba a la vista de todos y frente al campamento, pudimos darnos cuenta de que nuestros soldados, demasiado fuertemente armados, no pod\u00edan perseguir al enemigo si \u00e9ste se retiraba y no atrevi\u00e9ndose a desviarse de sus insignias, estaban mal preparados para luchar contra tal adversario; que, en cambio, nuestra caballer\u00eda no pod\u00eda dar batalla sin grave peligro, porque los enemigos generalmente ced\u00edan por finta, y cuando hab\u00edan sacado a la nuestra a cierta distancia de las legiones, saltaban de sus tanques y entregaban, a pie, una lucha desigual. Como el combate segu\u00eda siendo un combate de caballer\u00eda, se libraba en tales condiciones que el peligro era exactamente el mismo para el perseguidor y el perseguido. A\u00f1\u00e1dase a esto que nunca lucharon en masa, sino en orden disperso y con intervalos muy largos, y que ten\u00edan puestos de reserva escalonados de distancia en distancia, lo que les permit\u00eda ofrecerse mutuamente, a su vez, una l\u00ednea de retirada y reemplazando combatientes cansados con otros cuyas fuerzas estaban intactas.<\/p>\n\n\n\n<p>17. Al d\u00eda siguiente el enemigo tom\u00f3 posici\u00f3n lejos del campamento, en las colinas: se mostraron solo en peque\u00f1os grupos, y atacaron a nuestra caballer\u00eda con menos vigor que el d\u00eda anterior. Pero a mediod\u00eda, como C\u00e9sar hab\u00eda enviado a buscar tres legiones y toda la caballer\u00eda bajo el mando del legado Cayo Trebonio, de repente, de todos lados, se precipitaron sobre nuestros forrajeros, y su impulso los llev\u00f3 a las insignias y las legiones. Los nuestros, contraatacando vigorosamente, los hicieron retroceder y los siguieron sin descanso; nuestra caballer\u00eda, tranquilizada por este apoyo, ya que vio las legiones detr\u00e1s de ellos, carg\u00f3 contra ellos con \u00edmpetu y, haciendo una gran matanza, no les dej\u00f3 medio de reformarse ni de encarar ni de bajar de los carros. Esta derrota condujo inmediatamente a la dispersi\u00f3n de los auxiliares que hab\u00edan venido de todas partes, y nunca m\u00e1s nos dieron batalla los enemigos con todas sus fuerzas.<\/p>\n\n\n\n<p>18. C\u00e9sar, informado de su plan, condujo su ej\u00e9rcito hacia el T\u00e1mesis, para hacerlo penetrar en el pa\u00eds de Cassivellaunos; este r\u00edo s\u00f3lo es vadeable en un lugar, y no sin dificultad. Cuando lleg\u00f3 all\u00ed, not\u00f3 que en la otra orilla estaban alineadas importantes fuerzas enemigas: Adem\u00e1s, la orilla estaba defendida por estacas puntiagudas que la bordeaban, y otras estacas del mismo tipo, que el agua cubr\u00eda, estaban hundidas en el lecho. del r\u00edo. Habiendo aprendido esto de los prisioneros y desertores, C\u00e9sar envi\u00f3 la caballer\u00eda adelante y orden\u00f3 a las legiones que marcharan sin demora tras \u00e9l. Fue tal la velocidad y el \u00edmpetu de nuestras tropas, aunque los hombres s\u00f3lo ten\u00edan la cabeza fuera del agua, que el enemigo no pudo soportar el choque de las legiones y la caballer\u00eda, y abandonando las orillas del r\u00edo, huy\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>19. Cassivellaunos, como arriba hemos dicho, desesperado de vencernos en batalla campal, hab\u00eda hecho retroceder el grueso de sus tropas; solo hab\u00eda guardado unos cuatro mil essedarios, con los que vigilaba nuestros pasos se mantuvo a cierta distancia del camino y se ocult\u00f3 en un terreno poco pr\u00e1ctico cubierto de bosques: por donde sab\u00eda que \u00edbamos a pasar, hizo evacuar el campo, empujando bestias y hombres a los bosques; si acaeciera que nuestra caballer\u00eda se hubiera extendido un poco lejos para saquear y devastar, arrojar\u00eda a sus esenciales fuera del bosque por cualquier salida, camino o vereda, y dar\u00eda a nuestra caballer\u00eda un combate tan formidable que los privar\u00eda de la necesidad de aventurarse a cierta distancia. A C\u00e9sar no le qued\u00f3 otro camino que prohibir cualquier salida de la columna de infanter\u00eda y herir al enemigo, devastando sus campos y encendiendo hogueras, en la medida limitada en que el cansancio de caminar permitiera a los legionarios hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p>20. Sin embargo los Trinovantes, que eran, o casi, el pueblo m\u00e1s poderoso de estos pa\u00edses, Mandubracios, un joven de esta ciudad, se hab\u00eda encari\u00f1ado con C\u00e9sar y hab\u00eda venido a buscarlo en el continente que su padre hab\u00eda sido rey de los Trinovantes, hab\u00eda sido asesinado por Cassivellauno, y el hijo solo hab\u00eda evitado la muerte huyendo; as\u00ed este pueblo env\u00eda diputados a C\u00e9sar, prometiendo someterse y obedecer sus \u00f3rdenes; le piden que proteja a Mandubracios contra la violencia de Cassivellaunos, y que lo env\u00ede a su ciudad para ejercer all\u00ed el poder soberano. C\u00e9sar les exige cuarenta rehenes y trigo para el a\u00f1o, y les env\u00eda Mandubracios. Obedecieron sin demora, enviaron el n\u00famero solicitado de rehenes y trigo.<\/p>\n\n\n\n<p>21. Viendo los Trinovantes protegidos contra Cassivellaunos y resguardados de cualquier violencia por parte de las tropas, los Cenimagnes, los Segontiacs, los Ancalites, los Bibroques y los Casses se delegan a C\u00e9sar y se someten. Por ellos se entera de que no est\u00e1 lejos de la fortaleza de Cassivellaunos, que est\u00e1 defendida por bosques y pantanos y donde hay una reuni\u00f3n bastante considerable de hombres y ganado. Lo que los bretones llaman plaza fuerte, es un bosque de dif\u00edcil acceso, y que les sirve de refugio habitual para evitar las incursiones de sus enemigos. C\u00e9sar conduce all\u00ed sus legiones: encuentra un lugar singularmente bien fortificado por la naturaleza y el arte; sin embargo, lo ataca agudamente desde dos lados. El enemigo, despu\u00e9s de una breve resistencia, cedi\u00f3 a la impetuosidad de nuestro asalto y huy\u00f3 por otro lado del lugar. All\u00ed se encontr\u00f3 mucho ganado, y un buen n\u00famero de fugitivos fueron apresados o asesinados.