{"id":395,"date":"2020-06-12T12:29:58","date_gmt":"2020-06-12T11:29:58","guid":{"rendered":"https:\/\/mythslegendes.com\/?page_id=395"},"modified":"2020-06-12T12:29:58","modified_gmt":"2020-06-12T11:29:58","slug":"la-guerre-des-gaules-viii","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/la-guerra-joven-viii\/","title":{"rendered":"Las Guerras Galicas VIII"},"content":{"rendered":"<div id=\"ez-toc-container\" class=\"ez-toc-v2_0_83 counter-hierarchy ez-toc-counter ez-toc-grey ez-toc-container-direction\">\n<div class=\"ez-toc-title-container\">\n<p class=\"ez-toc-title\" style=\"cursor:inherit\">Contenido<\/p>\n<span class=\"ez-toc-title-toggle\"><a href=\"#\" class=\"ez-toc-pull-right ez-toc-btn ez-toc-btn-xs ez-toc-btn-default ez-toc-toggle\" aria-label=\"Alternar tabla de contenidos\"><span class=\"ez-toc-js-icon-con\"><span class=\"\"><span class=\"eztoc-hide\" style=\"display:none;\">Palanca<\/span><span class=\"ez-toc-icon-toggle-span\"><svg style=\"fill: #999;color:#999\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" class=\"list-377408\" width=\"20px\" height=\"20px\" viewbox=\"0 0 24 24\" fill=\"none\"><path d=\"M6 6H4v2h2V6zm14 0H8v2h12V6zM4 11h2v2H4v-2zm16 0H8v2h12v-2zM4 16h2v2H4v-2zm16 0H8v2h12v-2z\" fill=\"currentColor\"><\/path><\/svg><svg style=\"fill: #999;color:#999\" class=\"arrow-unsorted-368013\" xmlns=\"http:\/\/www.w3.org\/2000\/svg\" width=\"10px\" height=\"10px\" viewbox=\"0 0 24 24\" version=\"1.2\" baseprofile=\"tiny\"><path d=\"M18.2 9.3l-6.2-6.3-6.2 6.3c-.2.2-.3.4-.3.7s.1.5.3.7c.2.2.4.3.7.3h11c.3 0 .5-.1.7-.3.2-.2.3-.5.3-.7s-.1-.5-.3-.7zM5.8 14.7l6.2 6.3 6.2-6.3c.2-.2.3-.5.3-.7s-.1-.5-.3-.7c-.2-.2-.4-.3-.7-.3h-11c-.3 0-.5.1-.7.3-.2.2-.3.5-.3.7s.1.5.3.7z\"\/><\/svg><\/span><\/span><\/span><\/a><\/span><\/div>\n<nav><ul class='ez-toc-list ez-toc-list-level-1' ><li class='ez-toc-page-1 ez-toc-heading-level-2'><a class=\"ez-toc-link ez-toc-heading-1\" href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/la-guerra-joven-viii\/#LIVRE-HUITIEME-51-av-J-C\" >LIBRO OCHO 51 a.C. ANUNCIO<\/a><\/li><\/ul><\/nav><\/div>\n<h2 class=\"wp-block-heading\"><span class=\"ez-toc-section\" id=\"LIVRE-HUITIEME-51-av-J-C\"><\/span>RESERVA OCTAVO<br>51 a. C. J.-C<span class=\"ez-toc-section-end\"><\/span><\/h2>\n\n\n\n<p>1. El <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/\">Galia<\/a> el conjunto fue vencido; Desde el verano anterior, C\u00e9sar no hab\u00eda dejado de luchar, y quer\u00eda dar a los soldados, despu\u00e9s de tanto cansancio, el descanso reparador de los cuarteles de invierno: pero luego supimos que un gran n\u00famero de ciudades de la \u00e9poca comenzaron a hacer planes de guerra. y trama de nuevo. Esta actitud se explica por razones probables: todos <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mitologia-gala\/\">g\u00e1lico<\/a> Se dio cuenta de que con las tropas m\u00e1s numerosas, si estaban concentradas en un solo lugar, los romanos no pod\u00edan resistir, pero que si varios pueblos los atacaran al mismo tiempo en varios puntos, el ej\u00e9rcito romano no tendr\u00eda suficientes recursos. ni tiempo, ni mano de obra, para afrontarlo todo; Si alguna ciudad sufr\u00eda, ten\u00eda que aceptar la prueba, si al contener as\u00ed al enemigo permit\u00eda a otras recuperar su independencia.<\/p>\n\n\n\n<p>2. C\u00e9sar no quiso permitir que los galos se fortalecieran en esta idea: confiando a su cuestor Marco Antonio el mando de sus cuarteles de invierno, dej\u00f3 Bibracte, el d\u00eda antes de las calendas de enero, con una escolta de jinetes, para unirse la decimotercera legi\u00f3n, que hab\u00eda colocado cerca de la frontera Hedu, en la tierra de los Bituriges; a\u00f1adi\u00f3 el und\u00e9cimo, que era el m\u00e1s cercano. Dejando a dos cohortes de cada uno para custodiar el equipaje, llev\u00f3 al resto de las tropas a la campi\u00f1a m\u00e1s f\u00e9rtil de los Bituriges: este pueblo ten\u00eda un vasto territorio, donde las ciudades eran numerosas, y la invernada de una sola legi\u00f3n hab\u00eda sido suficiente para evitar \u00e9l de prepararse para la guerra y formar complots.<\/p>\n\n\n\n<p>3. La llegada repentina de C\u00e9sar produjo el efecto que seguramente tendr\u00eda en la gente que se sorprendi\u00f3 y se dispers\u00f3 mientras trabajaban sus campos muy silenciosamente, y la caballer\u00eda cay\u00f3 sobre ellos antes de que pudieran refugiarse en las ciudades. Porque hasta la pista que com\u00fanmente se\u00f1ala una incursi\u00f3n enemiga, una orden de C\u00e9sar la hab\u00eda suprimido: hab\u00eda prohibido que se incendiaran edificios, para no quedarse sin forraje y trigo, por si quer\u00eda avanzar m\u00e1s lejos. , y para evitar que la vista de incendios d\u00e9 la alarma. Se hab\u00edan hecho varios miles de prisioneros, y el terror se hab\u00eda extendido entre los bituriges: los que hab\u00edan podido escapar del primer acercamiento de los romanos se hab\u00edan refugiado con los vecinos, confiando en lazos de la hospitalidad privada o en la alianza que un\u00eda a los pueblos. En vano porque C\u00e9sar, a trav\u00e9s de marchas forzadas, se muestra en todas partes, y no da tiempo a ninguna ciudad para pensar en la salvaci\u00f3n de los dem\u00e1s antes que en la suya propia; con esta prontitud mantuvo en el deber a los pueblos amigos, ya los que vacilaron los condujo por el terror a aceptar la paz. Ante tal situaci\u00f3n, viendo que la clemencia de C\u00e9sar les permiti\u00f3 volver a ser sus amigos y que las ciudades vecinas, sin ser castigadas de ninguna manera, hab\u00edan sido admitidas para dar rehenes y someterse, los Biturige siguieron su ejemplo.<\/p>\n\n\n\n<p>4. Para recompensar a sus soldados por haber soportado con tanta paciencia una campa\u00f1a tan dif\u00edcil, por haber demostrado la m\u00e1s perfecta perseverancia en la temporada de d\u00edas cortos, en etapas muy dif\u00edciles, en un fr\u00edo intolerable, C\u00e9sar les promete, como gratificaci\u00f3n en lugar de bot\u00edn, doscientos sestercios por cabeza, mil para los centuriones; luego env\u00eda las legiones de regreso a sus cuarteles y regresa a Bibracte despu\u00e9s de una ausencia de cuarenta d\u00edas. Mientras administraba justicia all\u00ed, los bituriges le enviaron una embajada para pedir ayuda contra los carnutes, quienes, seg\u00fan se quejaban, les hab\u00edan declarado la guerra. Al recibir esta noticia, aunque s\u00f3lo hab\u00eda permanecido dieciocho d\u00edas en Bibracte, llam\u00f3 desde sus cuarteles de invierno, en el Saona, a las legiones decimocuarta y sexta que all\u00ed estaban colocadas, como se ha visto en. <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/bibliotecas-de-libros\/\">libro<\/a> anterior, para asegurarse suministros, y sale con dos legiones para ir a castigar a los Carnutes.<\/p>\n\n\n\n<p>5. Cuando escuchan acerca de un ej\u00e9rcito que se acerca, recuerdan las desgracias de otros y, abandonando sus pueblos y ciudades, viv\u00edan en estrechos edificios improvisados que hab\u00edan construido r\u00e1pidamente para poder sobrevivir al invierno (porque su reciente derrota hab\u00eda les cost\u00f3 un gran n\u00famero de pueblos), huyeron en todas direcciones. C\u00e9sar, no queriendo exponer a los soldados a los rigores de la mala temporada que estaba entonces en pleno apogeo, acamp\u00f3 en la capital de los Carnutes, C\u00e9nabum, donde amonton\u00f3 sus tropas, parte en las casas de los galos, parte en el refugios que ten\u00edamos formados arrojando r\u00e1pidamente paja sobre las carpas. Sin embargo, envi\u00f3 caballer\u00eda e infanter\u00eda auxiliar donde se dec\u00eda que el enemigo se hab\u00eda retirado; y no sin \u00e9xito, porque nuestro pueblo regresaba, la mayor\u00eda de las veces, cargado de bot\u00edn. Las dificultades del invierno, el miedo al peligro abrumaron a los Carnutes; expulsados de sus hogares, no se atrevieron a hacer una parada prolongada en ning\u00fan lugar, y sus bosques no los protegieron entre la extrema violencia del clima: terminaron dispers\u00e1ndose entre los pueblos vecinos, no sin haber perdido gran parte de los suyos.<\/p>\n\n\n\n<p>6. C\u00e9sar, juzgando que bastaba, en plena temporada mala, con dispersar los grupos que se iban formando, a fin de evitar por este medio el estallido de una guerra, teniendo por otra parte la convicci\u00f3n, tanto como se pod\u00eda prever razonablemente que ninguna gran guerra podr\u00eda estallar mientras uno estuviera todav\u00eda en los cuarteles de invierno, confi\u00f3 sus dos legiones a Cayo Trebonio, con \u00f3rdenes de invernar en Cenabum; En cuanto a \u00e9l, como frecuentes embajadas de las R\u00e8mes le advirtieron que los Bellovaci, cuya gloria militar superaba a la de todos los galos y los belgas, se un\u00edan a los pueblos vecinos bajo el liderazgo de los Bellovaque Corr\u00e9os y los Atrebate Commios, se movilizaban y concentraban sus fuerzas, con el prop\u00f3sito de pronunciar un ataque masivo contra los Suessions, que hab\u00eda puesto bajo la autoridad de los Remes, considerando, por otra parte, que tanto su inter\u00e9s como su honor exig\u00edan que no se hiciera. da\u00f1o a los aliados a quienes Roma ten\u00eda toda la raz\u00f3n para elogiar, recuerda la und\u00e9cima legi\u00f3n, escribe adem\u00e1s de Cayo Fabio para llevar a las Sesiones las dos legiones que ten\u00eda, y le pide a Labieno una de las dos. As\u00ed, en la medida en que lo permit\u00eda el reparto de cuarteles y necesidades militares, s\u00f3lo hizo que las legiones soportaran las penurias de las expediciones, sin descansar jam\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>7. Cuando ha reunido estas tropas, marcha contra los Bellovaci, acampa en su territorio y env\u00eda destacamentos de caballer\u00eda en todas direcciones para tomar algunos prisioneros que puedan informarle de los designios del enemigo. Los jinetes, despu\u00e9s de haber cumplido su misi\u00f3n, informaron que hab\u00edan encontrado s\u00f3lo unos pocos hombres en las casas, y que no se hab\u00edan quedado para cultivar sus campos (porque se hab\u00eda llevado a cabo una cuidadosa evacuaci\u00f3n total), sino que hab\u00edan sido enviados de regreso para hacerlo. espionaje. Al preguntar a estos hombres d\u00f3nde estaba el grueso de la poblaci\u00f3n y cu\u00e1les eran las intenciones de los Bellovacos, C\u00e9sar obtuvo la siguiente informaci\u00f3n: todos los Bellovacos capaces de portar armas se hab\u00edan reunido en el mismo lugar, y con ellos los Ambiens, los Aulerques, los Cal\u00e8tes, los Veliocasses, los Atrebates; Hab\u00edan elegido una posici\u00f3n dominante para su campamento, en medio de un bosque rodeado por un pantano, y hab\u00edan recogido todo su equipaje en los bosques situados detr\u00e1s. Hubo muchos l\u00edderes que presionaron por la guerra, pero fue especialmente Correos a quien las masas obedecieron, porque se sab\u00eda que estaba animado por un odio particularmente violento contra Roma. Unos d\u00edas antes, los comit\u00e9s de atrebate hab\u00edan abandonado el campamento para buscar refuerzos en el ej\u00e9rcito. <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mythes-et-legendes-germaniques-60\/\">alemanes<\/a>, que estaban cerca y en n\u00famero infinito. El plan de los Bellovacos, decidido por la opini\u00f3n un\u00e1nime de los jefes y aprobado con entusiasmo por el pueblo, era el siguiente: si, como se dec\u00eda, C\u00e9sar viniera con tres legiones, se ofrecer\u00edan a combatir, para no verse obligados. despu\u00e9s luchar con todo el ej\u00e9rcito en condiciones mucho m\u00e1s duras; si trajera un n\u00famero mayor, no abandonar\u00edan la posici\u00f3n que hab\u00edan elegido, pero impedir\u00edan a los romanos, mediante emboscadas, recoger forraje, que, teniendo en cuenta la estaci\u00f3n, era escaso y disperso, y obtener trigo y otros alimentos. .<\/p>\n\n\n\n<p>8. C\u00e9sar, en posesi\u00f3n de esta informaci\u00f3n, que fue confirmada por el acuerdo de numerosos testimonios, juzgando que el plan que se le present\u00f3 era muy sabio y muy alejado de la temeridad ordinaria de los b\u00e1rbaros, decidi\u00f3 que deb\u00eda hacer todo lo posible para asegurar que el enemigo, despreciando la debilidad de sus tropas, se enfrent\u00f3 a la batalla lo antes posible. Ten\u00eda, de hecho, con \u00e9l sus legiones m\u00e1s antiguas, valiosas offline, la s\u00e9ptima, octava y novena, m\u00e1s otra, la und\u00e9cima, de la que mucho se pod\u00eda esperar, que estaba compuesta por excelentes elementos, pero que sin embargo, despu\u00e9s de ocho a\u00f1os de hacer campa\u00f1a, no me ten\u00eda, en comparaci\u00f3n con los dem\u00e1s, la misma fama de probada solidez. Por lo tanto, convoca un consejo, expone todo lo que ha aprendido, fortalece el coraje de las tropas. Para tratar de atraer al enemigo a la batalla mostr\u00e1ndole s\u00f3lo tres legiones, regula as\u00ed el orden de marcha: la s\u00e9ptima, octava y novena legiones avanzar\u00edan; luego vendr\u00eda el equipaje, que, aunque todos agrupados, formaban s\u00f3lo una columna bastante delgada, como es costumbre en las expediciones; la und\u00e9cima legi\u00f3n ir\u00eda a la retaguardia: as\u00ed evitar\u00edamos mostrar a las tropas enemigas m\u00e1s de lo que deseaban. Mientras se observa esta disposici\u00f3n, se forma aproximadamente el cuadrado, y el ej\u00e9rcito as\u00ed alineado llega a la vista del enemigo antes de lo esperado.<\/p>\n\n\n\n<p>9. Cuando de repente los galos ven a las legiones avanzar con paso firme y alineadas como en batalla, aquellas cuyas confiadas resoluciones hab\u00edan sido comunicadas a C\u00e9sar, ya sea porque entonces la idea del peligro los intimida, o si la brusquedad de nuestro acercamiento les sorprende. ellos, o si desean esperar nuestras decisiones, se contentan con alinear sus tropas frente al campamento sin salir de la altura. C\u00e9sar hab\u00eda deseado la batalla pero, sorprendido al ver tanta multitud, de la que lo separaba un valle m\u00e1s profundo que ancho, estableci\u00f3 su campamento frente al campamento enemigo. Hizo construir una muralla de 12 pies, con un parapeto proporcionado a esta altura, cav\u00f3 dos zanjas de quince pies de ancho con muros verticales, erigi\u00f3 numerosas torres de tres pisos y construy\u00f3 entre ellas puentes que estaban protegidos en el lado exterior por parapetos de &#039; mimbre: de esta forma el campamento estaba defendido por una doble fosa y por una doble hilera de defensores, uno que, desde los puentes, menos expuesto por la altura de su posici\u00f3n, pod\u00eda lanzar sus dardos con m\u00e1s confianza y a mayor distancia, el otro, m\u00e1s cerca del asaltante, en la propia muralla, y que la pasarela resguardaba de la ca\u00edda de proyectiles. Form\u00f3 las puertas con hojas y las flanque\u00f3 con torres m\u00e1s altas.<\/p>\n\n\n\n<p>10. El prop\u00f3sito de esta fortificaci\u00f3n era doble. La importancia de las obras fue, al hacer creer que C\u00e9sar ten\u00eda miedo, animar a los b\u00e1rbaros; por otro lado, como era necesario ir lejos para recolectar forrajes y obtener trigo, peque\u00f1as cantidades pod\u00edan asegurar la defensa del campamento, que sus fortificaciones ya proteg\u00edan. Con frecuencia suced\u00eda que, a ambos lados, peque\u00f1os grupos avanzaban corriendo y escaramuzaban entre los dos campamentos, sin cruzar la marisma; Sin embargo, fue atravesado por nuestros auxiliares galos o alemanes que luego persiguieron vigorosamente al enemigo, o por el propio enemigo que, a su vez, nos hizo retroceder bastante; tambi\u00e9n sucedi\u00f3, como todos los d\u00edas se iba a forrajear -y el inconveniente era inevitable, porque los graneros donde hab\u00eda que ir a buscar el heno eran escasos y esparcidos-, que en lugares de dif\u00edcil acceso se envolv\u00eda forrajeras aisladas; Estos incidentes nos causaron s\u00f3lo p\u00e9rdidas bastante leves de animales y sirvientes, pero inspiraron a los b\u00e1rbaros con esperanzas locas, y m\u00e1s a\u00fan desde que Commios, que, como he dicho, hab\u00eda ido a buscar auxiliares alemanes, acababa de llegar. con jinetes: no eran m\u00e1s de quinientos, pero que los alemanes estuvieran all\u00ed, bastaba para exaltar a los b\u00e1rbaros.<\/p>\n\n\n\n<p>11. C\u00e9sar, viendo que pasaban los d\u00edas y que el enemigo permanec\u00eda en su campamento al amparo de un pantano y con la ventaja de una posici\u00f3n natural muy fuerte, que no se pod\u00eda hacer el asalto sin una lucha asesina y que por temor a invirtiendo un ej\u00e9rcito m\u00e1s grande, escribi\u00f3 a Cayo Trebonio para que llamara lo antes posible a la decimotercera legi\u00f3n, que pas\u00f3 el invierno con el legado Tito Sextio entre los Bituriges, y, teniendo as\u00ed tres legiones, se encontrar\u00eda en grandes etapas; Mientras tanto, toma prestados a su vez de la caballer\u00eda de los R\u00e8mes, Lingons y otros pueblos, de los que hab\u00eda movilizado un gran contingente, destacamentos de los que se encargaba de garantizar la protecci\u00f3n de los recolectores apoyando los ataques repentinos del enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p>12. Todos los d\u00edas se hac\u00eda esto, y la costumbre ya tra\u00eda negligencia, una consecuencia ordinaria de la rutina; Los bellovacianos, que sab\u00edan d\u00f3nde estaban rastreando nuestros jinetes cada d\u00eda, hicieron que los soldados de infanter\u00eda de \u00e9lite prepararan una emboscada en un lugar boscoso, y al d\u00eda siguiente enviaron jinetes all\u00ed, quienes primero tendr\u00edan que atraer a los nuestros, para que la gente de la emboscada envolviera ellos y atacarlos. La mala suerte cay\u00f3 sobre los R\u00e8mes, cuyo d\u00eda de servicio era. Al percibir de pronto a los jinetes enemigos, como eran los m\u00e1s numerosos y s\u00f3lo sent\u00edan desprecio por este pu\u00f1ado de hombres, los persiguieron con demasiado ardor, y fueron rodeados por todos lados por la infanter\u00eda. Sorprendidos por este ataque, se retiraron a un ritmo m\u00e1s r\u00e1pido que el exigido por la regla ordinaria de un combate de caballer\u00eda, y perdieron al primer magistrado de su ciudad, Vertiscos, que comandaba la caballer\u00eda: dif\u00edcilmente pudo, debido a su gran edad, para seguir a caballo, pero, seg\u00fan el uso de los galos, no hab\u00eda querido que esta raz\u00f3n lo eximiera del mando, ni que la gente peleara sin \u00e9l. Este \u00e9xito - y la muerte del l\u00edder civil y militar de las R\u00e8mes - enorgullece y emociona al enemigo; nuestra gente aprende por las malas a reconocer los lugares con m\u00e1s cuidado antes de establecer sus puestos, ya seguir con m\u00e1s cautela cuando el enemigo cede.