<\/p>\n\n\n\n<p>22. Mientras estos hechos se desarrollan en el interior, Cassivellaunos env\u00eda al Cantium, que es, como arriba hemos dicho, una regi\u00f3n mar\u00edtima, y que obedeci\u00f3 a cuatro reyes, Cingetorix, Carvilios, Taximagulos y Segovax, mensajeros que llevaban a estos reyes el para atacar inesperadamente, con todas las fuerzas unidas, el campamento de los barcos. Cuando all\u00ed se presentaron, los nuestros hicieron una salida y mataron a muchos de ellos, incluso tomando prisionero a un jefe de alta alcurnia, Lugotorix; luego regresaron al campamento sin p\u00e9rdidas. Ante la noticia de esta lucha, Casivellano, desalentado por tantos fracasos, conmovido por la devastaci\u00f3n de su territorio, y sobre todo alarmado por la deserci\u00f3n de las ciudades, envi\u00f3 diputados a C\u00e9sar, por medio del Atrebate Commios, para ocuparse de su sometimiento. C\u00e9sar, que hab\u00eda resuelto pasar el invierno en el continente, a causa de los movimientos bruscos que se pod\u00edan producir en la Galia, que, en cambio, ve\u00eda ya adelantado el verano y comprend\u00eda que ser\u00eda f\u00e1cil para el enemigo contemporizar hasta su final, ordena la entrega de rehenes y fija el tributo que Breta\u00f1a deber\u00e1 pagar cada a\u00f1o al pueblo romano; prohibi\u00f3 formalmente a Cassivellaunos preocupar a Mandubracios oa los Trinovantes.<\/p>\n\n\n\n<p>23. Habiendo recibido los rehenes, trae su ej\u00e9rcito de regreso a la orilla del mar y encuentra las naves reparadas. Despu\u00e9s de botarlos, como ten\u00eda muchos prisioneros y varias naves hab\u00edan perecido en la tempestad, decidi\u00f3 traer de vuelta a su ej\u00e9rcito en dos convoyes. Y aconteci\u00f3 que de gran n\u00famero de nav\u00edos, a pesar de tantas traves\u00edas, no hubo uno entre los que tra\u00edan tropa, ni este a\u00f1o ni el anterior, que no hiciera el viaje normalmente; en cambio, de las que le fueron devueltas vac\u00edas del continente, si eran las naves del primer convoy que las hab\u00eda descargado; tropas o de los sesenta barcos que Labieno hab\u00eda construido despu\u00e9s de la partida de la expedici\u00f3n, muy pocos tocaron la meta, y los dem\u00e1s fueron arrojados casi todos a la costa. Despu\u00e9s de haberlos esperado alg\u00fan tiempo en vano, C\u00e9sar, queriendo evitar que la estaci\u00f3n le prohibiera el mar, porque se acercaba el equinoccio, se vio obligado a embarcar sus tropas m\u00e1s apretadas; Sigui\u00f3 una gran calma y, levando anclas al comienzo de la segunda guardia, lleg\u00f3 a tierra al amanecer, con todos sus barcos intactos.<\/p>\n\n\n\n<p>24. Desembarc\u00f3 los barcos y reuni\u00f3 a los galos en Samarobriva; como este a\u00f1o la cosecha de trigo, a causa de la sequ\u00eda, era escasa en la Galia, se vio obligado a organizar la invernada de sus tropas de forma diferente a los a\u00f1os anteriores, distribuyendo las legiones en un mayor n\u00famero de ciudades. Envi\u00f3 uno a los morinos, bajo el mando del legado Layo Fabio; otro entre los Nervii con Quintus Cicero, un tercero entre los Esuvii con Lucius Roscius; un cuarto recibi\u00f3 la orden de pasar el invierno entre los Remi, en la frontera de Treveri, con Titus Labienus; coloc\u00f3 a tres entre los belgas, bajo las \u00f3rdenes del cuestor Marcus Crassus, los legados Lucius Munatius Plancus y Laius Trebonius. Envi\u00f3 una legi\u00f3n, \u00faltima recluta, a Transpadane, y cinco cohortes a los Eburones, la mayor parte de los cuales habitan entre el Mosa y el Rin, y que estaban gobernados por Ambiorix y Catuvolcos. Estas tropas fueron puestas bajo las \u00f3rdenes de los legados Quintus Titurius Sabinus y Lucius Auruncul\u00e9ius Cotta. Tal distribuci\u00f3n de legiones, pens\u00f3, le permitir\u00eda remediar muy f\u00e1cilmente la escasez de trigo. Y, sin embargo, los cuarteles de todas estas legiones, excepto la que Lucio Roscio hab\u00eda encargado conducir a una regi\u00f3n completamente pacificada y muy tranquila, no estaban separados m\u00e1s de cien mil pasos. C\u00e9sar, adem\u00e1s, resolvi\u00f3 permanecer en la Galia hasta que supiera de las legiones en el lugar y los campamentos de invierno fortificados.<\/p>\n\n\n\n<p>25. Hab\u00eda entre los Carnutes un hombre de alta cuna, Tasgetios, cuyos antepasados hab\u00edan sido reyes en su ciudad. C\u00e9sar, para recompensar su valor y su devoci\u00f3n, porque en todas las guerras hab\u00eda encontrado en \u00e9l un apoyo singularmente activo, hab\u00eda devuelto a este hombre el rango de sus antepasados. Estaba, ese a\u00f1o, en el tercer a\u00f1o de su reinado, cuando sus enemigos lo asesinaron en secreto; varios de sus conciudadanos los hab\u00edan alentado p\u00fablicamente. Se lo contamos a C\u00e9sar. Temiendo, por el n\u00famero de los culpables, que su influencia llevar\u00eda a la deserci\u00f3n de la ciudad, env\u00eda apresuradamente a Lucius Plancus, con su legi\u00f3n, desde B\u00e9lgica a los Carnutes, con \u00f3rdenes de pasar el invierno all\u00ed, para arrestar a los que conoc\u00eda. fueron los responsables del asesinato de Tasgetios y de envi\u00e1rselos. Mientras tanto, todos aquellos a quienes hab\u00eda confiado las legiones le informaron que hab\u00edan llegado a los cuarteles de invierno y que las fortificaciones estaban hechas.<\/p>\n\n\n\n<p>26. Llevaba la tropa invernando como una quincena, cuando estall\u00f3 una s\u00fabita sublevaci\u00f3n, excitada por Ambiorix y Catuvolcos; estos reyes hab\u00edan venido a la frontera de su pa\u00eds para ponerse a disposici\u00f3n de Sabinus y Cotta y hab\u00edan llevado trigo a sus cuarteles de invierno, cuando los mensajes de Treverius Indutiomaros los determinaron a llamar a sus s\u00fabditos a las armas; inmediatamente atacaron nuestras corveas de madera y vinieron en grandes fuerzas para sitiar el campamento. Pero los nuestros se armaron sin tardanza y montaron el atrincheramiento, mientras los espa\u00f1oles de a caballo saliendo por una de las puertas hac\u00edan un combate de caballer\u00eda en que ten\u00edan ventaja; los enemigos, viendo fracasada la empresa, retiraron sus tropas; luego, con grandes gritos, como era su costumbre, pidieron que uno de los nuestros se presentara para parlamentar; ten\u00edan que hacernos ciertas comunicaciones que no eran de menor inter\u00e9s para nosotros que para ellos y que eran de una naturaleza, pensaban, para apaciguar el conflicto.