<\/p>\n\n\n\n<p>13. Sin embargo, no pasa un d\u00eda sin que peleemos a la vista de los dos campamentos, en los parajes vadeables del pantano. Au cours d&#039;un de ces engagements, les Germains que C\u00e9sar avait fait venir d&#039;au-del\u00e0 du Rhin pour les faire combattre m\u00eal\u00e9s aux cavaliers, franchissent r\u00e9solument tous ensemble le mar\u00e9cage, tuent les quelques ennemis qui r\u00e9sistent et poursuivent avec vigueur la masse otros ; el miedo se apoder\u00f3 del enemigo no s\u00f3lo de los que se encontraban en las proximidades o de los proyectiles impactados desde lejos, sino incluso de las tropas que, como de costumbre, se colocaron en apoyo a buena distancia, huyeron vergonzosamente y, en varias ocasiones, se desalojaron. s\u00f3lo se detuvieron una vez en el refugio de su campamento: algunos incluso, confundidos por su conducta, huyeron m\u00e1s all\u00e1. Esta aventura desmoraliz\u00f3 tanto a todo el ej\u00e9rcito enemigo que no se pod\u00eda decir qui\u00e9n gan\u00f3, su insolencia ante el menor \u00e9xito o su miedo ante el menor rev\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>14. Pasaron varios d\u00edas sin que se movieran de este campamento; cuando se enteran de que las legiones y el legado Cayo Trebonio est\u00e1n a poca distancia, los l\u00edderes de los Bellovaci, temiendo un bloqueo como el de Alesia, env\u00edan durante la noche a los que son demasiado viejos, demasiado d\u00e9biles o sin armas, y con ellos todo el equipaje. Estaban ocupados poniendo orden en la columna donde hab\u00eda agitaci\u00f3n y confusi\u00f3n (los galos est\u00e1n acostumbrados, incluso en las expediciones m\u00e1s valientes, a ser seguidos por una multitud de carros), cuando el d\u00eda los sorprende: alinean tropas armadas frente a el campamento, para evitar que los romanos los persigan antes de que la columna de bagajes est\u00e9 ya a cierta distancia. C\u00e9sar, si no pensaba que ten\u00eda que atacar fuerzas preparadas para la resistencia cuando era necesario escalar una colina tan empinada, no dud\u00f3 por otro lado en hacer avanzar sus legiones lo suficiente para que los b\u00e1rbaros, bajo la amenaza de nuestras tropas , no pod\u00eda salir del local sin peligro. Viendo por tanto que los dos campamentos estaban separados por la marisma lo que constitu\u00eda un serio obst\u00e1culo y capaz de impedir una r\u00e1pida persecuci\u00f3n, observando por otro lado que la altura que, al otro lado de la marisma, casi tocaba el campamento enemigo, en separado por un peque\u00f1o valle, lanza pasarelas sobre la marisma, hace que sus legiones la crucen y r\u00e1pidamente llega a la meseta que coronaba el cerro y que una r\u00e1pida p\u00e9rdida proteg\u00eda a ambos lados. All\u00ed reform\u00f3 sus legiones, luego, habiendo llegado al final de la meseta, las aline\u00f3 en un sitio desde el cual los proyectiles de artiller\u00eda podr\u00edan alcanzar las formaciones enemigas.<\/p>\n\n\n\n<p>15. Los b\u00e1rbaros, confiados en su posici\u00f3n, no se negar\u00edan a luchar si los romanos alguna vez intentaran asaltar la colina; En cuanto a devolver sus tropas poco a poco en peque\u00f1os bultos, no pod\u00edan hacerlo sin tener que temer que la dispersi\u00f3n los desmoralizara: por tanto, se mantuvieron en l\u00ednea. Cuando los ve bien decididos, C\u00e9sar, dejando veinte cohortes en armas, traza un campamento all\u00ed y ordena que sea fortificado. Terminado el trabajo, alinea las legiones frente al atrincheramiento, coloca a los jinetes en gran guardia con sus caballos embridados. Los Bellovaci, viendo que los romanos estaban preparados para la persecuci\u00f3n, y no pudiendo, en cambio, ni vigilar toda la noche, ni permanecer sin riesgo por m\u00e1s tiempo en el lugar, recurrieron a la siguiente estratagema. Pasando de mano en mano los fardos de paja y fascines que les hab\u00edan servido de asiento -vimos en los comentarios anteriores de C\u00e9sar que los galos sol\u00edan sentarse en un fascinante- y de los que hab\u00eda en el Campamento un gran n\u00famero, los colocaron al frente. de su l\u00ednea y, al anochecer, a una se\u00f1al determinada, les prendieron fuego a todos juntos. De esta manera, una cortina de fuego escondi\u00f3 repentinamente a todas sus tropas de la vista de los romanos. Los b\u00e1rbaros aprovecharon este momento para huir a toda velocidad.<\/p>\n\n\n\n<p>16. La barrera de fuego ocult\u00f3 a C\u00e9sar la retirada de los enemigos; pero, sospechando que los hab\u00edan encendido para facilitar su huida, adelant\u00f3 a las legiones y lanz\u00f3 la caballer\u00eda en su persecuci\u00f3n; sin embargo, por temor a una trampa, en el caso de que la intenci\u00f3n del enemigo sea mantener su posici\u00f3n y llevarnos a terreno desventajoso, \u00e9l mismo avanza lentamente. Los jinetes dudaron en entrar en el humo y las llamas que eran muy espesas; los que, m\u00e1s atrevidos, penetraron all\u00ed, apenas vieron las cabezas de sus caballos: temieron una emboscada y dejaron que los Bellovaci se retiraran libremente. As\u00ed, esta huida, que mezclaba miedo y habilidad, les permiti\u00f3 ganar sin ser molestados de ninguna manera, a una distancia de diez millas como m\u00e1ximo, una posici\u00f3n muy fuerte donde establecieron su campamento. Desde all\u00ed, poniendo a menudo a la infanter\u00eda y la caballer\u00eda en emboscadas, hac\u00edan un gran da\u00f1o a los romanos cuando iban a buscar comida.<\/p>\n\n\n\n<p>17. Estos incidentes se multiplicaron cuando C\u00e9sar supo por un prisionero que Corr\u00e9os, l\u00edder de los bellovacianos, habiendo formado una tropa de seis mil infantes particularmente valientes y mil caballeros elegidos entre todos, los hab\u00eda puesto en una emboscada en un lugar donde sospechaba que la abundancia de trigo y forrajes atraer\u00eda a los romanos. Informado de este plan, envi\u00f3 m\u00e1s legiones de lo habitual y envi\u00f3 adelante a la caballer\u00eda, que a\u00fan escoltaba a los recolectores; se mezcl\u00f3 con auxiliares ligeramente armados; \u00e9l mismo, a la cabeza de las legiones, se acerca lo m\u00e1s cerca posible.<\/p>\n\n\n\n<p>18. Los enemigos emboscados hab\u00edan elegido para la acci\u00f3n meditar en una llanura que no se extend\u00eda m\u00e1s de mil pasos en todas direcciones, y que estaba defendida por todos lados por bosques o un r\u00edo muy dif\u00edcil de cruzar. hab\u00edan tendido una emboscada a su alrededor, envolvi\u00e9ndolo como una red. Los nuestros, que se hab\u00edan dado cuenta de las intenciones del enemigo, y que estaban equipados para el combate y lo quer\u00edan, pues sinti\u00e9ndose apoyados por las legiones que siguieron, no hubo lucha que no aceptaran, entraron en la llanura escuadr\u00f3n por escuadr\u00f3n. Al verlos llegar, Corr\u00e9os pens\u00f3 que se le ofrec\u00eda la oportunidad de actuar: comenz\u00f3 por mostrarse con un n\u00famero reducido de hombres y carg\u00f3 las primeras unidades. Los nuestros soportan firmemente el choque, evitando unirse en un grupo compacto, formaci\u00f3n que generalmente, en el combate de caballer\u00eda, cuando es efecto de alg\u00fan p\u00e1nico, hace formidable para la tropa su mismo n\u00famero.<\/p>\n\n\n\n<p>19. Los escuadrones hab\u00edan tomado posiciones cada uno y se hab\u00edan enfrentado solo a peque\u00f1os grupos que se turnaban para evitar que los combatientes tomaran su flanco: luego, mientras Corr\u00e9os luchaba, los dem\u00e1s salieron del bosque. Comenz\u00f3 una animada lucha en dos direcciones. Mientras la acci\u00f3n continuaba sin decisi\u00f3n, el grueso de la infanter\u00eda, en orden de batalla, fue saliendo gradualmente del bosque: obligaron a nuestros jinetes a retirarse. Pero estos son rescatados r\u00e1pidamente por la infanter\u00eda ligera que, he dicho, hab\u00eda sido enviada al frente de las legiones y, mezclados con nuestros escuadrones, est\u00e1n luchando con firmeza. Durante un tiempo, luchamos en igualdad de condiciones; luego, como exige la ley natural de las batallas, los que hab\u00edan sido los primeros en ser atacados tienen la ventaja porque la emboscada no les hab\u00eda causado ning\u00fan efecto sorpresa. Mientras tanto, las legiones se acercan y, simult\u00e1neamente, el nuestro y el enemigo se enteran por numerosos oficiales de enlace de que el general en jefe est\u00e1 all\u00ed con las fuerzas preparadas. Ante esta noticia, nuestros caballeros, tranquilizados por el apoyo de las cohortes, muestran un vigor extremo, no queriendo tener que compartir con las legiones, si no lideran la acci\u00f3n con suficiente vigor, el honor de la victoria; los enemigos, por su parte, se desaniman y buscan por todos lados por d\u00f3nde huir. En vano: la tierra que hab\u00edan querido hacer trampa para los romanos se convirti\u00f3 en trampa para ellos. Golpeados, empujados, habiendo perdido la mayor parte de los suyos, sin embargo lograron escapar en desorden, unos llegando al bosque, otros al r\u00edo; pero, mientras huyen, los nuestros, en el curso de una vigorosa persecuci\u00f3n, los rematan. Sin embargo, Corr\u00e9os, a quien ninguna desgracia derriba, no resuelve renunciar a la lucha y llegar al bosque, ni cede a las convocatorias de nuestro pueblo que lo invitan a rendirse; pero, luchando con mucho coraje y hiriendo a mucha gente, termin\u00f3 por obligar a los conquistadores, llevados por la ira, a abrumarlo con sus facciones.<\/p>\n\n\n\n<p>20. As\u00ed que el asunto acababa de terminar cuando C\u00e9sar lleg\u00f3 al campo de batalla; pens\u00f3 que despu\u00e9s de semejante desastre el enemigo, cuando le llegara la noticia, ya no se quedar\u00eda en su campamento, la distancia del lugar de la carnicer\u00eda era, se dec\u00eda, de s\u00f3lo unas ocho millas: adem\u00e1s, aunque el r\u00edo presentaba un grave obst\u00e1culo para \u00e9l, lo hizo pasar a trav\u00e9s de su ej\u00e9rcito y march\u00f3 hacia adelante. Los bellovacianos y los dem\u00e1s pueblos vieron de pronto la llegada, en peque\u00f1o n\u00famero y heridos, de los pocos fugitivos que el bosque hab\u00eda preservado de la masacre: ante tan completa desgracia, enterarse de la derrota, la muerte de Corr\u00e9os, la p\u00e9rdida de su caballer\u00eda y sus tropas.mejor infanter\u00eda, sin dudar que los romanos se acercan, inmediatamente convocan a la asamblea al son de las trompetas y proclaman que es necesario enviar a C\u00e9sar diputados y rehenes.<\/p>\n\n\n\n<p>21. Todos aprueban la medida; pero Commios l&#039;Atrebate huy\u00f3 a los alemanes de quienes hab\u00eda pedido auxiliares para esta guerra. Los dem\u00e1s env\u00edan de inmediato diputados a C\u00e9sar; le piden que se satisfaga con un castigo que sin duda, dada su clemencia y su bondad, si estuviera en su poder para infligirlo sin luchar a enemigos cuyas fuerzas estaban intactas, nunca lo har\u00eda. \u201cLas fuerzas de caballer\u00eda bellovacianas fueron aniquiladas; varios miles de soldados de infanter\u00eda de \u00e9lite perecieron, dif\u00edcilmente si los que anunciaron el desastre pudieron escapar. Sin embargo, esta pelea le dio a los Bellovaci un gran bien, en la medida en que tal desgracia puede conllevar: Corr\u00e9os, autor responsable de la guerra, agitador del pueblo, fue asesinado. De hecho, nunca, mientras vivi\u00f3, el poder del Senado fue tan fuerte como el de la plebe ignorante. &quot;<\/p>\n\n\n\n<p>22. A estas oraciones de los diputados, C\u00e9sar responde record\u00e1ndoles que el a\u00f1o anterior los Bellovaci entraron a la guerra al mismo tiempo que los dem\u00e1s pueblos de la Galia, y que s\u00f3lo entre todos perseveraron con obstinaci\u00f3n, sin la rendici\u00f3n que otros les trajeron. a sus sentidos. Sabe muy bien que la responsabilidad de las faltas es f\u00e1cilmente atribuida a los muertos. Pero, en verdad, nadie es lo suficientemente poderoso como para poder iniciar la guerra y llevarla a cabo contra la voluntad de los l\u00edderes, a pesar de la oposici\u00f3n del Senado y la resistencia de toda la gente buena, con la \u00fanica ayuda de una plebe sin autoridad. . No obstante, se contentar\u00e1 con la retribuci\u00f3n que ellos mismos han recibido. &quot;<\/p>\n\n\n\n<p>23. A la noche siguiente, los diputados informan su respuesta a la suya propia, recogen los rehenes necesarios. Los diputados de otros pueblos, que esperaban el resultado de la embajada bellovaciana, se apresuraron a avanzar. Dan rehenes, ejecutan las condiciones impuestas; s\u00f3lo Commios se abstuvo, porque ten\u00eda demasiado miedo de confiar su existencia a nadie. El hecho es que el a\u00f1o anterior Tito Labieno, en ausencia de C\u00e9sar que administraba justicia en la antigua Galia, al enterarse de que Commios estaba intrigando entre las ciudades y formando una coalici\u00f3n contra C\u00e9sar, crey\u00f3 que era posible sofocar su traici\u00f3n sin en cualquier camino falto de lealtad. Como no cre\u00eda venir al campamento, si lo invitaban, no quiso despertar su desconfianza intent\u00e1ndolo, y envi\u00f3 a Caius Volus\u00e9nus Quadratus con la misi\u00f3n de matarlo con el pretexto de una entrevista. A\u00f1adi\u00f3 centuriones especialmente elegidos para esta tarea. La entrevista tuvo lugar, y Volusenus - era la se\u00f1al acordada - acababa de tomar la mano de Commios: pero el centuri\u00f3n, ya sea porque estaba molesto por este nuevo papel para \u00e9l, o porque los familiares de Commios lo hab\u00edan arrestado r\u00e1pidamente, pudo No acabar con su v\u00edctima: la primera espada que le dio, sin embargo, le dej\u00f3 una grave herida en la cabeza. En ambos lados hab\u00edamos dibujado, pero cada uno pensaba menos en luchar que en despejar un pasaje para huir: nuestra gente, de hecho, cre\u00eda que Commios hab\u00eda recibido una herida mortal, y los galos, entendiendo que all\u00ed ten\u00edan una trampa tendida, tem\u00edan el peligro estaba m\u00e1s all\u00e1 de lo que ve\u00edan. Despu\u00e9s de este asunto, se dec\u00eda que Commios hab\u00eda decidido no estar nunca en presencia de ning\u00fan romano.<\/p>\n\n\n\n<p>24. Conquistador de las naciones m\u00e1s belicosas, C\u00e9sar, viendo que ya no hab\u00eda ciudad que preparara una guerra de resistencia, sino que por otra parte muchos eran los habitantes que abandonaron las ciudades, abandonaron el campo para evitar d &#039;obedecer los romanos, decide distribuir su ej\u00e9rcito en varias regiones. Se uni\u00f3 al Cuestodor Marcus Antonius con la Duod\u00e9cima Legi\u00f3n. Envi\u00f3 al legado Layo Fabio con veinticinco cohortes al otro extremo de la Galia, porque escuch\u00f3 que all\u00ed ciertos pueblos estaban en armas, y que las dos legiones del legado Layo Caninius R\u00e9bilus, que estaba en estos pa\u00edses, no parec\u00edan s\u00f3lidas. suficiente para \u00e9l. Le llama Titus Labienus; la decimoquinta legi\u00f3n, que hab\u00eda pasado el invierno con este \u00faltimo, lo envi\u00f3 a la Galia, que gozaba del derecho de ciudadan\u00eda para asegurar la protecci\u00f3n de las colonias de ciudadanos romanos, deseando as\u00ed evitar que un descenso de los b\u00e1rbaros les infligiera una desgracia similar a lo que hab\u00edan sufrido los Tergestinos el verano anterior, que hab\u00edan sido atacados y saqueados repentinamente por ellos. Por su parte, se marcha para arrasar y saquear la tierra de Ambiorix; habiendo renunciado a la esperanza de reducir este car\u00e1cter, aunque lo hab\u00eda obligado a temblar y a huir, consider\u00f3 que su honor requer\u00eda al menos esta satisfacci\u00f3n: hacer de su pa\u00eds un desierto, destruir todo all\u00ed, hombres, casas, ganado, Tanto es as\u00ed que Ambiorix, odiado por su familia, -si el destino permit\u00eda que quedara alguno- no tuvo m\u00e1s medios, a causa de tales desastres, de regresar a su ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>25. Dirigi\u00f3 sobre todas las partes del territorio de Ambiorix, ya fueran legiones o auxiliares, y masacrando, quemando, saqueando, trajo desolaci\u00f3n por todas partes; un gran n\u00famero de hombres fueron asesinados o hechos prisioneros. Luego env\u00eda Labieno con dos legiones a los Treveri, este pueblo, debido a la proximidad de Alemania, fue entrenado en la guerra, que libraban diariamente; su civilizaci\u00f3n primitiva y sus modales b\u00e1rbaros lo hac\u00edan m\u00e1s bien parecido a los alemanes, y nunca obedeci\u00f3 excepto bajo la presi\u00f3n de un ej\u00e9rcito.