<\/p>\n\n\n\n<p>27. Son enviados para esta entrevista Caius Arpineius, caballero romano, amigo de Quintus Titurius, y un tal Quintus Junius, <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-iberica\/\">espa\u00f1ol<\/a>, que ya hab\u00eda tenido varias misiones desde C\u00e9sar hasta Ambiorix. \u00c9ste les habl\u00f3 m\u00e1s o menos en estos t\u00e9rminos: &quot;\u00c9l reconoci\u00f3 que ten\u00eda grandes obligaciones con C\u00e9sar por los beneficios que hab\u00eda recibido de \u00e9l: gracias a \u00e9l hab\u00eda sido librado del tributo que pagaba regularmente a los Atuatuci, sus vecinos y C\u00e9sar le hab\u00edan devuelto a su hijo y a su sobrino, los cuales, estando entre los rehenes enviados a los Atuatuci, hab\u00edan sido tratados por ellos como esclavos y cargados de cadenas. En cuanto al ataque al campamento, actu\u00f3 en contra de su consejo y en contra de su voluntad, fue coaccionado por su pueblo, porque la naturaleza de su poder lo sujeta a la multitud no menos que a ella a \u00e9l. Y si la ciudad tom\u00f3 las armas, fue porque no pudo oponer resistencia a la s\u00fabita conjura de los galos. Su debilidad es una prueba f\u00e1cil de lo que dice porque no es lo suficientemente novato para creer que puede derrotar al pueblo romano con sus propias fuerzas. Pero es un plan com\u00fan para toda la Galia, todos los cuarteles de invierno de C\u00e9sar deben ser atacados ese mismo d\u00eda, para que una legi\u00f3n no pueda ayudar a la otra. Los galos no podr\u00edan haber dicho que no f\u00e1cilmente a otros galos, especialmente cuando el objetivo que ve\u00edan era la reconquista de la libertad com\u00fan. Habiendo respondido a su llamado, pagando as\u00ed su deuda con la patria, pensaba ahora en el deber de gratitud a que le obligaban los beneficios de C\u00e9sar, y advirti\u00f3 a Titurio, le suplic\u00f3, en nombre de los lazos de hospitalidad que lo uni\u00f3 a \u00e9l, para proveer para su salvaci\u00f3n y la de sus soldados. Una gran tropa de mercenarios alemanes hab\u00eda cruzado el Rin: estar\u00edan all\u00ed en dos d\u00edas. A ellos les toca ver si quieren, antes de que los pueblos vecinos se den cuenta, sacar sus tropas del campamento y conducirlas a Cicer\u00f3n oa Labieno, que est\u00e1n uno a unas cincuenta millas y otro un poco m\u00e1s lejos. Por \u00e9l, promete, y bajo juramento, que les dar\u00e1 paso libre por su territorio. Con ello sirve a su patria, ya que la libera del acantonamiento de las tropas, y reconoce los beneficios del C\u00e9sar. Despu\u00e9s de este discurso, Ambiorix se retira.<\/p>\n\n\n\n<p>28. Arpineius y Junius informan a los legados lo que acaban de escuchar. La noticia los sorprende, los inquieta; aunque se trataba de un enemigo, no pensaron que deb\u00edan descuidarlo; lo que m\u00e1s les impresion\u00f3 fue que resultaba dif\u00edcilmente cre\u00edble que una ciudad oscura y d\u00e9bil como la de los eburones se hubiera atrevido por s\u00ed sola a hacer la guerra al pueblo romano. Dejan as\u00ed los asuntos frente al cabildo se suscita una animada discusi\u00f3n. Lucius Aurunculeius, un gran n\u00famero de los tribunos y los centuriones de la primera cohorte eran de la opini\u00f3n de que no se deb\u00eda aventurar nada, ni salir de los cuarteles de invierno sin una orden de C\u00e9sar; demostraron que &quot;pod\u00edamos resistir a los alemanes, cualquiera que sea su n\u00famero, siempre que estuvi\u00e9ramos en un campamento atrincherado, la prueba es que resistieron muy bien un primer asalto, e infligiendo al enemigo graves p\u00e9rdidas; no falta el trigo; antes de que se agote, llegar\u00e1n socorros tanto de los campamentos vecinos como de C\u00e9sar; y luego, finalmente, \u00bfhay alg\u00fan camino m\u00e1s ligero y m\u00e1s vergonzoso que decidir, sobre una cuesti\u00f3n de extrema importancia, de acuerdo con las sugerencias de un enemigo? \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>29. Pero Titurio exclam\u00f3: \u201cSer\u00eda demasiado tarde, una vez que los enemigos, reforzados por los germanos, se hubieran reunido en mayor n\u00famero, o hubiera ocurrido alguna desgracia en los barrios vecinos. S\u00f3lo ten\u00edamos este momento para decidir. C\u00e9sar, seg\u00fan \u00e9l, se hubiera ido a Italia, de lo contrario, los carnutos no habr\u00edan resuelto el asesinato de Tasgetios, y los eburones, si estuviera en la Galia, no habr\u00edan venido a atacarnos haciendo un trato de nuestras fuerzas. Que el consejo viniera del enemigo le importaba poco: miraba los hechos: el Rin estaba muy cerca; los germanos sintieron un fuerte resentimiento por la muerte de Ariovisto y nuestras victorias anteriores; La Galia ard\u00eda en deseos de venganza, no aceptando haber sido humillada tantas veces y finalmente sometida a Roma, ni ver empa\u00f1ada su antigua gloria militar. Finalmente, \u00bfqui\u00e9n podr\u00eda creer que Ambiorix hubiera decidido dar tal paso sin una raz\u00f3n seria? Su opini\u00f3n, en un caso como en otro, era cierta: si el peligro fuera imaginario, nos unir\u00edamos sin correr ning\u00fan riesgo a la legi\u00f3n m\u00e1s cercana; si toda la Galia estaba de acuerdo con los germanos, no hab\u00eda salvaci\u00f3n excepto en la prontitud. Cotta y los que pensaban como \u00e9l, \u00bfa d\u00f3nde se fue su opini\u00f3n? Si no expuso a las tropas a un peligro inmediato, al menos fue la certeza de un largo asedio, con la amenaza del hambre. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>30. Sostenidas as\u00ed las dos tesis, como Cotta y los centuriones de la primera cohorte resistieron en\u00e9rgicamente: \u201c\u00a1Bien! sea, dijo Sabinus, ya que lo quieres! \u2013 y alz\u00f3 la voz, para que gran parte de los soldados pudieran o\u00edrlo \u2013 \u201cno soy yo quien entre vosotros m\u00e1s teme a la muerte; esos juzgar\u00e1n bien las cosas: si pasa algo malo, te pedir\u00e1n cuentas; si hubieras querido, pasado ma\u00f1ana se habr\u00edan unido a los distritos vecinos y soportar\u00edan juntos, con los dem\u00e1s, las chances de la guerra, en vez de quedar abandonados, desterrados, lejos de sus camaradas, para ser masacrados o morir de hambre. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>31. Nos levantamos; rodean a los dos legados, les exhortan a no persistir en un conflicto que hace extremadamente peligrosa la situaci\u00f3n: \u201cEs f\u00e1cil salir de ella, te quedes o te vayas, a condici\u00f3n de que todos est\u00e9n de acuerdo; pero si uno pelea, toda posibilidad de seguridad desaparece. Seguimos discutiendo hasta la mitad de la noche. Finalmente Cotta, muy conmovida, se rinde: prevalece la opini\u00f3n de Sabinus. Anunciamos que saldremos al amanecer. El resto de la noche transcurre en vigilia, cada soldado buscando en lo suyo lo que puede llevarse, lo que se ve obligado a abandonar de su instalaci\u00f3n invernal. Hacemos todo lo imaginable para que no podamos salir por la ma\u00f1ana sin peligro y que el peligro aumente a\u00fan m\u00e1s por el cansancio de los soldados privados de sue\u00f1o. Al amanecer, abandonan el campamento como gente bien convencida de que el consejo de Ambiorix no viene de un enemigo, sino del mejor de sus amigos: formaron una largu\u00edsima columna atestada de mucho equipaje.<\/p>\n\n\n\n<p>32. Los enemigos, cuando la agitaci\u00f3n nocturna y las vigilias de nuestros soldados les hicieron comprender que iban a partir, hicieron doble emboscada en el bosque, en terreno propicio y cubierto, como a dos mil pasos del real, y esperaron all\u00ed a los romanos; acababa de entrar la mayor parte de la columna en un gran valle, cuando de repente aparecieron por los dos extremos de este valle, y cayendo sobre la retaguardia, impidiendo que la cabeza de la columna avanzara hacia las alturas, obligaron a nuestras tropas a combatir en una posici\u00f3n muy desventajosa.