<\/p>\n\n\n\n<p>26. Mientras tanto, el legado Layo Caninius, inform\u00f3 que una gran multitud de enemigos se hab\u00edan reunido en el pa\u00eds de los Pictons por una carta y mensajeros de Duratios, que hab\u00edan permanecido constantemente fieles a la amistad de los romanos entonces que una parte bastante grande de su ciudad hab\u00eda desertado, dirigi\u00e9ndose hacia la ciudad de Lemonum. A medida que se acercaba, recibi\u00f3 informaci\u00f3n m\u00e1s precisa de los prisioneros: varios miles de hombres, liderados por Dumnacos, l\u00edder de la <a href=\"https:\/\/mythslegendes.com\/es\/mythes-et-legendes-des-andes-2009\/\">Andes<\/a>, siti\u00f3 Duratios en Lemonum; sin atreverse a arriesgar legiones d\u00e9biles en un encuentro. acamp\u00f3 en una posici\u00f3n fuerte. Dumnacus, al enterarse de la llegada de Caninius, dirigi\u00f3 todas sus fuerzas contra las legiones y comenz\u00f3 a atacar el campamento romano. Despu\u00e9s de haber pasado en vano varios d\u00edas sin conseguir, a pesar de grandes sacrificios, eliminar ninguna parte de las trincheras, volvi\u00f3 a sitiar Lemonum.<\/p>\n\n\n\n<p>27. Al mismo tiempo, el legado Cayo Fabio, mientras recibe la sumisi\u00f3n de un gran n\u00famero de ciudades y las sanciona con la entrega de rehenes, se entera de una carta de Caninius lo que est\u00e1 sucediendo entre los pictones. Ante esta noticia, acude en ayuda de Duratios. Pero Dumnacos, al enterarse de la llegada de Fabio, pens\u00f3 que estaba perdido si iba a sufrir tanto el ataque de los romanos de Caninius como el de un enemigo de afuera, mientras ten\u00eda que vigilar y temer a la gente de Lemonum: por lo tanto, se retir\u00f3 inmediatamente, y juzg\u00f3 que no estar\u00eda a salvo hasta que no hubiera enviado a sus tropas al otro lado del Loira, un r\u00edo que no pod\u00eda ser atravesado por su anchura, que por un puente. Fabio a\u00fan no hab\u00eda llegado a la vista del enemigo y a\u00fan no se hab\u00eda cruzado con Caninius; sin embargo, informado por quienes conoc\u00edan el pa\u00eds, prefiri\u00f3 detenerse en la idea de que el enemigo, impulsado por el miedo, llegar\u00eda a la regi\u00f3n que efectivamente estaba ganando. Como resultado, se dirige con sus tropas al mismo puente y ordena a los caballeros que avancen al frente de las legiones, pero conservando la posibilidad de regresar al campamento com\u00fan sin tener que cansar sus monturas. Partieron en persecuci\u00f3n de Dumnacos, de acuerdo con las \u00f3rdenes recibidas, sorprendiendo a su ej\u00e9rcito en la marcha y arroj\u00e1ndose sobre estos hombres que hu\u00edan, desmoralizados, cargados con sus equipajes, mataron a un gran n\u00famero de ellos y se hicieron un importante bot\u00edn. Luego de esta feliz operaci\u00f3n, regresan al campamento.<\/p>\n\n\n\n<p>28. La noche siguiente, Fabio env\u00eda su caballer\u00eda con la misi\u00f3n de atrapar al enemigo y retrasar la marcha de todo el ej\u00e9rcito, mientras espera su llegada. Para asegurar el cumplimiento de sus \u00f3rdenes, Quintus Atius Varus, prefecto de la caballer\u00eda, un hombre cuyo coraje e inteligencia ponen fuera de par, exhorta a sus tropas y, habi\u00e9ndose unido a la columna enemiga, coloca parte de sus escuadrones en posiciones propicias, mientras que con los dem\u00e1s entabla un combate de caballer\u00eda. Los jinetes enemigos combaten con especial osad\u00eda, porque se sienten apoyados por los infantes: \u00e9stos, de hecho, de un extremo a otro de la columna, se detienen y van contra nuestros jinetes, en ayuda de los suyos. La pelea est\u00e1 caliente. Nuestros hombres, que despreciaban a un enemigo vencido el d\u00eda anterior y que sab\u00edan que las legiones los segu\u00edan a corta distancia, pensando que se deshonrar\u00edan si ced\u00edan y queriendo que toda la lucha fuera obra suya, pelean con el mayor coraje contra infanter\u00eda; en cuanto al enemigo, fuerte en la experiencia del d\u00eda anterior, imaginaba que no vendr\u00edan m\u00e1s tropas, y cre\u00eda haber encontrado una oportunidad para aniquilar nuestra caballer\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>29. Como llev\u00e1bamos alg\u00fan tiempo luchando con extrema fiereza, Dumnacos pone a sus tropas a luchar, para que protejan a los jinetes, turn\u00e1ndose regularmente: aparecen de repente, marchando en filas cerradas, las legiones. Al ver esto, la confusi\u00f3n se apodera de los escuadrones enemigos, la l\u00ednea de infanter\u00eda es golpeada por el terror y, mientras la columna de bagajes est\u00e1 en total confusi\u00f3n, huyen por todos lados, lanzando fuertes gritos, en una carrera fren\u00e9tica. Nuestros jinetes, que antes, cuando el enemigo se defend\u00eda, hab\u00edan luchado valientemente ahora, en la embriaguez de la victoria, lanzan un clamor inmenso por todos lados y envuelven al enemigo que se escapa. Mientras sus caballos tengan la fuerza para perseguir y sus brazos la fuerza para atacar, matan sin cesar. M\u00e1s de doce mil hombres, tanto si ten\u00edan las armas en la mano como si los hubieran hecho entrar en p\u00e1nico, fueron masacrados y todo el convoy de bagajes fue capturado.<\/p>\n\n\n\n<p>30. Como sab\u00edamos que despu\u00e9s de esta derrota, Senon Drapp\u00e8s, que desde el comienzo del levantamiento en la Galia hab\u00eda reunido gente de todos lados sin confesi\u00f3n, llam\u00f3 a los esclavos a la libertad, le trajo a los desterrados de todas las ciudades, dio la bienvenida a los ladrones, e intercept\u00f3 los convoyes de bagajes y v\u00edveres de los romanos, pues sab\u00edamos que este Drapp\u00e8s hab\u00eda formado con los restos del ej\u00e9rcito que hu\u00eda una tropa que alcanzaba como m\u00e1ximo dos mil hombres y march\u00f3 sobre la provincia, que `` ten\u00eda por c\u00f3mplice al Cadurque Luct\u00e9rios que , al comienzo de la revuelta gala, hab\u00eda propuesto, como vimos en el comentario anterior, invadir la provincia, el legado Caninius se lanz\u00f3 en su persecuci\u00f3n con dos legiones, no deseando que la provincia tuviera que sufrir o que el miedo se apoderara de ella, y as\u00ed que seamos deshonrados por los robos de una banda criminal.<\/p>\n\n\n\n<p>31. Cayo Fabio, con el resto del ej\u00e9rcito, parti\u00f3 entre los carnutes y otros pueblos cuyas fuerzas \u00e9l sab\u00eda que hab\u00edan sido severamente probadas en el combate que hab\u00eda librado en Dumnacos. No ten\u00eda dudas, de hecho, de que la derrota que acababan de infligirles podr\u00eda haberlos hecho menos orgullosos, pero tampoco de que, si les daba tiempo para hacerlo, no podr\u00edan, excitados por este mismo Dumnacos, levantar la barra. cabeza. En este caso, Fabio tuvo la suerte de poder proceder, en la sumisi\u00f3n de las ciudades, con la m\u00e1s feliz prontitud. Los carnutes, que, aunque a menudo se han intentado, nunca hab\u00edan hablado de paz, entregan rehenes y se someten; las otras ciudades, ubicadas en los l\u00edmites de la Galia, bordeando el oc\u00e9ano, y que se llaman Arm\u00f3ricas, guiadas por el ejemplo de los Carnutes, cumplen sin demora, al acercarse Fabio y sus legiones, las condiciones impuestas. Dumnacos, expulsado de su pa\u00eds, tuvo que deambular y esconderse para buscar refugio en la parte m\u00e1s remota de la Galia.<\/p>\n\n\n\n<p>32. Pero Drapp\u00e8s y con \u00e9l Luct\u00e9rios, sabiendo que Caninius y sus legiones estaban muy unidos y sin duda se cre\u00edan perdidos si entraban en el territorio de la Provincia con un ej\u00e9rcito a la cola, adem\u00e1s de no tener ya la posibilidad de batir libremente el campo. cometiendo bandolerismo, det\u00e9ngase en la tierra de los Cadurques. Luct\u00e9rios hab\u00eda gozado all\u00ed antiguamente, antes de la derrota, de una gran influencia sobre sus conciudadanos, e incluso ahora su excitaci\u00f3n por la revuelta encontr\u00f3 en estos b\u00e1rbaros un gran cr\u00e9dito: ocupa con sus tropas y las de Drapp\u00e8s la ciudad de Uxellodunum. que hab\u00eda estado en su clientela; era un lugar notablemente defendido por la naturaleza; gan\u00f3 a los habitantes para su causa.<\/p>\n\n\n\n<p>33. Cayo Caninio lleg\u00f3 all\u00ed de inmediato; d\u00e1ndose cuenta de que por todos lados el lugar estaba defendido por escarpados pe\u00f1ascos, cuya escalada, aun en ausencia de alg\u00fan defensor, era dif\u00edcil para los hombres que llevaban las armas, viendo, en cambio, que hab\u00eda en la ciudad una gran cantidad de bagajes y que, si se intentaba escapar en secreto llev\u00e1ndolos, no era posible escapar no solo de la caballer\u00eda, sino de los propios legionarios, dividi\u00f3 sus cohortes en tres cuerpos y los estableci\u00f3 en tres campamentos colocados en alt\u00edsimas alturas puntos; a partir de all\u00ed, se propuso construir poco a poco, seg\u00fan le permit\u00edan sus fuerzas, un atrincheramiento que rodeaba el pueblo.<\/p>\n\n\n\n<p>34. Al ver esto, los que se encontraban en la ciudad, atormentados por el tr\u00e1gico recuerdo de Alesia, temieron un asedio del mismo tipo; Luct\u00e9rios, que hab\u00eda vivido esas horas, fue el primero en recordar que hab\u00eda que preocuparse por tener trigo; los jefes, por tanto, deciden, por unanimidad, dejar all\u00ed algunas tropas e ir ellos mismos, con soldados sin equipaje, a buscar trigo. El plan fue aprobado y la noche siguiente, dejando dos mil soldados en la plaza, Drapp\u00e8s y Luct\u00e9rios se llevaron a los dem\u00e1s. Se quedan s\u00f3lo unos d\u00edas y se llevan una gran cantidad de trigo en el territorio de los Cadurques, parte del cual quiso ayudarlos abasteci\u00e9ndolos, y la otra no pudo impedir que lo abastecieran; tambi\u00e9n realizan, m\u00e1s de una vez, expediciones nocturnas contra nuestros puestos. Por esta raz\u00f3n, Caninius no tiene prisa por rodear todo el lugar con una l\u00ednea fortificada; puestos, ten\u00edan muy poco personal.<\/p>\n\n\n\n<p>35. Despu\u00e9s de haber hecho un amplio abastecimiento de trigo, Drapp\u00e8s y Luct\u00e9rios se establecieron en un lugar que no estaba a m\u00e1s de diez millas del lugar, y desde donde ten\u00edan la intenci\u00f3n de pasar el trigo all\u00ed poco a poco. Se reparten la tarea: Drapp\u00e8s permanece en el campamento, para asegurar la guardia, con parte de las tropas, Luct\u00e9rios lidera el convoy hacia la ciudad. Llegado a las afueras de la plaza, cuenta con puestos de protecci\u00f3n y, hacia las d\u00e9cimas de la noche, comienza a introducir el trigo atravesando el bosque por senderos estrechos. Mais les veilleurs du camp entendent le bruit de cette troupe en marche, on envoie des \u00e9claireurs qui rapportent ce qui se passe, et Caninius, promptement, avec les cohortes qui \u00e9taient sous les armes dans les postes voisins, charge les pourvoyeurs aux premi\u00e8res lueurs du d\u00eda. Estos \u00faltimos, sorprendidos, se asustan y huyen por todos lados hacia las tropas de protecci\u00f3n en cuanto nuestro pueblo los ve, la vista de hombres armados aumenta a\u00fan m\u00e1s su ardor, y no toman un solo prisionero. Luct\u00e9rios logra escapar con un pu\u00f1ado de hombres, pero no regresa al campamento.<\/p>\n\n\n\n<p>36. Despu\u00e9s de esta feliz operaci\u00f3n, Caninius se entera a trav\u00e9s de los prisioneros que parte de las tropas permanecieron con Drapp\u00e8s en un campo que est\u00e1 a no m\u00e1s de doce millas de distancia. Habiendo constatado este hecho por un gran n\u00famero de testimonios, vio claramente que, dado que uno de los dos jefes hab\u00eda sido puesto en fuga, ser\u00eda f\u00e1cil sorprender y aplastar a los que quedaran; pero tampoco ignoraba que ser\u00eda una gran suerte si ning\u00fan superviviente no hubiera regresado al campamento y no le hubiera tra\u00eddo a Drapp\u00e8s la noticia del desastre; sin embargo, como no ve\u00eda ning\u00fan riesgo en arriesgarse, envi\u00f3 a toda la caballer\u00eda e infanter\u00eda alemanas hacia el campamento enemigo, que eran sumamente \u00e1giles; \u00e9l mismo, despu\u00e9s de haber distribuido una legi\u00f3n en los tres campamentos, lleva al otro en equipo de combate. Llegados a poca distancia de los enemigos, los exploradores a los que se hab\u00eda hecho preceder le dicen que, seg\u00fan la pr\u00e1ctica habitual de los b\u00e1rbaros, abandonaron las alturas para establecer su campamento a orillas del r\u00edo; no obstante, los alemanes y los caballeros cayeron sobre ellos inesperadamente y se enzarzaron en combate. Armado con esta informaci\u00f3n, condujo a su legi\u00f3n all\u00ed en armas y se aline\u00f3 para la batalla. Las tropas, a una se\u00f1al dada, apareciendo de todos lados, ocupan las alturas. Entonces, los alemanes y los jinetes, al ver las insignias de la legi\u00f3n, redoblaron su ardor. Sin detenerse, las cohortes, de todos lados, se apresuraron: todos los enemigos fueron asesinados o apresados, y se hizo un gran bot\u00edn. El propio Drapp\u00e8s es hecho prisionero durante la acci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>37. Caninius, despu\u00e9s de este asunto tan felizmente conducido, sin que \u00e9l apenas hubiera herido, vuelve a sitiar al pueblo de Uxellodunum y, ahora, librado del enemigo externo, cuyo miedo hasta entonces le hab\u00eda impedido dispersar sus tropas. Invertir el lugar, orden\u00f3 que se trabaje por todas partes en la fortificaci\u00f3n. La\u00efus Fabius llega al d\u00eda siguiente con sus tropas y se hace cargo de un sector de inversiones.<\/p>\n\n\n\n<p>38. Sin embargo, C\u00e9sar deja a su cuestor Marco Antonio con quince cohortes entre los Bellovaci, de modo que los belgas no pueden volver a formar planes para la revuelta. \u00c9l mismo va a otros pueblos, hace que se entreguen nuevos rehenes, trae ideas saludables a las mentes que fueron presa del miedo. Llegaron a los Carnutes, de los que C\u00e9sar cont\u00f3 en el comentario anterior c\u00f3mo hab\u00eda comenzado la guerra en su ciudad, al ver que sus alarmas eran particularmente agudas, porque eran conscientes de la gravedad de su culpa, con el fin de liberar m\u00e1s r\u00e1pidamente a toda la poblaci\u00f3n. , pide que se le entregue, para castigarlo, Gutuater, principal culpable y autor responsable de la guerra. Aunque el personaje ya no confiaba ni siquiera en sus propios conciudadanos, sin embargo, cada uno de ellos se esforz\u00f3 por buscarlo, lo llevaron r\u00e1pidamente al campamento. C\u00e9sar, a pesar de su indulgencia natural, se vio obligado a entregarlo a ejecuci\u00f3n por los soldados que hab\u00edan acudido en masa: culparon de todos los peligros incurridos, de todos los males sufridos durante la guerra, y primero hubo que golpearlo con varas hasta que fuera inconsciente, antes de que el hacha lo rematara.<\/p>\n\n\n\n<p>39. C\u00e9sar estaba con los Carnutes cuando recibi\u00f3 varias cartas de Caninius en r\u00e1pida sucesi\u00f3n inform\u00e1ndole de lo que se hab\u00eda hecho con Drappes y Luct\u00e9rios, y de la resistencia a la que persistieron los habitantes de Uxellodunum. Aunque su reducido n\u00famero le pareci\u00f3 despreciable, consider\u00f3 sin embargo que era necesario castigar severamente su terquedad, para que el conjunto de los galos no llegara a imaginar que lo que les hab\u00eda faltado para plantar cara a los romanos, no era la fuerza. , pero constancia, y para evitar que las dem\u00e1s ciudades, ajust\u00e1ndose a este ejemplo, pretendan liberarse aprovechando posiciones ventajosas: para toda la Galia, no lo ignoraba, sab\u00eda que s\u00f3lo dispon\u00eda de un verano para gastar en su provincia, y si pudieran resistir durante ese tiempo, entonces no tendr\u00edan nada m\u00e1s que temer. Por lo tanto, dej\u00f3 a su legado Quinto Calenus, al frente de dos legiones, con \u00f3rdenes de seguirlo en las etapas normales; en cuanto a \u00e9l, con toda la caballer\u00eda, se unir\u00e1 a Caninius mediante marchas forzadas.<\/p>\n\n\n\n<p>40. Su llegada a Uxellodunum sorprendi\u00f3 a todos; cuando vio que las obras de fortificaci\u00f3n rodeaban completamente la plaza, juzg\u00f3 que sin costo alguno se pod\u00eda levantar el asedio; y como los desertores le hab\u00edan ense\u00f1ado que los sitiados ten\u00edan abundantes provisiones de trigo, quiso intentar privarlos de agua. Un r\u00edo flu\u00eda por el medio de un valle profundo que rodeaba casi por completo la monta\u00f1a en la que se posaba Uxellodunum. Para desviar el r\u00edo, el suelo no se prestaba a \u00e9l: flu\u00eda, de hecho, al pie de la monta\u00f1a en la parte m\u00e1s baja, de modo que en ning\u00fan lugar no se pod\u00edan cavar zanjas de desv\u00edo. Pero los sitiados s\u00f3lo tuvieron acceso a ella por un dif\u00edcil y abrupto descenso: mientras nuestro pueblo defendiera el acercamiento, no pudieron acercarse al r\u00edo, ni subir, para regresar, la empinada cuesta, sin exponerse a golpes y riesgos. muerte. D\u00e1ndose cuenta de estas dificultades con las que se encontraba el enemigo, C\u00e9sar coloc\u00f3 arqueros y honderos, incluso coloc\u00f3 artiller\u00eda en ciertos puntos frente a las pendientes m\u00e1s c\u00f3modas, y as\u00ed impidi\u00f3 que los sitiados fueran a sacar agua del r\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>41. Entonces todos empezaron a venir a buscar agua en un lugar, al pie mismo de la muralla de la ciudad, de donde brotaba un abundante manantial, por el lado que quedaba abierto, en una longitud de unos trescientos pies, el circuito del r\u00edo. Todos deseaban que fuera posible impedir que los sitiados accedieran a esta fuente, pero C\u00e9sar solo vio los medios, se comprometi\u00f3 a hacer, de cara a la fuente, empujar chimeneas por la pendiente y construir un terrapl\u00e9n a costa de arduo trabajo y continuas escaramuzas. Los sitiados, en efecto, descendiendo a paso acelerado desde su posici\u00f3n que dominaba la nuestra, pelean desde lejos sin tener nada que temer y hiriendo a un gran n\u00famero de nuestros hombres que persisten en avanzar; sin embargo, esto no impide que nuestros soldados avancen los mantelets y, a fuerza de fatiga y trabajo, superen las dificultades del terreno. Al mismo tiempo, cavan conductos subterr\u00e1neos en direcci\u00f3n a las corrientes de agua y la fuente donde desembocan; este tipo de trabajo podr\u00eda realizarse sin peligro y sin que el enemigo lo sospechara. Construimos un movimiento de tierras de sesenta metros de altura, instalamos una torre de diez pisos, que probablemente no llegaba a la altura de los muros (no hubo obra que permitiera obtener este resultado), pero que, al menos, dominaba el lugar donde se encontraba el naci\u00f3 la primavera. Desde lo alto de esta torre, la artiller\u00eda lanzaba proyectiles sobre el punto por el que se acercaba, y los sitiados no pod\u00edan venir a buscar agua sin arriesgar la vida para que no solo el ganado y las bestias de carga, sino a\u00fan la numerosa poblaci\u00f3n de la ciudad sufr\u00eda de sed.