<\/p>\n\n\n\n<p>33. Titurio, como un hombre que no supiera prever nada, est\u00e1 ahora agitado y corriendo en todas direcciones, colocando las cohortes; pero aun esto lo hace sin seguridad, y de una manera que muestra que ha perdido todos sus medios, lo que generalmente sucede a quienes se ven obligados a decidir en medio de la acci\u00f3n. Cotta, por el contrario, como hombre que hab\u00eda pensado que tal sorpresa era posible y por eso no hab\u00eda aprobado la salida, no descuid\u00f3 nada por la seguridad com\u00fan, habl\u00f3 a la tropa y la exhort\u00f3 como general en jefe, y luch\u00f3. en las filas como un soldado. La longitud de la columna apenas permit\u00eda a los legados dirigir todo personalmente y tomar las medidas necesarias en cada lugar, dieron la orden de abandonar el equipaje y formar el c\u00edrculo. Esta decisi\u00f3n, aunque en un caso de esta especie no es condenable, tuvo sin embargo funestas consecuencias: disminuy\u00f3 la confianza de los soldados y aument\u00f3 el ardor de los enemigos, porque parec\u00eda que s\u00f3lo el miedo y la desesperaci\u00f3n pod\u00edan inspirarle. Sucedi\u00f3, adem\u00e1s, esto que era inevitable: un n\u00famero de soldados sali\u00f3 de las filas y corri\u00f3 al equipaje para buscar y llevarse los objetos que cada uno ten\u00eda m\u00e1s queridos; por todas partes hab\u00eda gritos y gemidos.<\/p>\n\n\n\n<p>34. Los b\u00e1rbaros, por el contrario, estaban muy bien inspirados. Sus jefes hicieron transmitir por toda la l\u00ednea de batalla la orden de no salir de su lugar; todo lo que dejar\u00edan los romanos era su bot\u00edn, era para ellos: por tanto, deb\u00edan pensar s\u00f3lo en la victoria, de la que depend\u00eda todo\u2026 Los nuestros, aunque abandonados por su general y la Fortuna, no pensaron en otro medio de seguridad que su coraje. y cada vez que cargaba una cohorte, era de este lado una gran matanza de enemigos. Al ver esto, Ambiorix ordena a sus hombres que lancen sus dardos desde lejos, evitando acercarse, y cediendo dondequiera que ataquen los romanos; gracias a la ligereza de sus armas ya su entrenamiento diario, no se les puede hacer ning\u00fan da\u00f1o; cuando el enemigo retroceda sobre sus estandartes, pers\u00edgalo.<\/p>\n\n\n\n<p>35. Esta consigna se observaba cuidadosamente cada vez que alguna cohorte sal\u00eda del c\u00edrculo y atacaba, los enemigos hu\u00edan a toda velocidad. Sin embargo, el lugar dejado vac\u00edo fue necesariamente descubierto, y el lado derecho, desprotegido, recibi\u00f3 l\u00edneas. Luego, cuando la cohorte hubo dado media vuelta para volver a su punto de partida, fue rodeada por los que le hab\u00edan cedido el terreno y por los que se hab\u00edan quedado a los lados. Si quer\u00edan, por el contrario, no salir del c\u00edrculo, entonces su valor era in\u00fatil y, apretados unos contra otros, no pod\u00edan evitar los dardos que toda la multitud estaba lanzando. Sin embargo, abrumados por tantas dificultades, a pesar de p\u00e9rdidas significativas, aguantaron; hab\u00eda pasado buena parte del d\u00eda -llev\u00e1bamos peleando desde que amanec\u00eda y eran ocho horas- y no hac\u00edan nada por debajo de ellos. En este tiempo, Titus Balventius, que el a\u00f1o anterior hab\u00eda sido nombrado primipil, valiente luchador, y muy escuchado, ten\u00eda los dos muslos cruzados por un tr\u00e1gulo; Quintus Lucanius, un oficial del mismo rango, muere luchando valientemente para rescatar a su hijo que est\u00e1 rodeado por el enemigo; el legado Lucius Cotta, mientras incitaba a todas las unidades, cohortes e incluso centurias, es herido de una bala de honda en la cara.<\/p>\n\n\n\n<p>36. Bajo el impacto de estos hechos, Quinto Titurio, habiendo visto de lejos a Ambi\u00f3rix arengando a sus tropas, le env\u00eda a su int\u00e9rprete Cneo Pompeyo para rogarle que lo perdone a \u00e9l ya sus soldados. A las primeras palabras del mensajero, Ambi\u00f3rix respondi\u00f3: \u201cSi quiere consultar con \u00e9l, consiente; espera poder obtener de sus tropas que sus vidas sean dejadas a los soldados; en cuanto al general, no se le har\u00e1 da\u00f1o alguno, y de ello da fe. Titurio hace que Cotta, que estaba herido, le proponga dejar con \u00e9l, si as\u00ed lo quiere, la lucha para ir a conferir junto con Ambiorix: \u201cEspera que podamos obtener de \u00e9l la vida salvada para ellos y para los soldados. Cotta declara que no acudir\u00e1 a un enemigo armado, y persiste en esta negativa.<\/p>\n\n\n\n<p>37. Sabino manda a los tribunos que en este momento ten\u00eda alrededor ya los centuriones de la primera cohorte que le sigan, y avanza hacia Ambi\u00f3rix; llamado a deponer las armas, obedeci\u00f3 y orden\u00f3 a su pueblo que hiciera lo mismo. Mientras discuten los t\u00e9rminos, y Ambiorix prolonga deliberadamente la entrevista, lo rodean poco a poco y lo matan. Entonces hay gritos de triunfo, los aullidos habituales; se precipitan sobre nuestras tropas y siembran el desorden en sus filas. Es all\u00ed donde Lucius Cotta encuentra la muerte, las armas en la mano, con la mayor\u00eda de los soldados. Los supervivientes se retiran al campamento del que partieron. Uno de ellos, el portador del \u00e1guila Lucius Petrosidius, vi\u00e9ndose presionado por una multitud de enemigos, arroj\u00f3 el \u00e1guila dentro de la trinchera y fue asesinado valientemente frente al campamento. Hasta el final del d\u00eda soportan dolorosamente el asalto; al caer la noche, sin m\u00e1s esperanza, todos, hasta el \u00faltimo, se suicidan. Un pu\u00f1ado de hombres, escapados del combate, sin conocer el camino, llegan por los bosques al cuartel de invierno del legado Tito Labieno, y le informan de lo sucedido.<\/p>\n\n\n\n<p>38. Transportado de orgullo por esta victoria, Ambi\u00f3rix parte inmediatamente con su caballer\u00eda entre los Atuatuci, que confinado en su reino, y noche y d\u00eda marcha sin parar; la infanter\u00eda tiene \u00f3rdenes de seguirlo de cerca. Cuenta lo sucedido, levanta a los Atuatuci, llega al d\u00eda siguiente a los nervionenses y les insta a que no pierdan esta oportunidad de liberarse para siempre y hacer expiar a los romanos el mal que les han hecho: \u201cDos legados, explica, han sido asesinados. , una gran parte del ej\u00e9rcito romano es aniquilado; es muy f\u00e1cil atacar inesperadamente a la legi\u00f3n que est\u00e1 ocupando el cuartel de invierno con Cicer\u00f3n y masacrarla\u201d. \u00c9l promete su ayuda para esta mano amiga. Los nervionenses se dejan persuadir f\u00e1cilmente por este discurso.