<\/p>\n\n\n\n<p>42. Una amenaza tan grave alarma a los sitiados, que, llenando barriles con sebo de brea y finas tablillas de madera, los hacen rodar en llamas sobre nuestras obras. Al mismo tiempo, entablan una lucha muy viva, de modo que los romanos, ocupados en una lucha peligrosa, no pueden pensar en apagar el fuego. Un violento incendio estall\u00f3 de repente en medio de nuestras obras. En efecto, todos los que hab\u00edan sido arrojados por la pendiente, detenidos por los manteles y por la terraza, prendieron fuego a estos mismos obst\u00e1culos. Sin embargo, nuestros soldados, a pesar de las dificultades creadas por un combate tan peligroso y la desventaja del puesto, enfrentaron todo con la mayor valent\u00eda. La acci\u00f3n, de hecho, se estaba desarrollando en una altura, a la vista de nuestro ej\u00e9rcito, y desde ambos lados lanzamos fuertes gritos. Entonces cada uno se expuso a las facciones de los enemigos ya las llamas con tanto m\u00e1s atrevimiento cuanto m\u00e1s reputaci\u00f3n ten\u00eda, viendo all\u00ed un mayen que su valor era m\u00e1s conocido y mejor atestiguado.<\/p>\n\n\n\n<p>43. C\u00e9sar, viendo que gran parte de sus hombres estaban heridos, ordena a las cohortes que asalten la monta\u00f1a por todos lados y griten por todas partes para que parezca que est\u00e1n ocupando las murallas. As\u00ed lo hacemos, y los sitiados, muy alarmados, pues no sab\u00edan qu\u00e9 suponer de lo que pasaba en otros lugares, recordamos a los soldados que asaltaron nuestras obras y los esparcieron por la muralla. As\u00ed termina la lucha y nuestros hombres se apresuran a apagar el fuego o compartirlo. La resistencia de los sitiados prosigui\u00f3, obstinada, y aunque gran parte de ellos murieron de sed, al final no se rindieron, los arroyos que alimentaban la fuente fueron cortados por nuestros canales subterr\u00e1neos y desviados de su curso. Entonces la fuente, que nunca se sec\u00f3, se sec\u00f3 repentinamente, y los sitiados se sintieron de repente tan irreparablemente perdidos que vieron all\u00ed el efecto no de la laboriosidad humana, sino de la voluntad divina. Entonces, cediendo a la necesidad, se rindieron.<\/p>\n\n\n\n<p>44. C\u00e9sar sab\u00eda que su bondad era conocida de todos y no ten\u00eda por qu\u00e9 temer que un acto de rigor se explicara por la crueldad de su car\u00e1cter; como, por otro lado, no ve\u00eda cumplidos sus designios, si otros, en diversas partes de la Galia, se embarcaban en empresas similares, consider\u00f3 que deb\u00edan ser desviados con un castigo ejemplar. Como resultado, le cortaron las manos a todos los que hab\u00edan llevado armas y les salvaron la vida, por lo que ser\u00eda mejor saber c\u00f3mo castig\u00f3 a los rebeldes. Drapp\u00e8s, que, como he dicho, hab\u00eda sido hecho prisionero por Caninius, bien porque no pod\u00eda soportar la humillaci\u00f3n de estar encadenado, bien porque tem\u00eda los tormentos de una cruel tortura, se abstuvo unos d\u00edas de comer y pas\u00f3 hambre. a muerte. Al mismo tiempo, Luct\u00e9rios, de quien inform\u00e9 que hab\u00eda podido escapar de la batalla, hab\u00eda venido a ponerse en manos de los Arverne Epasnactos: cambiaba, efectivamente, a menudo de residencia, y no confiaba en s\u00ed mismo. no mucho tiempo al mismo anfitri\u00f3n, porque, sabiendo cu\u00e1nto deb\u00eda odiarlo C\u00e9sar, consideraba peligrosa cualquier estancia de cualquier duraci\u00f3n: el Arverne Epasnactos, que era un gran amigo del pueblo romano, sin ninguna vacilaci\u00f3n lo hizo cargar con cadenas y traer \u00e9l a C\u00e9sar.<\/p>\n\n\n\n<p>45. Sin embargo Labieno, entre los Trevira, libr\u00f3 una feliz batalla de caballer\u00eda: mat\u00f3 a muchas personas, as\u00ed como los alemanes, que se negaron a cualquier pueblo de ayuda contra los romanos, toman con vida a sus l\u00edderes, y entre ellos a los &#039;H\u00e9duen Suros, un hombre cuyo valor era famoso y cuyo nacimiento fue ilustre, y que, solo entre los H\u00e9duens, a\u00fan no hab\u00eda depuesto las armas.<\/p>\n\n\n\n<p>46. Ante esta noticia, C\u00e9sar, que vio que en todas partes de la Galia la situaci\u00f3n le era favorable y juzg\u00f3 que la Galia propiamente dicha hab\u00eda sido, por las campa\u00f1as de los a\u00f1os precedentes, completamente conquistada y sometida, que, por otra parte, No hab\u00eda estado nunca en Aquitania, sino que solo hab\u00eda obtenido all\u00ed, gracias a Publio Craso, una victoria parcial, parti\u00f3, al frente de dos legiones, por esta parte de la Galia, con la intenci\u00f3n de emplear el final de la temporada. . Esta expedici\u00f3n, como las dem\u00e1s, se llev\u00f3 a cabo con rapidez y \u00e9xito; todas las ciudades de Aquitania le enviaron diputados y le dieron rehenes. Despu\u00e9s de eso, parti\u00f3 hacia Narbona con una escolta de caballeros, dejando a sus legados el cuidado de poner al ej\u00e9rcito en cuarteles de invierno: estableci\u00f3 cuatro legiones entre los belgas, bajo las \u00f3rdenes de los legados Marco Antonio, Cayo Trebonio y Publio Vatinio; dos fueron llevados a los Heduan, de quienes sab\u00eda que pose\u00edan la influencia m\u00e1s considerable sobre toda la Galia; otros dos, entre los Turon, en la frontera de los Carnutes, deb\u00edan mantener a toda la regi\u00f3n en obediencia hasta el oc\u00e9ano; los dos \u00faltimos fueron colocados con los lemovicios, no lejos de Arvernes, de modo que ninguna parte de la Galia qued\u00f3 vac\u00eda de tropas. Solo permaneci\u00f3 unos d\u00edas en la Provincia: visit\u00f3 r\u00e1pidamente todos los centros de audiencia, juzg\u00f3 los conflictos pol\u00edticos, premi\u00f3 los servicios prestados, de hecho, fue muy f\u00e1cil para \u00e9l darse cuenta de los sentimientos de cada uno hacia Roma durante la general. levantamiento en la Galia, que la fidelidad y la ayuda de dicha Provincia le hab\u00edan permitido resistir. Cuando termin\u00f3, regres\u00f3 a sus legiones en B\u00e9lgica e pas\u00f3 el invierno en Nemetocenna.<\/p>\n\n\n\n<p>47. All\u00ed se entera de que Commios l&#039;Atrebate ha dado batalla a su caballer\u00eda. Antoine hab\u00eda llegado a sus cuarteles de invierno y los Atrebates estaban tranquilos; pero Commios, desde la herida de la que habl\u00e9 anteriormente, estaba incesantemente a disposici\u00f3n de sus conciudadanos para todo tipo de problemas, dispuesto a proporcionar a los que quer\u00edan la guerra un agitador y un l\u00edder mientras su ciudad obedec\u00eda a los romanos, se comprometi\u00f3, con su caballer\u00eda, en los actos de bandolerismo en los que \u00e9l y su banda viv\u00edan, infestando las carreteras e interceptando una serie de convoyes destinados a los cuarteles invernales de los romanos.