<\/p>\n\n\n\n<p>39. Por lo tanto, se apresuran a enviar mensajeros a los Centrons, a los Grudii, a los Levaci, a los Pleumoxii, a los Geidumnes, todas las tribus que est\u00e1n bajo su dependencia; re\u00fanen tantas tropas como pueden y de repente se lanzan sobre el campamento de Cicer\u00f3n, antes de que le llegue la noticia de la muerte de Titurio. Tambi\u00e9n le sucedi\u00f3 -lo cual era inevitable- que una cantidad de soldados, que se hab\u00edan adentrado en los bosques a buscar le\u00f1a y madera para la fortificaci\u00f3n, fueron sorprendidos por la llegada repentina de una caballer\u00eda. Son cercados, y en masa Eburons, Nervians, Atuatuci, junto con los aliados y clientes de todos estos pueblos, inician el ataque de la legi\u00f3n. Los nuestros se apresuraron a las armas, subieron al atrincheramiento. Fue un d\u00eda duro: los enemigos pusieron todas sus esperanzas en la pronta acci\u00f3n y, habiendo salido victoriosos una vez, cre\u00edan que as\u00ed deb\u00eda ser siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>40. Cicer\u00f3n escribe inmediatamente a C\u00e9sar prometiendo a los correos grandes recompensas si consiguen que le entreguen su carta; pero el enemigo domina todos los caminos, son interceptados. Durante la noche, con la madera que hab\u00edan tra\u00eddo para la fortificaci\u00f3n, se levantaron no menos de ciento veinte torres, por un prodigio de rapidez; lo que estaba incompleto en las obras de defensa se complet\u00f3. Al d\u00eda siguiente, el enemigo, cuyas fuerzas hab\u00edan aumentado considerablemente, asalt\u00f3 y llen\u00f3 el hueco. Los nuestros resisten en las mismas condiciones que el d\u00eda anterior. Lo mismo los d\u00edas siguientes. Durante la noche, trabajamos incansablemente por los enfermos, por los heridos, sin descanso. Todo lo necesario para apoyar el asalto del d\u00eda siguiente se prepar\u00f3 por la noche: se afilaron y endurecieron en el fuego un gran n\u00famero de lanzas, se fabricaron muchas jabalinas de asedio; las torres estaban provistas de plataformas, la muralla estaba provista de almenas y un parapeto de zarzas. El mismo Cicer\u00f3n, aunque estaba muy delicado de salud, ni siquiera se permiti\u00f3 el resto de la noche, hasta el punto de que se vio a los soldados agolparse a su alrededor y obligarlo con sus s\u00faplicas a .<\/p>\n\n\n\n<p>41. Entonces los caciques y nobles nervionos que ten\u00edan alg\u00fan acceso a Cicer\u00f3n, teniendo pretexto de llamarse sus amigos, hacen saber que desean una entrevista. Se lo conceden, y hacen las mismas declaraciones que Ambi\u00f3rix hab\u00eda hecho a Titurio: \u201cToda la Galia est\u00e1 en armas, los germanos han pasado el Rin; Los cuarteles de invierno de C\u00e9sar y los de sus lugartenientes son sitiados. Adem\u00e1s, narran la muerte de Sabinus y, para creerlo, desfilan la presencia de Ambiorix. \u201cEs enga\u00f1arse\u201d, dicen, \u201cesperar la m\u00e1s m\u00ednima ayuda de tropas que se preocupan por s\u00ed mismas; ellos, sin embargo, de ninguna manera son hostiles a Cicer\u00f3n y al pueblo romano; todo lo que piden es librarse de los cuarteles de invierno y no ver la costumbre de que se arraigue: no inquietar\u00e1n a la legi\u00f3n en su retirada, y podr\u00e1 escapar sin temor, ir al lado que le plazca. Cicer\u00f3n limit\u00f3 su respuesta a estas palabras: &#039;No era costumbre de Roma aceptar las condiciones de un enemigo en armas; si quieren desarmarse, se les asegura su apoyo para el env\u00edo de una embajada a C\u00e9sar: espera que, en su justicia, les d\u00e9 satisfacci\u00f3n. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>42. Frustrados en esta esperanza, los nervioses cercan el campamento con un terrapl\u00e9n de diez pies de alto y un foso de quince de ancho. Hab\u00edan adquirido a trav\u00e9s de nuestro contacto, en a\u00f1os anteriores, la experiencia de este trabajo; y adem\u00e1s, teniendo algunos prisioneros de nuestro ej\u00e9rcito, aprovechaban sus lecciones. Pero como carec\u00edan de las herramientas necesarias, ten\u00edan que cortar los terrones de hierba con sus espadas, quitar la tierra con las manos y llevarla en sus sayones. Su n\u00famero se pod\u00eda ver all\u00ed, en menos de tres horas completaron una l\u00ednea fortificada que ten\u00eda quince mil pies de circunferencia. Los d\u00edas siguientes se comprometieron a construir torres proporcionadas a la altura de la muralla, a hacer guada\u00f1as y tortugas, siempre seg\u00fan las indicaciones de los presos.<\/p>\n\n\n\n<p>43. En el s\u00e9ptimo d\u00eda del asedio, habi\u00e9ndose levantado un viento violento, comenzaron a arrojar sobre las casas, que, seg\u00fan la costumbre gala, estaban cubiertas con techo de paja, hondas encendidas hechas de una arcilla que pod\u00eda enrojecerse con el fuego, y dardos de fuego. El fuego prendi\u00f3 r\u00e1pidamente, y la violencia del viento lo dispers\u00f3 por todos los puntos del campamento. Los enemigos, empujando un inmenso clamor, como si ya tuvieran la victoria, adelantaron sus torres y sus tortugas y, sirvi\u00e9ndose de escalas, se propusieron escalar la muralla: Pero tal era el coraje y la sangre fr\u00eda de nuestros soldados que, a pesar del calor abrasador del fuego que los rodeaba, a pesar de la lluvia de dardos con que fueron arrollados, aunque se dieron cuenta de que todo su equipaje, todo lo que pose\u00edan estaba envuelto en llamas, nadie sali\u00f3 de la muralla para ir a otra parte, ni siquiera, uno casi podr\u00eda decir, incluso volvi\u00f3 la cabeza: por el contrario, todos entonces lucharon con un vigor y un valor sin igual. Este d\u00eda fue, con diferencia, el m\u00e1s duro para nuestras tropas, pero tambi\u00e9n tuvo como resultado que los enemigos tuvieran m\u00e1s heridos y muertos que nunca, porque se hab\u00edan amontonado al pie mismo de la muralla y los \u00faltimos en llegar bloqueaban la retirada en los que estaban delante. Como el fuego se hab\u00eda apagado un poco y en cierto punto una torre hab\u00eda sido empujada contra la muralla, los centuriones de la tercera cohorte abandonaron el lugar que ocupaban y retrocedieron con toda su gente, entonces, haciendo se\u00f1as a los enemigos. y llam\u00e1ndolos, los invitaron a entrar pero ninguno se atrevi\u00f3 a avanzar. Entonces una lluvia de piedras, lloviendo de todos lados, los hizo volar, y la torre se incendi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>44. Hab\u00eda en esta legi\u00f3n dos centuriones de gran valor, que se acercaron a las primeras filas, Titus Pullo y Lucius Vorenus. Hab\u00eda una rivalidad perpetua entre ellos en cuanto a qui\u00e9n vendr\u00eda antes que el otro, y cada a\u00f1o la cuesti\u00f3n de la promoci\u00f3n los llevaba a un conflicto violento. Pullo, en el momento en que la lucha era m\u00e1s feroz en la muralla, exclam\u00f3: &#039;\u00bfPor qu\u00e9 vacilar, Vorenus? \u00bfQu\u00e9 otra oportunidad esperas para demostrar tu val\u00eda? es este d\u00eda el que decidir\u00e1 entre nosotros. A estas palabras, avanza fuera del atrincheramiento y, eligiendo el lugar m\u00e1s denso en la l\u00ednea enemiga, se precipita. Vor\u00e9nus tampoco se queda detr\u00e1s de la muralla, pero temiendo la opini\u00f3n de las tropas, sigue de cerca a su rival. Cuando est\u00e1 a poca distancia del enemigo, Pullo lanza su jabalina y golpea a un galo que se hab\u00eda desprendido del grueso del enemigo para correr hacia adelante; traspasado, agonizante, sus compa\u00f1eros lo cubren con sus escudos, mientras todos a la vez lanzan sus flechas contra el romano y le impiden avanzar. Tiene su escudo atravesado por una jabalina que est\u00e1 clavada en el tahal\u00ed de la espada: este golpe desplaza la vaina, y retarda el movimiento de su mano que busca desenvainar; mientras anda a tientas, el enemigo lo envuelve. Su rival, Vor\u00e9nus, acude en su ayuda. Inmediatamente, toda la multitud de enemigos se vuelve contra \u00e9l y deja all\u00ed a Pullo, creyendo que la jabalina lo ha atravesado de arriba abajo. Vorenus, espada en mano, lucha cuerpo a cuerpo, mata a uno, aparta un poco a los dem\u00e1s; pero, llevado por su ardor, se arroja a un hueco y cae. Es su turno de ser envuelto; pero Pullo lo ayuda, y ambos regresan al campamento, sanos y salvos, habiendo matado a muchos enemigos y habi\u00e9ndose cubierto de gloria. La fortuna trat\u00f3 de tal manera a estos rivales, que a pesar de su enemistad se socorrieron y se salvaron la vida, y fue imposible decidir a qui\u00e9n pertenec\u00eda el premio de la bravura.<\/p>\n\n\n\n<p>45. El sitio se hac\u00eda cada d\u00eda m\u00e1s angustioso y m\u00e1s dif\u00edcil de sostener; sobre todo porque, estando muchos soldados agotados por sus heridas, quedamos reducidos a un pu\u00f1ado de defensores; Cicer\u00f3n escribi\u00f3 cada vez m\u00e1s cartas a C\u00e9sar, envi\u00e1ndole correo tras correo; varios de estos, tomados en el acto, fueron torturados ante los ojos de nuestros soldados. Hab\u00eda en el campamento un Nerviano, de nombre V\u00e9rtico, var\u00f3n de buena cuna, que al principio del sitio se hab\u00eda pasado a Cicer\u00f3n y le hab\u00eda jurado lealtad. Convence a un galo, su esclavo, prometi\u00e9ndole libertad y grandes recompensas, para que lleve una carta a C\u00e9sar. El hombre la lleva atada a su jabalina, pasa por en medio de sus compatriotas sin despertar sospechas y llega hasta C\u00e9sar. De \u00e9l aprendemos los peligros que corren Cicer\u00f3n y su legi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>46. C\u00e9sar, habiendo recibido la carta hacia la hora und\u00e9cima del d\u00eda, env\u00eda inmediatamente un correo a los Bellovaci, al cuestor Marcus Crassus, cuyo cuartel de invierno estaba a veinticinco millas de distancia: la legi\u00f3n debe partir a mediados de la noche y se apresur\u00f3 a unirse a \u00e9l. Craso sale de su campamento con el mensajero. Otro es enviado al legado Caius Fabius: debe conducir su legi\u00f3n al pa\u00eds de los Atrebates, a trav\u00e9s del cual C\u00e9sar sab\u00eda que ten\u00eda que pasar. Escribe a Titus Labienus para que venga con su legi\u00f3n a la frontera de los Nervians, si puede hacerlo sin comprometer nada. Al estar el resto del ej\u00e9rcito un poco m\u00e1s lejos, no pens\u00f3 que hab\u00eda que esperarlo; como caballer\u00eda, reuni\u00f3 unos cuatrocientos hombres que sac\u00f3 de los cuarteles m\u00e1s cercanos.<\/p>\n\n\n\n<p>47. Habiendo sabido hacia la hora tercera por los exploradores que Craso ven\u00eda, avanza ese d\u00eda veinte millas. Le da a Craso el mando de Samarobriva, y le atribuye la legi\u00f3n que tra\u00eda, pues C\u00e9sar dej\u00f3 all\u00ed el bagaje del ej\u00e9rcito, los rehenes provistos por las ciudades, los archivos, y todo el trigo que hab\u00eda recogido all\u00ed. suministro de invierno. Fabius, siguiendo la orden recibida, se une a \u00e9l en el camino con su legi\u00f3n, sin mucha demora. Labieno supo de la muerte de Sabino y la matanza de las cohortes; los Treveri hab\u00edan tra\u00eddo todas sus fuerzas contra \u00e9l; tem\u00eda las consecuencias de una partida que pareciera una huida: no ser\u00eda capaz de soportar el asalto del enemigo, sobre todo teniendo en cuenta que la reciente victoria, lo sab\u00eda, los hab\u00eda transportado con orgullo. Por tanto, responde a C\u00e9sar con una carta en la que le representa todo el peligro que corr\u00eda al sacar a su legi\u00f3n; le cuenta en detalle lo que pas\u00f3 entre los eburones; le informa que todas las fuerzas de los Treveri, caballer\u00eda e infanter\u00eda, se han posicionado a tres millas de su campamento.<\/p>\n\n\n\n<p>48. C\u00e9sar aprob\u00f3 sus puntos de vista, y aunque reducido a dos legiones despu\u00e9s de contar con tres, sigui\u00f3 sin embargo creyendo que la acci\u00f3n r\u00e1pida era la \u00fanica manera de salvar al ej\u00e9rcito. Por lo tanto, gan\u00f3 a marchas forzadas el pa\u00eds de los Nervii. All\u00ed, aprende de los prisioneros lo que est\u00e1 sucediendo en el campo de Cicer\u00f3n y cu\u00e1n cr\u00edtica es la situaci\u00f3n. Luego decide que un jinete galo, prometi\u00e9ndole grandes recompensas, lleve una carta a Cicer\u00f3n. El lo escribe en <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mythes-et-legendes-grecques-1664\/\">Griego<\/a> para que, en caso de ser interceptados, el enemigo no conozca nuestros planes. Si no puede alcanzar a Cicer\u00f3n, debe atar la carta a la correa de su tragula y arrojarla dentro de las fortificaciones. En su carta anuncia que ha partido con legiones y pronto estar\u00e1 all\u00ed; insta al legado a no permitir que su coraje se doblegue. El galo, sin atreverse a acercarse, lanza su jabalina, seg\u00fan las instrucciones que hab\u00eda recibido. Quiso la suerte que la l\u00ednea se plantara en una torre, donde pasan dos d\u00edas sin que los nuestros se den cuenta: al tercer d\u00eda, un soldado la ve, la saca y se la lleva a Cicer\u00f3n. Este, despu\u00e9s de haber le\u00eddo el mensaje, lo ley\u00f3 a la tropa, entre los cuales suscit\u00f3 la m\u00e1s viva alegr\u00eda. En ese momento, se pod\u00eda ver a lo lejos el humo del fuego: esto ya no nos permit\u00eda dudar del acercamiento de las legiones.