<\/p>\n\n\n\n<p>48. Antoine ten\u00eda bajo sus \u00f3rdenes como prefecto de la caballer\u00eda a Caius Volus\u00e9nus Quadratus que iba a pasar el invierno con \u00e9l. Lo env\u00eda en persecuci\u00f3n de los jinetes enemigos. Volusenus, adem\u00e1s de ser un hombre de valor excepcional, odiaba a Commios: por eso obedeci\u00f3 con alegr\u00eda. Habiendo organizado emboscadas, atacaba frecuentemente a sus jinetes, y siempre con \u00e9xito. Al final, durante un enfrentamiento m\u00e1s animado que los dem\u00e1s, Volus\u00e9nus, llevado por el deseo de apoderarse de la persona de Commios, se decidi\u00f3 a perseguirlo con un peque\u00f1o grupo, y \u00e9l, huyendo a toda costa. Brida, hab\u00eda arrastrado a Volusenus. a buena distancia, cuando de pronto Commios, que lo odiaba, apel\u00f3 al honor de sus compa\u00f1eros, les pidi\u00f3 que lo ayudaran, que no dejara sin venganza las heridas que le deb\u00eda por el enga\u00f1o de este hombre, y, girando las riendas, separa \u00e9l mismo de los dem\u00e1s, audazmente, para correr hacia el prefecto. Todos sus jinetes lo imitan, voltean a nuestros hombres, que no estaban en la fuerza, y los persiguen. Commios espuela furiosamente a su caballo, lo empuja contra el de Quadratus y, arroj\u00e1ndose sobre su enemigo, lo lanza hacia adelante, con gran violencia, le atraviesa el muslo. Cuando ven a su prefecto golpeado, los nuestros no lo dudan: dejan de huir y, volviendo sus caballos contra el enemigo, lo empujan hacia atr\u00e1s. Entonces un gran n\u00famero de enemigos, empujados por la violencia de nuestra carga, son heridos, y algunos son pisoteados por caballos en su persecuci\u00f3n, mientras que otros son hechos prisioneros; su l\u00edder, gracias a la velocidad de su montura, evit\u00f3 esta desgracia; as\u00ed, fue una victoria pero el prefecto, gravemente herido por Commios y apareciendo en peligro de muerte, fue devuelto al campo. Sin embargo, Commios, ya sea porque hab\u00eda satisfecho su rencor, o porque hab\u00eda perdido a la mayor parte de su familia, env\u00eda diputados a Antoine y promete, bajo fianza de rehenes, tener la estad\u00eda que \u00e9l prescribe, solo pide una cosa para hacer lo que \u00e9l \u00f3rdenes, que es evitarle el miedo impidi\u00e9ndole aparecer delante de un romano. Antoine, al juzgar que su solicitud estaba inspirada en un miedo leg\u00edtimo, lo accedi\u00f3 y recibi\u00f3 a sus rehenes.<\/p>\n\n\n\n<p>49. C\u00e9sar, al pasar el invierno en B\u00e9lgica, no ten\u00eda otro objetivo que mantener las ciudades de nuestra alianza, para evitar darles a cualquiera de ellas esperanza o pretexto para la guerra. Nada, en efecto, le parec\u00eda menos deseable que verse obligado a entrar en una guerra, cuando dej\u00f3 el cargo, y dejar atr\u00e1s, cuando tuvo que tomar su ej\u00e9rcito, una guerra en la que toda la Galia, sin nada que hacer. miedo por el momento, se lanzar\u00eda gustoso. Adem\u00e1s, al tratar a las ciudades con honor, al recompensar ampliamente a los principales ciudadanos, al evitar imponer nuevos cargos, mantuvo f\u00e1cilmente la paz en la Galia que tantas derrotas hab\u00edan agotado y a quien suaviz\u00f3 la obediencia.<\/p>\n\n\n\n<p>50. Parti\u00f3 contra su costumbre, termin\u00f3 el invierno, y forzando las etapas, a Italia, para hablar con los municipios y las cohnies a quienes hab\u00eda recomendado a su cuestor Marco Antonio, candidato al sacerdocio. Lo apoy\u00f3, de hecho, con todo su m\u00e9rito, porque estaba feliz de servir a un amigo cercano al que acababa de autorizar a pasar a actuar como candidato, pero tambi\u00e9n porque estaba ansioso por combatir las intrigas de una poderosa minor\u00eda. que quer\u00eda, al hacer que Antoine fracasara, arruinar el cr\u00e9dito de C\u00e9sar cuando dej\u00f3 el cargo. Aunque en el camino se enter\u00f3, antes de llegar a Italia, de que Antoine hab\u00eda sido nombrado augur, consider\u00f3 sin embargo que no ten\u00eda menos motivos para visitar los municipios y las colonias, para agradecerles sus numerosos y \u00e1vidos votos por Antonio. , y tambi\u00e9n para recomendar su propia candidatura para las elecciones del a\u00f1o siguiente: sus adversarios, de hecho, triunfaron insolentemente sobre el \u00e9xito de Lucio L\u00e9ntulo y Cayo Marcelo quienes, nombrados c\u00f3nsules, propusieron despojar a C\u00e9sar de todo cargo, de toda dignidad, y del fracaso de Servio Galba que, aunque era mucho m\u00e1s popular y hab\u00eda obtenido muchos m\u00e1s votos, se hab\u00eda frustrado del consulado porque era amigo de C\u00e9sar y hab\u00eda sido sus legados.<\/p>\n\n\n\n<p>51. La llegada de C\u00e9sar fue recibida por todos los municipios y colonias con incre\u00edbles expresiones de respeto y cari\u00f1o. De hecho, era la primera vez que ven\u00eda all\u00ed desde el gran levantamiento general en la Galia. Nada se descuid\u00f3 de todo lo que se pudiera imaginar para decorar las puertas, los caminos, todos los lugares por donde tuvo que pasar C\u00e9sar. Toda la poblaci\u00f3n, con los ni\u00f1os, sali\u00f3 a su encuentro, se sacrificaron v\u00edctimas por todas partes, las plazas y templos, donde se hab\u00edan dispuesto las mesas, fueron arrasados: pudimos saborear de antemano las alegr\u00edas de un triunfo tan esperado. Tal fue la magnificencia de los ricos y el entusiasmo de los pobres.<\/p>\n\n\n\n<p>52. Despu\u00e9s de haber atravesado todas las partes de la Galia cisalpina, C\u00e9sar regres\u00f3 con la mayor prontitud a sus tropas en Nemetocenna: despu\u00e9s de haber enviado a las legiones, en todos los cuarteles de invierno, la orden de avanzar hacia el territorio de los Trevires, se dirigi\u00f3 all\u00ed. \u00e9l mismo y revis\u00f3 su ej\u00e9rcito. Le dio a Titus Labi\u00e9nus el mando de los cisalpinos, de modo que su candidatura al consulado fue bien apoyada en este pa\u00eds. En cuanto a \u00e9l, s\u00f3lo se movi\u00f3 mientras lo considerara \u00fatil, para la higiene de la tropa, para cambiar de acantonamiento. Le llegaron numerosos rumores sobre las intrigas de sus enemigos con Labieno, y se le inform\u00f3 que, bajo la inspiraci\u00f3n de unos pocos, pretend\u00edan provocar una intervenci\u00f3n del Senado para despojarlo de parte de sus tropas; sin embargo, nada pod\u00eda hacerle creer sobre Labieno, ni hacerle emprender nada contra la autoridad del Senado. Pensaba, de hecho, que si los senadores votaban libremente, f\u00e1cilmente obtendr\u00eda justicia. Layo Curi\u00f3n, tribuno de la plebe, que se hab\u00eda hecho defensor de C\u00e9sar y de su dignidad amenazada, hab\u00eda hecho varias veces ante el Senado el siguiente compromiso si el poder militar de C\u00e9sar preocupaba a alguien, y puesto que, en cambio, el El poder absoluto y los armamentos de Pompeyo despertaron en los ciudadanos temores que no fueron mediocres, propuso que tanto desarmar como desarmar a sus tropas a la vez, la rep\u00fablica recuperar\u00eda la libertad y la independencia. No se limit\u00f3 a este compromiso, sino que incluso tom\u00f3 la iniciativa de provocar una votaci\u00f3n en el Senado; los c\u00f3nsules y amigos de Pompeyo se opusieron, y en esta maniobra dilatoria la asamblea se disolvi\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>53. Este fue un testimonio importante de los sentimientos del Senado en su conjunto y que corrobor\u00f3 la lecci\u00f3n de un incidente anterior. Marco Marcelo, el a\u00f1o anterior, buscando derrocar a C\u00e9sar, hab\u00eda, en violaci\u00f3n de una ley de Pompeyo y Craso, tra\u00eddo a la agenda del Senado, antes de tiempo, la cuesti\u00f3n de las provincias del proc\u00f3nsul; Como, tras la discusi\u00f3n, someti\u00f3 su propuesta a votaci\u00f3n, Marcelo, que esperaba de sus ataques a C\u00e9sar la satisfacci\u00f3n de todas sus ambiciones pol\u00edticas, hab\u00eda visto al Senado en masa aceptar la opini\u00f3n contraria. Pero estos fracasos no desanimaron a los enemigos de C\u00e9sar: s\u00f3lo les advirtieron que deb\u00edan buscar medios de presi\u00f3n m\u00e1s contundentes, a trav\u00e9s de los cuales pudieran obligar al Senado a aprobar lo que solo ellos quisieran.<\/p>\n\n\n\n<p>54. Entonces, un senatus-consulta decide que Cneo Pompeyo y Cayo C\u00e9sar deben enviar cada uno una legi\u00f3n para la guerra de los partos; pero est\u00e1 bastante claro que tomamos dos de lo mismo. En efecto, Cneo Pompeyo dio, como proveniente de su contingente, la primera legi\u00f3n, que hab\u00eda enviado a C\u00e9sar despu\u00e9s de haberla levantado en la provincia del propio C\u00e9sar. Este \u00faltimo, sin embargo, aunque las intenciones de sus adversarios eran indudables, envi\u00f3 la legi\u00f3n de regreso a Pompeyo y entreg\u00f3 en su nombre, en ejecuci\u00f3n del senatus-consultum, el decimoquinto, que estaba en Citerieure Galia. En su lugar, envi\u00f3 al decimotercero a Italia, para mantener guarnici\u00f3n en los puestos que \u00e9ste estaba evacuando. Tambi\u00e9n asign\u00f3 cuarteles de invierno a su ej\u00e9rcito: La\u00efus Trebonius fue colocado en B\u00e9lgica con cuatro legiones; La\u00efus Fabius es enviado con los mismos n\u00fameros a los H\u00e9duens. Consider\u00f3, de hecho, que la mejor manera de asegurar la tranquilidad de la Galia era contener a los belgas, que eran los m\u00e1s valientes, y a los heduos, que ten\u00edan m\u00e1s influencia, mediante la presencia de tropas. Luego se fue al italiano.<\/p>\n\n\n\n<p>55. A su llegada, se entera de que las dos legiones que hab\u00eda enviado de regreso y que, seg\u00fan el senatus-consulte, estaban destinadas a la guerra de los partos, el c\u00f3nsul Cayo Marcelo las hab\u00eda entregado a Pompeyo, y que fueron entregadas a Pompeyo, los mantuvo en Italia. Despu\u00e9s de eso, nadie pudo dudar m\u00e1s de lo que estaba sucediendo contra C\u00e9sar; Este \u00faltimo, sin embargo, resolvi\u00f3 sufrirlo todo, siempre y cuando quedara alguna esperanza de obtener una soluci\u00f3n legal al conflicto en lugar de recurrir a las armas. 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