<\/p>\n\n\n\n<p>49. Los galos, informados por sus exploradores, levantan el sitio y marchan al encuentro de C\u00e9sar con todas sus fuerzas. Eran unos sesenta mil hombres. Cicer\u00f3n, gracias al mismo Vertico mencionado anteriormente, encuentra un galo que se compromete a llevar una carta a C\u00e9sar; le aconseja que vaya con precauci\u00f3n y diligencia. En su carta, explica que el enemigo lo abandon\u00f3 y volvi\u00f3 todas sus fuerzas contra C\u00e9sar. El mensaje se entrega alrededor de la medianoche: C\u00e9sar lo comparte con su ej\u00e9rcito y los insta a luchar. Al d\u00eda siguiente, de madrugada, levanta el campamento, y hab\u00eda andado unas cuatro millas, cuando ve las masas de los enemigos al otro lado de un valle por donde corre un arroyo. Exponerse a grandes peligros era entrar en combate en terreno desfavorable con tanta inferioridad num\u00e9rica; adem\u00e1s, como sab\u00eda que Cicer\u00f3n hab\u00eda sido librado del asedio, pod\u00eda sin ansiedad frenar su acci\u00f3n: por lo tanto, se detuvo; estableci\u00f3 un campamento fortificado eligiendo la mejor posici\u00f3n posible y, aunque este campamento ya era peque\u00f1o en s\u00ed mismo, ya que era para una tropa de apenas siete mil hombres, y, adem\u00e1s, desprovisto de equipaje, sin embargo lo estrecha tanto como puede, disminuyendo el ancho de las calles, para inspirar al enemigo el m\u00e1s perfecto desprecio. Al mismo tiempo, env\u00eda exploradores por todos lados para averiguar por qu\u00e9 camino puede cruzar el valle m\u00e1s f\u00e1cilmente.<\/p>\n\n\n\n<p>50. Aquel d\u00eda hubo peque\u00f1os enfrentamientos de caballer\u00eda cerca del agua, pero ambos ej\u00e9rcitos mantuvieron sus posiciones: los galos esperaban fuerzas m\u00e1s grandes, que a\u00fan no se hab\u00edan unido, y C\u00e9sar quer\u00eda dar batalla de este lado del valle, frente a su campamento, si lograba, fingiendo miedo, atraer al enemigo a su terreno; en caso de que no pudiera, quer\u00eda conocer los caminos lo suficientemente bien como para poder cruzar el valle y pasar el barranco con menos peligro. Al amanecer, la caballer\u00eda enemiga se acerca a nuestra posici\u00f3n y entra en combate con nuestra caballer\u00eda. C\u00e9sar les ordena ceder t\u00e1cticamente y volver al campamento: al mismo tiempo, se levantar\u00e1n las murallas por todas partes, se bloquear\u00e1n las puertas, y todo esto se har\u00e1 con extrema prisa, como si tuvi\u00e9ramos miedo. .<\/p>\n\n\n\n<p>51. Atra\u00eddo por todas estas fintas, el enemigo cruza el valle y se alinea con la desventaja de la posici\u00f3n; pero llegamos a evacuar la muralla; luego se acercan de nuevo, lanzan dardos de todos lados dentro del atrincheramiento, y hacen que los heraldos publiquen por todo el campamento que cualquier galo o romano que quiera pasar a su lado antes de la hora tercera puede hacerlo sin temor; despu\u00e9s, no habr\u00e1 m\u00e1s tiempo. Y tal era el desprecio que les inspir\u00e1bamos, que creyendo que no pod\u00edan derribar nuestras puertas que hab\u00edamos atrancado, para enga\u00f1arlos, con una simple hilera de terrones de hierba, algunos se propusieron hacer a mano una brecha en la empalizada. ., y otros para llenar los vac\u00edos. En este momento, C\u00e9sar sali\u00f3 por todas las puertas y lanz\u00f3 su caballer\u00eda: los enemigos fueron r\u00e1pidamente derrotados, y en tales condiciones que ninguno de ellos se levant\u00f3; muchos mueren, ninguno conserva sus armas.<\/p>\n\n\n\n<p>52. C\u00e9sar, juzgando peligroso seguir persigui\u00e9ndolos a causa de los bosques y pantanos, y viendo adem\u00e1s que ya no era posible hacerles el menor da\u00f1o, se reuni\u00f3 con Cicer\u00f3n el mismo d\u00eda, sin sufrir ninguna p\u00e9rdida. Las torres, las tortugas, los atrincheramientos construidos por el enemigo provocan su asombro; un repaso a la legi\u00f3n le permite advertir que no hay un soldado de cada diez que est\u00e9 ileso; todo esto le muestra los peligros que hemos corrido y el valor que hemos desplegado. Da a Cicer\u00f3n ya los soldados los elogios que se merecen; felicita individualmente a los centuriones ya los tribunos que, seg\u00fan Cicer\u00f3n, se hab\u00edan distinguido particularmente. Los presos le dan detalles de lo que pas\u00f3 con Sabinus y Cotta. Al d\u00eda siguiente reuni\u00f3 a la tropa, les explic\u00f3 el drama, los consol\u00f3 y les asegur\u00f3: &quot;Esta desgracia, que es debida a las faltas y frivolidades de un legado, debe turbarlos tanto menos cuanto que, por la protecci\u00f3n de los dioses inmortales y por su propio valor se venga la afrenta, la alegr\u00eda del enemigo fue breve, y su tristeza no debe durar m\u00e1s. \u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>53. Sin embargo, la noticia de la victoria de C\u00e9sar llega a Labieno, por los Remi, con incre\u00edble rapidez: estando el campamento de Cicer\u00f3n a unas sesenta millas de distancia, y habiendo llegado C\u00e9sar despu\u00e9s de la hora novena del d\u00eda, antes de la medianoche un clamor se levant\u00f3 en el puertas del campamento: fue Remi quien anunci\u00f3 la victoria a Labieno y lo felicit\u00f3. La misma noticia lleg\u00f3 a los tr\u00e9veros, e Indutiomaros, que hab\u00eda decidido atacar el campamento de Labieno al d\u00eda siguiente, huy\u00f3 durante la noche y trajo todas sus tropas de regreso a los tr\u00e9veros. C\u00e9sar env\u00eda a Fabio de regreso a sus cuarteles de invierno con su legi\u00f3n; en cuanto a \u00e9l, decide pasar el invierno en los alrededores de Samarobriva con tres legiones en tres campamentos, y la gravedad de los des\u00f3rdenes que se hab\u00edan desatado en la Galia le determin\u00f3 a permanecer \u00e9l mismo con el ej\u00e9rcito durante todo el invierno. En efecto, desde que corri\u00f3 el rumor de este fracaso, en el que Sabino hab\u00eda encontrado su muerte, casi todas las ciudades de la Galia hablaban de guerra, enviaban correos y embajadas por todas partes, preguntando qu\u00e9 hac\u00edan las otras y d\u00f3nde los comenzar\u00eda el levantamiento; las reuniones se celebraban por la noche en lugares desiertos. Durante todo el invierno, C\u00e9sar no tuvo, por as\u00ed decirlo, un momento de respiro: constantemente recib\u00eda alg\u00fan consejo sobre los proyectos de los galos, sobre la revuelta que estaban preparando. Supo en particular por Lucius Roscius, a quien hab\u00eda puesto al frente de la decimotercera legi\u00f3n, que importantes fuerzas galas, pertenecientes a las ciudades que se llaman Armoricaines, se hab\u00edan unido para atacarlo y hab\u00edan llegado hasta ocho millas de su campamento, pero que al anunciarse la victoria de C\u00e9sar se hab\u00edan retirado con tanta prisa que su retirada parec\u00eda una huida.<\/p>\n\n\n\n<p>54. C\u00e9sar convoc\u00f3 a \u00e9l a los jefes de cada ciudad ya veces por miedo, dici\u00e9ndoles que lo sab\u00eda todo, a veces por persuasi\u00f3n, logr\u00f3 mantener en servicio a una gran parte de la Galia. Sin embargo, los Senones, uno de los pueblos galos m\u00e1s poderosos y que goza de gran autoridad entre los dem\u00e1s, quisieron dar muerte, por decisi\u00f3n de su asamblea, a Cavarinos, a quien C\u00e9sar les hab\u00eda dado por rey, cuyo hermano Moritasgos reinaba cuando lleg\u00f3 C\u00e9sar. en la Galia, y cuyos antepasados hab\u00edan sido reyes; como sospech\u00f3 sus intenciones y huy\u00f3, lo persiguieron hasta la frontera, lo destronaron y lo desterraron; luego enviaron diputados a C\u00e9sar para justificar su conducta, y como \u00e9ste hab\u00eda mandado que todo el Senado viniera a \u00e9l, no obedecieron. Fue tan fuerte la impresi\u00f3n en estas mentes b\u00e1rbaras, cuando se supo que algunos audaces hab\u00edan sido encontrados para declararnos la guerra, que result\u00f3 tal cambio en las disposiciones de todos los pueblos, que excepto los heduos y los remes, a las que C\u00e9sar siempre mostr\u00f3 especial estima, unos por su antigua y fiel amistad con Roma, otros por sus recientes servicios en la guerra de las Galias, apenas hab\u00eda ciudad que no nos diera motivo para sospechar de ella. \u00bfEs sorprendente? no s\u00e9 ; porque, adem\u00e1s de muchos otros motivos, una naci\u00f3n que fue puesta, por su valor guerrero, sobre todas las dem\u00e1s, no sin gran dolor se vio privada de esta reputaci\u00f3n hasta el punto de estar sujeta a la soberan\u00eda de Roma.<\/p>\n\n\n\n<p>55. Los Treveri, con Indutiomaros, hicieron m\u00e1s durante todo el invierno, no cesaron de intrigar m\u00e1s all\u00e1 del Rin, enviando embajadas, tratando de ganar las ciudades, prometiendo dinero, diciendo que la mayor parte de nuestro ej\u00e9rcito hab\u00eda sido destruido, que mucho menos quedaba m\u00e1s de la mitad. Y sin embargo, ninguna gente <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mythes-et-legendes-germaniques-60\/\">alem\u00e1n<\/a> no se dej\u00f3 persuadir de cruzar el Rin: &quot;Lo hab\u00edan experimentado dos veces, con la guerra ariovista y con la emigraci\u00f3n de los Tenctheres: no estaban dispuestos a tentar de nuevo a la fortuna&quot;. Perdido en esta esperanza, Indutiomaros comenz\u00f3, sin embargo, a reunir tropas, a ejercitarlas, a conseguir caballos de los vecinos, a atraer con grandes promesas a los exiliados y condenados de toda la Galia. Y tal era el cr\u00e9dito que estas iniciativas ya le hab\u00edan adquirido en la Galia, que de todas partes acud\u00edan a \u00e9l embajadas solicit\u00e1ndole, en p\u00fablico o en privado, el favor de su amistad.<\/p>\n\n\n\n<p>56. Cuando vio que con tanta prisa ven\u00edan a \u00e9l, y que de una parte los Senones y Carnutes se sublevaban del recuerdo de sus cr\u00edmenes, y de otra parte los Nervianos y los Atuatuci se preparaban para la guerra , que finalmente los voluntarios no dejar\u00edan de venir en tropel cuando hab\u00eda comenzado a avanzar fuera de su pa\u00eds, convoca a la asamblea armada. Est\u00e1 all\u00ed, seg\u00fan el uso de los galos, el acto inicial de la guerra una ley, la misma entre todas, quiere que todos los que tienen edad de hombre vengan all\u00ed en armas; el que llega \u00faltimo es entregado, en presencia de la multitud, a las m\u00e1s crueles torturas. En esta asamblea, declar\u00f3 a Cing\u00e9torix enemigo p\u00fablico y confisc\u00f3 sus bienes: era el l\u00edder del partido contrario, y su yerno; hemos dicho m\u00e1s arriba que se entreg\u00f3 a C\u00e9sar y permaneci\u00f3 fiel a \u00e9l. Despu\u00e9s de eso, Indutiomaros informa a la asamblea que es llamado por los Senones y los Carnutes y por muchas otras ciudades de la Galia y propone ir all\u00ed atravesando el pa\u00eds de los Remes, cuyas tierras arrasar\u00e1, y, antes, lo har\u00e1. atacar el campamento de Labieno. \u00c9l emite \u00f3rdenes en consecuencia.<\/p>\n\n\n\n<p>57. Labieno, que ocupaba un campamento muy bien situado y no menos fortificado, nada tem\u00eda por s\u00ed mismo ni por su legi\u00f3n; pero tuvo cuidado de no perder la oportunidad de una acci\u00f3n feliz. Tambi\u00e9n, habiendo sabido de Cing\u00e9torix y de sus allegados lo que Indutiomaros hab\u00eda dicho en la asamblea, env\u00eda mensajeros a las ciudades vecinas y convoca jinetes de todas partes, a quienes convoca en un d\u00eda fijo. Sin embargo, casi a diario, Indutiomaros con toda su caballer\u00eda merodeaba por los accesos al campamento, unas veces para reconocer la posici\u00f3n, otras para negociar o para asustarnos; la mayor parte del tiempo todos lanzaban golpes dentro de nuestras l\u00edneas. Labieno mantuvo sus tropas detr\u00e1s del atrincheramiento y trat\u00f3 por todos los medios de reforzar en el enemigo la idea de que ten\u00edamos miedo.<\/p>\n\n\n\n<p>58. Mientras Indutiomaros mostraba al acercarse a nuestro campamento un atrevimiento cada d\u00eda m\u00e1s despectivo, Labieno introdujo all\u00ed, en una noche, a los jinetes de las ciudades vecinas que hab\u00eda convocado y supo tan bien prohibir cualquier salida por los puestos de guardia que all\u00ed No hab\u00eda forma de que la cosa fuera rumoreada y conocida por los Treveri. Sin embargo, Indutiomaros, como todos los d\u00edas, llega a las afueras del campamento y pasa all\u00ed la mayor parte del d\u00eda; su caballer\u00eda lanza dardos y desaf\u00eda a nuestros hombres a la batalla en los t\u00e9rminos m\u00e1s escandalosos. Al no recibir respuesta, cuando han tenido suficiente, al acercarse la noche, se van, en el m\u00e1s completo desorden. De repente, Labieno env\u00eda toda su caballer\u00eda por dos puertas; prescribe que una vez que el enemigo ha sido sorprendido y derrotado, lo que \u00e9l previ\u00f3 y sucedi\u00f3, todos piensan solo en unirse a Indutiomaros solos, y se abstienen de herir a cualquiera hasta que lo vean muerto: no quer\u00eda eso demor\u00e1ndose en perseguir a a los dem\u00e1s se les dar\u00eda tiempo de escapar; promete grandes recompensas a quienes lo maten; env\u00eda las cohortes en apoyo de la caballer\u00eda. La fortuna viene a justificar sus predicciones: apegados todos a la persecuci\u00f3n de uno solo, Indutiomaros es atrapado en el mismo momento en que vadeaba un r\u00edo, lo matan y su cabeza es devuelta al campamento; en su camino de regreso, los jinetes persiguen y matan a todos los que pueden. A la noticia del suceso, todas las fuerzas de los eburones y nervios que se hab\u00edan concentrado se dispersaron, y C\u00e9sar pudo ver, despu\u00e9s de eso, la Galia relativamente tranquila.<\/p>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LIBRO QUINTO54 A.C. 1. 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